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Caleidoscopio
Un hombre afortunado: descubriendo un ideal de responsabilidad
Elena Serrano Ferrández
Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria
CAP Ca N?Oriac. Sabadell. Barcelona
Gemma Torrell Vallespín
Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria
CAPI Baix-a-Mar. Vilanova i la Geltrú. Barcelona
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Visitar en más de una ocasión las páginas de un libro puede permitirnos descubrir nuevos matices que pasaron desapercibidos. La historia de Un hombre afortunado (1967) podría ser uno de esos libros que invitan a lecturas repetidas. Resulta ser una red tejida de letras e imágenes escritas por John Berger y capturadas por Jean Mohr, respectivamente, tras acompañar al médico rural John Sassall, en su día a día, en una pequeña comunidad inglesa. Berger ofrece al lector construir una realidad palpable con esta conjugación de las fotografías con las letras, descubriéndonos matices que bien podrían complementar una perspectiva sociológica o una epidemiológica.

 

Comienza con la narración de diferentes encuentros, dentro y fuera de la consulta, que describen una práctica inicial centrada en la medicina de urgencias y poco tolerante con los síntomas inespecíficos y los casos sin diagnóstico físico claro, para ir transformándose en una medicina centrada en la observación, la escucha y con interés por reconocer al paciente, su entorno y su vivencia de la enfermedad. Nos dibuja los cambios que se suceden en Sassall a nivel personal, profesional y en la relación que establece con su entorno de una forma diferente al caso clínico clásico donde redundarían los datos duros, las orientaciones diagnósticas, los pronósticos y los tratamientos. Berger construye los casos clínicos con diferentes perspectivas: los hechos del encuentro, el quehacer de Sassall, el poso del ejercicio introspectivo que practica de forma regular, el contexto sociocultural y, de forma sutil, la perspectiva del paciente a través de sus propias reflexiones como autor.

 

Se suceden después diferentes reflexiones que nos aproximan a la cara y la cruz que representa la labor del médico rural cercano en una comunidad delimitada, obligado a ser un generalista polivalente y donde sus aciertos-errores adquieren más transparencia. Se trata de un relato centrado en la figura de un médico rural, pero, de fondo, se hacen presentes algunos temas esenciales. Unos temas que, pese al paso de los años, tienen relevancia en nuestros días, en lo rural y en lo urbano. A modo de selección, entre estos temas podríamos destacar:

 

La omnipresencia de la vida y la muerte a un lado y otro de las cuatro paredes de la consulta. Es uno de los temas que contrasta con el presente centrado en la prolongación de la vida y en el cuándo morimos sustentado por un desarrollo veloz científico y tecnológico de la medicina, delegando casi a un segundo plano la importancia de la forma en que vivimos.

«El médico es el familiar de la muerte. Cuando llamamos a un médico, le pedimos que nos cure y que alivie nuestro sufrimiento, pero si no puede curarnos, también le pedimos que sea testigo de nuestra muerte. El valor del testigo es que ya vio a muchos otros (...). Es el intermediario viviente entre nosotros y los innumerables muertos.»

 

• Diversos interrogantes como el qué es ser un buen profesional («buen médico») y el ideal de responsabilidad profesional. Nos plantea argumentos para cuestionar el enfoque paternalista de la atención al paciente y nos hace reflexionar acerca de otras alternativas, como la conjugación de los cuatro principios de la bioética (no-maleficencia, justicia, beneficencia y autonomía), considerando el enfoque individual y el colectivo. Ser buen médico tiene que ver con algo más que los buenos diagnósticos.

«(...) ¿Por qué se le considera a Sassall que es un buen médico? ¿Por sus curas? (...) Se le considera un buen médico porque satisface las expectativas de fraternidad del enfermo, unas expectativas no por tácitas menos profundas. A veces fracasa -con frecuencia porque perdió una oportunidad esencial y el resentimiento reprimido del paciente se hace imposible de romper-, pero en general se percibe en él la voluntad férrea del hombre que intenta reconocer al otro.»

« ...puede argumentar que sus pacientes son en algunos aspectos más afortunados que la mayor parte del mundo. Pero más relevante es que sabe que, en comparación con lo que podrían ser -de haber recibido mejor educación, de contar con mejores servicios sociales, mejores trabajos, mejores oportunidades culturales-, son desafortunados. (...). ¿Hasta dónde debe uno ayudar a un paciente a aceptar unas condiciones que son al menos tan injustas y tan malas como la enfermedad que padece?»

 

El reconocimiento, en ocasiones, de la ambigüedad del saber científico en la práctica clínica de un médico (rural). Sassall nos plantea la importancia del conocimiento de las expectativas, frustraciones, miedos, certezas de sus pacientes… y su potencial al convertirse como un espejo en el que reconocerse a sí mismo (su subjetividad) y una oportunidad de acercarse al otro: de enfermar y curarse con cada encuentro. Esa fortuna (irónica) expresada en el título.

«Sassall, para seguir viviendo, necesita esa búsqueda satisfecha de la certeza y esa incómoda sensación de responsabilidad infinita.»

 

El valor social del curar-cuidar. Sassall plantea que cura a los otros para curarse a sí mismo. Se convierte en cada uno de sus pacientes a fin de mejorarlos. Nunca separa una enfermedad de la personalidad del paciente, del espacio que habita y de su comunidad. Una de las conclusiones que se deja traslucir es la dificultad para definir el valor de una vida pero sí que nuestro quehacer puede influir en una atención más humana, una sociedad más humana.

«En la enfermedad se rompen muchas conexiones. La enfermedad separa y fomenta una forma distorsionada y fragmentada de la identidad. Lo que hace el médico, a través de su relación con el enfermo y de esa intimidad peculiar que se le permite, es compensar la ruptura de esas conexiones y reafirmar el contenido social de la identidad quebrantada del paciente.»

 

 

Estos son solo algunos de los fragmentos que se pueden descubrir en esta obra repleta de sensibilidad, de la complejidad que es la Vida y su estrecha relación con la Muerte. La historia de Sassall bien podría considerarse un libro de «cabecera», como ejemplo del ejercicio de una ética profesional en busca de la excelencia. Una obra de entonces que bien puede iluminar la realidad de ahora.

 

Lecturas recomendadas

  • Berger J. A fortunate Man: the story of a country doctor. London: RCGP, 2005.

En Londres, en 2005, se organizó un evento cuyo protagonista era John Berger, coincidiendo con la reciente publicación de su libro Here is where we meet, para reflexionar acerca de su obra y explorar el potencial de la escritura en la sociedad actual. En esta página web se puede encontrar información de dicho evento así como la biografía del autor.

Selección de las fotografías realizadas por Jean Mohr durante el tiempo que compartieron él y Berger con John Sassall y que acompañan a las letras de Un hombre afortunado.


AMFj2014;3(1):10
AMF 2014;10(1):1853 | ISSN (Papel):1699-9029 | ISSN (Internet):1885-2521