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Aquellas pequeñas cosas
Corte de digestión
Milagros Oyarzabal Arocena
Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria
Técnico superior de salud
UD Multiprofesional de Atención Familiar y Comunitaria de Alicante
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Puntos clave

  • El término «corte de digestión» no corresponde a ninguna entidad clínica reconocida.
  • Se refiere al síndrome de hidrocución, provocado por un shock termodiferencial. Se presenta más frecuentemente con temperaturas del agua inferiores a 27 °C o cuando existen al menos 5 °C de diferencia entre la temperatura del cuerpo y la del agua.
  • Existen otros factores predisponentes, como situaciones de pérdida de conocimiento previa, accidentes, consumo de alcohol y drogas.
  • Se produce una reacción vagal que puede presentar náuseas y/o vómitos hasta desencadenar un síncope.
  • Si la persona está sola dentro del agua, puede morir ahogada.
  • Puede prevenirse con medidas sencillas multifactoriales.
  • El consejo exclusivo de esperar 2 horas tras la ingesta no tiene evidencia conocida.
  • Las técnicas de drenaje de líquido no están indicadas.
  • Si la persona se encuentra en el agua y es rescatada, y se restablece la ventilación antes de que sufra un daño anóxico cerebral irreversible, la probabilidad de que la recuperación sea rápida y completa es elevada.
  • Todo ahogado precisa de control hospitalario.

 

El término «corte de digestión» es una expresión muy común, aceptado popularmente, pero que no está reconocido como entidad clínica.

 

Ciertamente todos los años hay gente que fallece por bañarse poco después de comer. Se trata realmente de una reacción vagal que se puede producir al sumergirse en el agua fría, provocando en el mejor de los casos mareos y vómitos y, en el peor, la pérdida de conocimiento, con el consiguiente peligro de que, si la persona se encuentra en el agua y no está acompañada, pueda sufrir un ahogamiento1.

 

El doctor G. Lartigue, médico militar francés, fue el primero en investigarlo (1953), denominándolo síndrome de hidrocución o shock termodiferencial2, que definió como el «golpe brutal del agua fría sobre el cuerpo humano».

 

Encontró que los accidentes mortales por el agua presentaban analogías clínicas con los provocados por la electricidad, creando las palabras hidrocución e hidrocutado («ejecución por el agua»), análogas a electrocución y electrocutado («ejecución por la electricidad»).

 

El peligro de shock termodiferencial se presenta más frecuentemente con temperaturas del agua inferiores a los 27 °C. El organismo precisa un esfuerzo considerable para mantener la temperatura del cuerpo a 37 °C, lo que se debe lograr en breves instantes, tanto más cuanto más fría sea la temperatura del agua. Si no lo consigue, se produce un descenso rápido de la temperatura corporal, seguido por una rápida retención de la respiración, provocada por un laringoespasmo reflejo, protector en principio contra la inundación del árbol traqueobronquial, que puede provocar un síncope situacional, de origen reflejo3.

 

Un laringoespasmo intenso provocará hipoxia, incluso convulsiones y muerte en ausencia de aspiración activa (ahogamiento seco).

 

La secuencia de acontecimientos del ahogamiento comienza con una inmersión inesperada en agua fría, provocándose una vasoconstricción periférica, con disminución de la frecuencia cardíaca para que el cerebro tenga un aporte preferencial de sangre oxigenada.

 

Esto permite permanecer más tiempo bajo el agua sin respirar, al disminuir el gasto energético, ya que economiza oxígeno mediante una ralentización de su distribución a los tejidos. Es el llamado reflejo de inmersión4.

 

El problema aparece cuando este reflejo ocurre de forma muy intensa (ya que es más fuerte cuanto mayor es la diferencia de temperatura entre el agua y nuestro cuerpo) o incluso cuando confluye con otros factores, como la digestión, el miedo, por la subsecuente reacción de pánico, o también cuando la temperatura de nuestro cuerpo esté elevada por haber tomado el sol o por haber realizado ejercicio intenso.

 

Por debajo de 30 °C cesa el escalofrío que intentaba generar calor, desciende el metabolismo basal y el consumo de oxígeno. Se observan focos ectópicos auriculares, fibrilación y flúter auricular, extrasístoles y taquicardia ventricular3,4.Se ha descrito que la inmersión en agua muy fría puede estimular una arritmia en pacientes con síndrome de QT largo2.

 

La fibrilación ventricular es frecuente por debajo de los 28 °C y la asistolia cardíaca con temperaturas centrales inferiores a 20 °C.

 

A medida que la temperatura central disminuye, se produce una depresión respiratoria refleja central. Por debajo de 30 °C la frecuencia respiratoria puede ser de una a dos por minuto.

 

Por otra parte, la persona sufrirá algún grado de hipotermia en función de la exposición, que puede ser un factor beneficioso contra la lesión cerebral durante la anoxia y la isquemia, porque la demanda cerebral de oxígeno a la temperatura corporal de 25 °C es, aproximadamente, el 30% la normal.

 

Por cada grado centígrado que disminuye la temperatura corporal, se reduce el flujo sanguíneo cerebral en un 6-7%. Entre 35-32 °C, la víctima puede estar confusa o estuporosa; entre 32-27 °C, puede responder a órdenes verbales, pero de forma incoherente, y por debajo de 27 °C, el 83% de los pacientes suelen estar comatosos, pero retienen la capacidad de responder a estímulos dolorosos intensos. Habitualmente, las pupilas están dilatadas por debajo de 30 °C.

 

Si la persona se encuentra en el agua y es rescatada, restableciéndose la ventilación antes de que sufra un daño anóxico cerebral irreversible, las probabilidades de que la recuperación sea rápida y completa son elevadas.

 

Epidemiología

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS)5,los ahogamientos son la tercera causa de muerte por traumatismo accidental en el mundo y suponen un 7% de todas las muertes relacionadas con traumatismos en general. Los grupos con mayor riesgo son los niños de menos de 4 años, los adultos jóvenes varones de 15 a 25 años y los ancianos.

 

Es posible que las estimaciones mundiales subestimen notablemente la magnitud real del problema de salud pública que suponen los ahogamientos.

 

Factores predisponentes

Hay que pensar siempre en la posibilidad de que la inmersión pueda ser secundaria5,6 ala existencia de patología previa por la que se pueda perder la conciencia, traumatismos previos al entrar en el agua, ingesta de alcohol o drogas, más frecuente en adolescentes, supervisión inadecuada en los niños, temperatura del agua inferior a 27 °C o hipertermia, ejercicios físicos violentos o el estado digestivo tras una ingesta copiosa (tabla 1).

 

¿Cómo prevenirlo?

¿Cuántas veces hemos escuchado o leído esta recomendación:«Espera 2 horas después de la comida antes de bañarte»?7, pero ¿en qué se basa?

 

Un grupo de profesionales de hospitales andaluces y de la Escuela Andaluza de Salud Pública realizaron un estudio descriptivo8 con el objetivo de identificar las evidencias científicas en que se basan los mensajes de salud en los libros de texto, clasificándolos en tres categorías según el nivel de evidencia: mensajes con nivel alto (A), medio (B) o bajo (C,D,E).

 

Reflejan que un 24,6% de los 844 mensajes analizados no tenían evidencia conocida (enunciados como «respirar por la nariz en lugar de por la boca evita resfriados» o «después de comer no nades, el proceso digestivo puede alterarse y puedes sufrir un corte de digestión»). Incluso dos de los mensajes eran contrarios a la evidencia.

 

Las medidas de prevención del «corte de digestión» que se exponen en la tabla 2 se aceptan dentro de las normas del sentido común, sin embargo no hay estudios que muestren que tengan algún grado de evidencia.

 

¿Cómo actuar?

Cuando uno piensa en alguien que está ahogándose lo imagina gritando, agitando los brazos, sin embargo, la respuesta de ahogamiento instintiva es silenciosa y se limita a movimientos sutiles9.

 

Una persona a punto de ahogarse es incapaz de mantener la boca fuera del agua lo suficiente como para respirar bien, es incapaz de gritar. Su cuerpo no puede realizar esfuerzos voluntarios como para llamar la atención. Las acciones involuntarias, operadas por el sistema nervioso autónomo, implican remar con los brazos para presionar hacia abajo el agua en el esfuerzo por elevar la boca el tiempo suficiente para respirar, y la inclinación de la cabeza hacia atrás. Esta reacción se produce en los últimos 20-60 segundos durante el ahogamiento y antes de hundirse bajo el agua.

 

Para un observador no entrenado, puede no ser evidente que una persona esté en peligro, porque la postura vertical, con los brazos extendidos lateralmente, golpeando y palmeando el agua suelen confundirse e incluso se puede creer que esté «jugando en el agua».

 

La gran variabilidad de circunstancias que rodean todo accidente de inmersión generalmente es desconoci-
da, por lo que se debe reanimar a todas las víctimas, ya que, debido al reflejo de inmersión, la ausencia de pulsos periféricos no tiene significado y solo el pulso carotídeo y la reacción pupilar indicarán el estado de la circulación central.

 

Por tanto, esta es una de las razones que obligan a una reanimación precoz y prolongada en cualquier ahogado, independientemente de su apariencia clínica2,9, a no ser que se sepa que ha estado sumergido más de 2 horas.

 

Ello demuestra que el axioma de Reuler, «ningún paciente hipotérmico debe considerarse muerto hasta que esté caliente y muerto», conserva plena vigencia.

 

Actuación prehospitalaria

La exploración inicial de la víctima en el lugar de los hechos tiene tres prioridades:

  • Valorar la vía aérea, la ventilación y la circulación.
  • Tratar la hipoxia.
  • Proteger la columna cervical.

 

El rescate debe realizarse moviendo al paciente lo menos posible y cuanto antes.

 

Nada es más importante para mejorar el pronóstico neurológico que rescatar a la víctima tan pronto como sea posible9.

 

El tratamiento debe empezar en el mismo escenario de los hechos. En cuanto se acceda al paciente en el lugar donde se produce el accidente, iniciar las respiraciones de rescate inmediatamente (respiración boca a boca mientras se está en el agua) o cuando sea posible aplicarlas con efectividad (masaje cardíaco fuera del agua) e inmovilización de la columna cervical.

 

Alrededor del 10% de las víctimas no aspiran agua debido al laringoespasmo, por lo que las técnicas de drenaje de líquido no están indicadas porque no son eficaces y pueden incluso resultar peligrosas, al aumentar el riesgo de aspirado y vómito, retrasando la aplicación de la ventilación y el masaje cardíaco9.

 

La ventilación es muy importante dentro de las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP), ya que todas las víctimas presentan hipoxemia. Si es posible, debe realizarse con oxígeno suplementario.

 

El masaje cardíaco debe iniciarse si el paciente no presenta pulso.

 

La utilidad de la compresión abdominal subdiafragmática (maniobra de Heimlich) en las víctimas de ahogamien-
to no ha sido probada de manera científica y no se ha comprobado su relación riesgo-beneficio. Por tanto, solo debe usarse si el reanimador sospecha que un cuerpo extraño puede estar obstruyendo la vía respiratoria, si la víctima no responde de manera adecuada a la ventilación boca a boca.

 

Habrá que prevenir mayor pérdida de calor quitando las ropas húmedas antes de envolver al paciente con mantas.

 

Una vez que llegue el equipo de transporte, seguir con el soporte avanzado, y trasladar lo más rápido posible al paciente al hospital, puesto que todo ahogado precisa de control hospitalario.

 

Bibliografía

  1. López Y, Pons M. Ahogamiento. An Pediatr Contin. 2008;6(2):85-92.
  2. Cabodevilla Górriz AC. Ahogamiento y casi-ahogamiento. Libro electrónico de Temas de Urgencias. Servicio Navarro de Salud; 2008. [internet]. Disponible en: http://cort.as/JOY9
  3. Sagristá Sauleda J. Abordaje diagnóstico y terapéutico del síncope en urgencias. Emergencias. 2007;19:273-82.
  4. Shattock MJ, Tipton MJ. «Autonomic conflict»: a different way to die during cold water immersion? J Physiol. 2012 Jul 15;590(Pt 14): 3219-30.
  5. Informes OMS. Ahogamientos. Nota descriptiva N.° 347. Abril de 2014 [internet]. Disponible en: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs347/es/
  6. Szpilman D, Bierens JJ, Handley AJ, Orlowski JP. Drowning. N Engl J Med. 2012;366:2102-10.
  7. Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad-Cruz Roja Española. Disfruta del agua y evita los riesgos. Guía para las familias 2014 [internet]. Disponible en: http://cort.as/Jatk
  8. Barrio-Cantalejo IM, Ayudarte-Larios LM, Hernán-García M, Simón-Lorda P, García-Gutiérrez JF, Martínez-Tapias J. Are the health messages in schoolbooks based on scientific evidence? A descriptive study. BMC Public Health.2011;11:54.
  9. Sociedad Canaria de Medicina de Urgencias y Emergencias. Ahogamiento por inmersión.Circulation. 2005;112:IV-133-IV-135 [internet]. Disponible en: http://www.semescanarias.org/web/d125/guidelines010.3.pdf