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Cigarrillo electrónico
Rodrigo Córdoba García
Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria
GdT Abordaje del Tabaquismo de la semFYC
CS Delicias Sur. Zaragoza
Concepción Sanz Andrés
Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria
CS Bombarda-Monsalud. Zaragoza
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Puntos clave

  • El cigarrillo electrónico (e-cig) es un dispositivo con forma de cigarrillo convencional que libera determinadas dosis de vapores de nicotina a través de un proceso de calentamiento electrónico.
  • Los cartuchos de nicotina tienen mucha variabilidad en la cantidad de nicotina liberada, incluso entre los de la misma marca.
  • El e-cig contiene habitualmente propelentes como el dietilenglicol. No todas las marcas admiten que contienen nicotina.
  • Muchas marcas contienen nitrosaminas y trazas de aditivos que se encuentran en los cigarrillos convencionales.
  • El vapor del cigarrillo electrónico contiene sustancias toxicas y nocivas para la salud, por lo que no debería utilizarse en espacios públicos cerrados.
  • Actualmente no se dispone de evidencia científica de que sea un dispositivo eficaz para dejar de fumar.
  • Puede tener un efecto indeseable al promover el inicio del consumo o retener a fumadores en el consumo de nicotina.

¿Qué son los cigarrillos electrónicos?

Estos productos emergieron en China en 2006 y se fueron extendiendo por todo el mundo entre 2008 y 2009. En España, durante 2013, se han abierto una serie de comercios especializados en e-cigs en las principales ciudades del país. El e-cig es un dispositivo en forma de cigarrillo convencional que libera determinadas dosis de nicotina sin mediar combustión, sino a través de un proceso de calentamiento electrónico1. Actualmente este dispositivo se clasifica dentro de los dispositivos electrónicos de liberación de nicotina (ENDS en inglés). Su estructura más habitual se muestra en la figura 1, pero pueden adquirir diversas formas desde un cilindro del tamaño de un cigarro puro hasta un pendrive. Un sector de los usuarios gustan de llamarse «vapeadores» (vapers) en vez de fumadores, aunque el vapor que emite el dispositivo dista mucho de ser inocuo. La nicotina se inhala en las vías aéreas directamente, por lo que su potencial de reforzar la adicción es elevado. Los cartuchos de nicotina tienen mucha variabilidad en la cantidad de nicotina liberada, incluso entre los de la misma marca. Existe un intenso debate sobre su utilidad en la reducción del daño, favorecido por el marketing, pero que ha contagiado a la comunidad científica. Algo parecido pasó hace años con los cigarrillos con filtro o los pobres en nicotina (mal llamados light), que se promocionaban como menos nocivos, y que se demostró que tenían el mismo riesgo o más que los ricos en nicotina, especialmente cuando los fumadores consumían más cigarrillos por el efecto de la compensación nicotínica2.

 

¿Son seguros los cigarrillos electrónicos?

No todas las marcas admiten que contienen nicotina, pero los análisis independientes muestran que la mayoría contiene dosis variables de esta droga. El estudio de la Agencia de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos ha revelado que la cantidad de nicotina viene determinada por la carga de los cartuchos que se utilicen, o la concentración del líquido con que sean recargados (por lo general, entre 0 y 36 mcg por calada de 100 ml de vapor). Es decir, hay e-cigs sin nicotina, según el fabricante, en los que se ha detectado su presencia. Si las cantidades de nicotina son demasiado bajas, no ayudarán a dejar de fumar, y si son demasiado altas, serán tóxicas. La cantidad total de nicotina por cartucho oscila entre 6 y 24 mg, pero en algún caso la dosis total alcanzó los 100 mg, lo cual equivale a unos 100 cigarrillos. Hay que tener en cuenta que la dosis letal de nicotina oscila entre 0,5 y 1 mg de nicotina por kg de peso, por lo que un niño de 30 kilo podría morir si ingiriese accidentalmente el contenido de un solo cartucho. Algunas marcas liberan más del doble de nicotina que un inhalador de nicotina farmacológica aprobado por la FDA, pero lo más habitual es que las dosis liberadas sean bajas.

 

El vapor del cigarrillo electrónico contiene sustancias tóxicas y nocivas para la salud, habitualmente propelentes como el dietilenglicol (se usa como anticongelante en los coches), aunque cada vez se utiliza más el propilenglicol3. Un estudio de la Junta de Andalucía publicado en prensa detectó dietilenglicol en el 42% de las marcas analizadas. Algunas marcas liberaban cantidades detectables de N-nitrosaminas, cancerígeno que también se encuentra en el humo de los cigarrillos. Muchas marcas contienen dosis de glicerina y trazas de diversos aditivos del tabaco. Se han detectado casos de neumonía lipoide exógena por inhalación de glicerina, y casos de fibrosis pulmonar, lo que  indica la peligrosidad de inhalar ciertos productos aparentemente inocuos4. Otros productos hallados en las investigaciones han sido anabasina, miosmina y b-nicotirina. Muchos de estos productos son cancerígenos y peligrosos para la especie humana si se usan durante años.

 

Diversas marcas contienen saborizantes atractivos para los jóvenes, como chocolate, café o menta.

 

¿Son los e-cigs un método eficaz para dejar de fumar?

La eficacia de los e-cigs para dejar de fumar no ha sido demostrada científicamente. El último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de julio de 2013, recuerda que no hay evidencia científica consistente para apoyar el uso terapéutico de estos productos. Básicamente, la OMS comenta que se desconoce si el mecanismo mediante el cual se produce la inhalación pulmonar de nicotina a través de e-cigs puede ayudar a vencer la adicción o, por el contrario, puede ayudar a mantenerla o iniciarla entre los menores5. Por otra parte, la OMS ha prohibido expresamente a los fabricantes que anuncien este producto como una forma de tratamiento del tabaquismo. Por su parte, la FDA estadounidense no considera estos productos como válidos para ayudar a dejar de fumar. Varios investigadores han señalado que las noticias de que estos cigarrillos reducen el riesgo, como informan algunas marcas, pueden tener el efecto adverso de impedir el cese definitivo del consumo de tabaco o animar a los más jóvenes y a los ex fumadores a probar estos nuevos productos al verse atraídos por los sabores y la falsa imagen de seguridad. En Estados Unidos, un estudio reveló que un 25% de las personas fumadoras que pensaban dejar de fumar creían que estos productos tienen menos riesgo que los cigarrillos convencionales y estaban reconsiderando su decisión6. Una encuesta del Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC, en inglés) revela un alarmante incremento de jóvenes que consume e-cigs. La cifra de estudiantes que probaron los cigarrillos electrónicos entre 2011 y 2012 fue de 1,8 millones. El porcentaje de jóvenes entre 11 y 18 años que los consume pasó del 1,1 al 2,1%. Se estimó que unos 160.000 estudiantes que no habían fumado nunca antes comenzaron a usar e-cigs en 20127.

 

Los defensores de los e-cigs se han basado en el concepto de reducción de daño, pero la visión individual de este concepto no coincide con la visión poblacional. La experiencia del snus (pasta de tabaco de absorción oral) en los países nórdicos nos enseña que, aunque el riesgo de su consumo en un individuo es menor que el de cigarrillos, a nivel poblacional la promoción de estos productos incorporaría nuevos adictos a la nicotina. Debe tenerse en cuenta que una promoción intensiva de estos productos puede minar las estrategias de eficacia demostrada en el control del tabaco. El Departamento de Salud de California prohíbe la publicidad y la promoción de estos productos como estrategia de reducción de daño. La evidencia para promocionar el e-cig como estrategia de salud pública es débil e inconsistente8. En todo el mundo están disponibles terapias de sustitución de nicotina (TSN) en varias formas: parches transdérmicos, chicles, pastillas, comprimidos sublinguales, inhaladores bucales, y aerosoles nasales. Todos estos productos han sido objeto de numerosos ensayos controlados aleatorios y han demostrado seguridad y eficacia. En la mayoría de los países, la TSN se ha aprobado para uso breve (12 semanas) para dejar de fumar, por lo que incluso los riesgos de la nicotina «limpia», libre de cancerígenos, se minimizan. Si el e-cig se incorpora en el futuro a este arsenal, deberá demostrar, al menos, lo mismo que estos productos. Un dato que hace dudar de su eficacia para dejar de fumar es que las compañías tabaqueras comercializan sus propios e-cigs y absorben empresas especializadas mientras siguen apostando fuertemente por el cigarrillo tradicional.

 

En los últimos dos años están apareciendo estudios que se plantean que la reducción de daños puede ser un objetivo terapéutico aceptable y para ello puede utilizarse el e-cig. Buena parte de estos estudios proceden de profesionales implicados en el negocio, por lo que hay que dudar de su independencia, intenciones y rigor científico al presentar conflicto de intereses. Un estudio on-line realizado en el Reino Unido, Australia, Canadá y Estados Unidos encontró una tasa de abandono de los cigarrillos del 31% después de 6 meses de usar el e-cig, pero 2 de cada 3 usuarios seguían inhalando nicotina después de ese periodo, por lo que solo un 10% se deshabituó completamente. La prevalencia del uso de los e-cigs fue más elevada entre los jóvenes, los fumadores que no fuman a diario, con una renta más alta y que percibían el e-cig como menos dañino que el tabaco9. Un estudio reciente observó que a los 6 meses habían dejado de fumar el 7,3% de los usuarios de los e-cigs y que este dato fue ligeramente mejor que los usuarios de parches. La muestra era insuficiente para determinar si las diferencias eran significativas y sus autores recomiendan más investigaciones10. Con la evidencia disponible, los profesionales de Atención Primaria no pueden demonizar este producto ni alentar su prohibición total, pero tampoco hay evidencia para recomendarlo de forma proactiva a los pacientes fumadores ni admitir su promoción en menores o su consumo en espacios públicos cerrados. La posición de equilibrio es recomendar la investigación de su eficacia y seguridad, y la regulación por las autoridades sanitarias antes de tomar una decisión sobre su uso médico. El objetivo de salud es romper la adicción a la nicotina, no aceptarla como un mal menor. Existen, por tanto, numerosas preguntas pendientes de responder acerca de los e-cigs y que se presentan en la tabla 1.

¿Cuál es la situación legal de los cigarrillos electrónicos?

Hasta ahora la situación legal en la Unión Europea (UE) era confusa y opaca porque los e-cigs no se han considerado un producto de tabaco y tampoco han pasado los filtros de los productos farmacéuticos, a pesar de que contienen nicotina, una droga adictiva11. Por una parte, la UE admite que no son un producto de tabaco, a pesar de que la mayoría contienen nicotina. Por otra parte, no se consideran medicamentos de prescripción médica y carecen de la evaluación y aprobación de la Agencia Europea del Medicamento. Finalmente, tampoco son un producto de consumo humano como un alimento y es competencia de los estados miembros exigir o no estudios previos de seguridad. España y otros nueve países de la UE no tienen ninguna regulación en estos momentos, y otros 11 países los consideran ya productos farmacéuticos y deben someterse a su regulación. En la tabla 2 se presentan las diferentes legislaciones en los estados miembros. Por consiguiente, los e-cigs se encuentran en España en un limbo legal, como cientos de productos que proceden de los países asiáticos y que se venden en cualquier comercio. Otro problema que pueden acarrear son conflictos y discusiones, si se consumen en lugares públicos cerrados donde no está permitido fumar. Para intentar armonizar esto, la UE aprobó, el 8 de octubre de 2013, una directiva sobre productos de tabaco en la que se acuerda que serán regulados como medicamentos, si afirman tener propiedades terapéuticas en la deshabituación y se prohibirá su publicidad. Sin embargo, la norma no entrará en vigor hasta finales de 2016.

La nicotina es un producto adictivo, por lo que debe estar regulada, y esto tiene un amplio consenso científico. «Regulada» significa que los e-cig se pueden vender y consumir privadamente, y que se conocen sus niveles de nicotina totales y la dosis por calada, los contenidos de otros productos que se inhalan a través de los pulmones en cada calada, los contenidos que se liberan al medio ambiente, la edad mínima de venta, etc. La mayoría de la comunidad científica no aprueba hoy por hoy el uso de los e-cig como dispositivo válido para dejar de fumar. Una revisión de la evidencia del Centro Cochrane que está ya en marcha podrá aportar más luz a la comunidad científica. En la tabla 3 se presentan las recomendaciones prácticas para los médicos de familia.

  

 

Lecturas recomendadas

Córdoba R, Nerín I. Strategies for reducing risks in smoking: opportunity or threat]. Arch Bronconeumol. 2009 Dec;45(12):611-6. doi: 10.1016/j.arbres.2009.07.003. Epub 2009 Sep 24. Review. 

Este artículo analiza las estrategias de reducción de riesgos en tabaco, considerando sus posibles ventajas y sus seguros riesgos; y contempla también la posibilidad de usar los e-cigs en esta estrategia.

Erbach G. Electronic cigarettes. Library briefing. Library of European Parliament, 27/03/2013.

Este artículo revisa la legislación de los estados miembros de la Unión Europea sobre los e-cigs, sus carencias, lagunas, contradicciones y omisiones. España figura dentro de los países que no han regulado este producto.

 

Bibliografía

  1. Wayne GF. Potential reduced exposure products (PREPs) in industry trial testimony. Tobacco Control. 2006;15(Suppl IV):iv90-iv97.
  2. Darall KG, Figins JA. The bloking of cigarette filter ventilation holes. Laboratory of the Government. Chemist Report. EH40M007/98.1998.
  3. FDA. Summary of Results: Laboratory Analysis of Electronic Cigarettes Conducted By FDA. [Internet]. [consultado 21 de septiembre de 2013]. Disponible en: http://www.fda.gov/newsevents/publichealthfocus/ucm173146.htm
  4. McCauley L, Markin C, Hosmer D. An unexpected consequence of electronic cigarette use. Chest. 2012;141(4):1110-3.
  5. WHO. Questions and answers on electronic cigarettes or electronic nicotine delivery systems (ENDS), Statement. WHO. Ginebra, 9 julio 2013.
  6. Córdoba R, Nerín I. Strategies for reducing risks in smoking: opportunity or threat]. Arch Bronconeumol. 2009 Dec;45(12):611-6. doi: 10.1016/j.arbres.2009.07.003. Epub 2009 Sep 24. Review
  7. Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Notes from the field: electronic cigarette use among middle and high school students - United States, 2011-2012. MMWR Morb Mortal Wkly Rep. 2013 Sep 6;62(35):729-30.
  8. Tomar SL. Epidemiologic perspectives on smokeless tobacco marketing and population harm. Am J Prev Med. 2007;33(6 Suppl):S387-S397.
  9. Siegel MB, Tanwar KL, Kathleen BA, Wood S. Electronic Cigarettes As a Smoking-Cessation Tool. Results from an Online Survey. Am J Prev Med. 2011;40(4):472-5.
  10. Bullen C, Howe C, Laugesen M, McRobbie H, Parag V, Williman J, Walker N. Electronic cigarettes for smoking cessation: a randomised controlled trial. Lancet. 2013 Sep 9. doi: pii: S0140-6736(13)61842-5. 10.1016/S0140-6736(13)61842-5.
  11. European Commission. Health & Consumer Protection Directorate-General. Electronic Cigarettes and the EC legislation. Orientation Note. Bruselas, 22 de mayo de 2008.
AMF 2013;9(11):1206 | ISSN (Papel):1699-9029 | ISSN (Internet):1885-2521