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Los principales problemas de salud
Actualización en el manejo del vértigo
Eva García García
Especialista En Medicina Familiar y Comunitaria
EAP Sanllehy. SAP Dreta. Barcelona
Xavier González Compta
Otorrinolaringólogo
Hospital Universitari de Bellvitge. L'Hospitalet de Llobregat. Barcelona
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Introducción

Los trastornos del equilibrio constituyen uno de los motivos más frecuentes de consulta en Atención Primaria (AP), de manera que casi el 2% de la población española consulta cada año por vértigo1. La prevalencia estimada del vértigo en la población general es del 3-7%, pero si se añade la sensación de inestabilidad, aumenta hasta el 17-30%2. Además, la incidencia es mayor en el sexo femenino y con la edad, llegando a afectar hasta al 20% de la población mayor de 65 años3, en quienes comporta riesgo de caídas y genera una alta morbilidad.

 

Por otro lado, el manejo de estos pacientes es complejo debido a que las posibilidades diagnósticas y de gravedad son muy amplias. Por último, su carácter a menudo recurrente repercute de forma importante en su calidad de vida4, siendo motivo de una incapacidad que impacta sobre la vida laboral y social del paciente.

 

Es frecuente la asociación con trastornos psicológicos y psiquiátricos primarios o secundarios, y estas circunstancias desembocan en múltiples ocasiones en la dependencia, la discapacidad y la solicitud de prestaciones.

 

Enfoque diagnóstico

El primer punto en el abordaje de estos pacientes es establecer si el motivo de consulta corresponde realmente a un vértigo. Las alteraciones del equilibrio se dividen en cuatro categorías, que a menudo son difíciles de diferenciar5:

  • Presíncope: percepción de pérdida de consciencia inminente debida a una disminución de la perfusión cerebral difusa, súbita y transitoria, o a un trastorno metabólico como hipoxia, hipocapnia, hipoglucemia, trastornos hidroelectrolíticos o anemia.
  • Desequilibrio: imposibilidad de mantener el equilibrio, con sensación de caída inminente en bipedestación y a la marcha, más evidente en la oscuridad y al andar sobre una superficie blanda. Básicamente, se debe a enfermedades del sistema nervioso central.
  • Mareo o inestabilidad, término inespecífico que hace referencia a la sensación de angustia, embotamiento o vacío cefálico, falta de estabilidad o malestar acompañados a menudo de vegetatismo (náuseas y vómitos, palidez y sudoración) y con una percepción de desmayo inminente que no se llega a producir. En muchas ocasiones se asocia a cuadros psicógenos o psiquiátricos.
  •  Vértigo: falsa sensación de movimiento del propio sujeto o de su entorno, habitualmente rotatoria. En muchas ocasiones se acompaña de vegetatismo y se produce por una alteración en el sistema vestibular, ya sea en su porción periférica (oído interno y VIII par craneal) o central (tronco cerebral, vías y cerebelo).

 

El siguiente punto consiste en determinar si el vértigo es de origen periférico o central e intentar clasificarlo clínicamente para establecer su tratamiento. La anamnesis y la exploración física son la base de este diagnóstico; con ellos se puede realizar un abordaje efectivo en la mayoría de los pacientes6.

 

Anamnesis dirigida

Para evaluar el tipo de vértigo, los aspectos más relevantes de la historia clínica son los siguientes:

  1. Edad. Los trastornos sensoriales múltiples (presbivértigo), los accidentes cerebrovasculares y las enfermedades neurodegenerativas son más frecuentes en la población anciana. Por el contrario, la neuritis vestibular, la esclerosis múltiple, el vértigo migrañoso, los presíncopes vagales y los ataques de pánico suelen darse en jóvenes. El vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB) ocurre a cualquier edad, también en niños, pero es más común a partir de los 60 años de edad.
  2. Antecedentes patológicos. Es importante determinar la existencia de algún antecedente neurológico u otorrinolaringológico relevante (migraña, esclerosis múltiple, colesteatoma, enfermedad de Ménière, hipoacusia), así como traumatismos, alteraciones visuales o psicológicas (estrés, ansiedad, depresión). Los antecedentes tóxicos y farmacológicos son también importantes dado que muchos de ellos alteran el sistema del equilibrio (tabla 1) y entre ellos es especialmente relevante, en pacientes de edad avanzada, la asociación de hipotensores, ansiolíticos, antidepresivos y anticoagulantes. Es conveniente saber si ha habido algún problema de salud en los días previos, por ejemplo una infección viral en relación con una neuritis vestibular, o un traumatismo.
  3. Descripción de la crisis. Es recomendable dejar explicar al paciente, con una anamnesis dirigida, sobre todo la primera crisis. Si ha habido episodios anteriores de vértigo, es importante conocer la secuencia temporal, por ejemplo en los episodios de vértigo posicional secundarios a una neuritis vestibular. Interesan especialmente: la duración de la crisis (segundos, minutos, horas, días, semanas), su carácter paroxístico (de inicio y final brusco) o progresivo, y si hubo algún desencadenante posicional (girar en la cama como en el VPPB), postural (incorporarse del decúbito en la hipotensión ortostática) o físico (sobresfuerzo o cambio brusco de presión en la fístula perilinfática). Cuando la sintomatología disminuye con el ejercicio, sugiere la existencia de un componente psicológico. Se debe interrogar sobre la presencia de síntomas acompañantes otológicos y neurológicos, que orientan hacia el origen de la patología.

 

Exploración basada en el diagnóstico diferencial periférico-central

La situación clínica es muy diferente si se trata de una crisis aguda o de un proceso crónico o recurrente. En la fase aguda y de forma característica, si el paciente presenta un vértigo periférico, este debe ser completo, proporcionado y armónico, con nistagmo espontáneo hacia el lado sano y desviación en el test de Romberg, y la maniobra de los índices y de la marcha hacia el otro lado, con similar intensidad en todos estos signos. Sin embargo, en la fase crónica o entre recurrencias pueden faltar la mayoría de los signos, siendo necesario realizar las pruebas dinámicas o posicionales para evidenciarlos.

 

La exploración del paciente con vértigo incluye diversos aspectos que deben evaluarse de forma sistemática:

  • Observación del paciente desde el momento en que accede a la consulta: actitud, estabilidad al andar, postura, lenguaje.
  • Estudio del nistagmo espontáneo, especialmente relevante en el vértigo agudo, y del nistagmo inducido por las maniobras dinámicas y posicionales, que habitualmente se realiza al final de la exploración porque genera sensación de malestar. Entre las dinámicas destacan la maniobra de impulso cefálico (https://www.youtube.com/watch?v=Wh2ojfgbC3I)y entre las posicionales, la maniobra de Dix-Hallpike (https://www.youtube.com/watch?v=xLsv5mOUkXk).
  • Exploración neurológica, con especial atención a los pares craneales oculomotores, dado que cualquier anomalía que se observe en el movimiento conjugado de los ojos, la convergencia, en las sacadas o en el seguimiento ocular suele indicar una lesión central. Deben evaluarse la función cerebelosa y la marcha, aunque diversos estudios demuestran una escasa sensibilidad para la maniobra de los índices Bárány, el test de Romberg y la prueba de Unterberger-Fukuda en el estudio del vértigo periférico6. En cambio, algunos signos neurológicos que exploran la motoneurona superior permiten detectar una lesión isquémica neurológica antes que las pruebas de imagen, como el signo del pulgar levantado7 (upgoing thumb sign - https://www.youtube.com/watch?v=-KRnU6n2hAk): con el paciente sentado y las manos verticales sobre las rodillas, cuando se le solicita que levante rápidamente las manos con los brazos extendidos, el dedo pulgar se dirige hacia arriba si existe una lesión central. Si se sospecha un origen central del vértigo, el examen neurológico debe ser exhaustivo, incluyendo todos los pares craneales, sistema motor y sensibilidad.
  • Exploración otoaudiológica: otoscopia y audiometría siempre que haya pérdida auditiva asociada. En la crisis aguda la acumetría con diapasones permite detectar la presencia de una hipoacusia neurosensorial, lo cual es especialmente relevante en la sordera brusca (laberintitis cocleovestibular).

 

En el diagnóstico diferencial entre una causa periférica o central es básico tener en cuenta los signos clínicos de riesgo del origen central (tabla 2).

 

En la exploración ocular del nistagmo se analizan las características diferenciales entre un nistagmo espontáneo periférico y central (tabla 3). Si el nistagmo es difícil de visualizar de forma directa, se puede usar un oftalmoscopio o unas lentes de Frenzel (20 dioptrías). En pacientes con vértigo agudo persistente, el nistagmo es la clave para la aplicación del protocolo HINTS, que permite descartar un accidente cerebrovascular con una sensibilidad del 95% y mayor fiabilidad que una resonancia magnética en las primeras 24-48 horas8. Este protocolo consiste en realizar la prueba de impulso cefálico (Head Impulse test), observar el nistagmo espontáneo (Nystagmus Type) y explorar la desviación ocular vertical (Skew deviation test). La prueba de impulso cefálico se realiza con movimientos bruscos de la cabeza de 30° en el plano horizontal en los que, si aparece un nistagmo unidireccional, confirma que se trata de un vértigo periférico. El test de desviación ocular se explora mediante la cobertura ocular de un solo ojo y si se observa un movimiento vertical del ojo destapado, indica el origen central del vértigo9 (https://www.youtube.com/watch?v=bUzKZEqya1U). Si la prueba de impulso cefálico es negativa, el nistagmo espon­táneo es vertical o de dirección cambiante y existe des­viación ocular vertical, indica que el vértigo es de origen central.

Existe también el algoritmo STANDING10, parecido al HINTS, pero incluye la valoración del nistagmo posicional y de la marcha, con un valor predictivo positivo para una lesión central del 99% (figura 1).

 

Tipos de vértigo periférico

Una vez establecido el origen periférico del cuadro, se debe intentar definir cuál es su causa según la clasificación más reciente de los vértigos periféricos11 (tabla 4).

 

En los últimos años el manejo de los pacientes con trastornos del equilibrio ha cambiado en función de una orientación basada en la presentación clínica12, por lo que se clasifican en crisis única, recurrente y crónica. A su vez, cada una de estas se divide según la presencia de desencadenantes o de hipoacusia.

 

  1. Crisis única. Episodios de inicio brusco, de varias horas o días de duración, que suelen cursar sin pérdida auditiva, como en la neuritis vestibular. En las pocas veces que aparece hipoacusia, el diagnóstico es de laberintitis cocleovestibular, ya sea de origen infeccioso, vascular, tumoral, autoinmune o idiopático. En la crisis única prolongada debe establecerse el diagnóstico diferencial, principalmente con la esclerosis múltiple y los accidentes vasculares del tronco y del cerebelo. La neuritis vestibular es el vértigo periférico más frecuente en pacientes jóvenes y, aunque su origen es idiopático, actualmente se relaciona con un efecto autoinmune posvírico. Clínicamente, las crisis de vértigo duran de 1 a 6 días, seguidas de inestabilidad residual durante 1-6 semanas, y a veces pueden cronificar. En la fase aguda, el tratamiento consiste en reposo y sedantes vestibulares (dimenhidrinato 50 mg/6-8 horas vo [grado de recomendación A] o 100 mg/12 h vr, sulpirida 50 mg/8-12 hvo [grado de recomendación C] o 100 mg/12 h im, diazepam 2-10 mg/8-12 horas vo) durante un período máximo de 5 días para no dificultar la compensación central. La evidencia para el tratamiento con corticoides es limitada13 y los antivirales no están indicados.
  2. Crisis recurrentes. Son las crisis con menor riesgo de origen central.
    1. Cuando se acompañan de hipoacusia, el diagnóstico principal es la enfermedad de Ménière o, más raramente, una fístula perilinfática o enfermedad autoinmune del oído interno. De todas formas, la enfermedad de Ménière solo constituye un 5% de los vértigos y el 40% aparece con vértigo como síntoma único. Actualmente se clasifica en definitiva o probable según los criterios diagnósticos14 (tabla 5). En el tratamiento de la crisis se usan los mismos fármacos que en la neuritis vestibular y no hay suficiente evidencia para recomendar el uso de betahistina, diuréticos o la restricción de sal entre las crisis. En la actualidad, el tratamiento de elección es la inyección intratimpánica de corticoides o gentamicina por el otorrinolaringólogo15 (grado de recomendación C).
    2. Ahora bien, lo más frecuente es que en el vértigo recurrente no haya pérdida auditiva, y en este caso se distingue entre crisis provocadas, principalmente el vértigo posicional benigno (o, más raramente, la fístula perilinfática) o crisis espontáneas, que pueden corresponder a migraña vestibular, paroxismia vestibular (entre 10 y 100 crisis diarias muy breves), vértigo metabólico (en relación con descompensación renal o diabética) o cerebrovascular (accidentes isquémicos transitorios o insuficiencia vertebrobasilar).
      El VPPB es el más frecuente, sobre todo en mujeres. Suele ser primario, pero puede ser también secundario a neuritis vestibular, traumatismo craneal o cirugía del oído. El canal semicircular posterior se afecta en más del 80% de los casos. Se puede distinguir entre el posicional objetivo y el subjetivo por la ausencia en este último de nistagmo en la maniobra de Dix-Hallpike16, aunque ambos casos responden igualmente al tratamiento con maniobras de Epley (grado de recomendación B), Sémont o los ejercicios Brandt-Daroff. No se han hallado diferencias en la eficacia de estas tres modalidades terapéuticas17,18 aunque la maniobra de Epley es la que resulta más sencilla. Existe un vértigo posicional «no benigno» (es decir, central) en el que el nistagmo inducido en la maniobra de Dix-Hallpike19 no tiene latencia ni fatiga, y es de más larga duración (tabla 6).
      El diagnóstico del vértigo asociado a migraña20 (tabla 7) es controvertido porque sus síntomas raramente cumplen un patrón estable. Por otro lado, aunque el tratamiento farmacológico para prevenir las crisis no está bien definido, en la fase aguda se recomienda la administración de triptanos o antieméticos21 (grado de recomendación B).
      En el vértigo recurrente el diagnóstico diferencial se establece con otros cuadros, como la disfunción del sistema nervioso autónomo (hipotensión ortostática), episodios psicógenos (síndromes ansioso-depresivos), cuadros de presíncope o ataxia episódica. Sin embargo, la mayor parte de los vértigos recurrentes no posicionales no presentan otros síntomas adicionales, denominándose entonces vértigo recurrente benigno, y podría considerarse como una forma incompleta de enfermedad de Ménière o de migraña vestibular. En estos casos, además, puede ser efectivo el tratamiento con fármacos antimigrañosos22.
  3. Vértigo crónico. Aunque no hay un criterio único, el vértigo se considera crónico a partir de 1 mes de persistencia o recurrencia de los síntomas23. Por lo tanto, gran parte de los vértigos entrarían dentro de este concepto, ya que, por ejemplo, un 30-40% de las neuritis vestibulares todavía tienen síntomas a los 6 meses y la enfermedad de Ménière o el vértigo recurrente benigno dan crisis durante años. También se encuentran en este grupo el presbivértigo y la vestibulopatía bilateral, normalmente idiopática o por ototóxicos. De todas formas, el concepto de vértigo crónico hace más bien referencia a la inestabilidad crónica que aparece en lesiones periféricas mal compensadas o a alteraciones subjetivas de la marcha. En este sentido, el diagnóstico diferencial se establece entre los trastornos de ansiedad (causa primaria en un tercio de estos pacientes), la migraña, los traumatismos craneales o cervicales y las alteraciones autonómicas. El tratamiento de elección es la rehabilitación vestibular (grado de recomendación A), siendo muy controvertido el uso de la betahistina24. Es recomendable la implantación de sencillos protocolos de rehabilitación vestibular en AP al paciente para tratar a estos pacientes de la forma más eficaz25.
    Más del 10% de los pacientes que consultan por vértigo/mareo26 presentan un cuadro denominado mareo perceptivo postural persistente (persistent postural-perceptual dizziness [PPPD]), anteriormente conocido como mareo psicógeno, postural fóbico o inestabilidad crónica subjetiva. Se trata de un trastorno funcional crónico con inestabilidad al andar o estar de pie, que cede en decúbito (tabla 8). A partir de una alteración del sistema del equilibrio, de origen vestibular o no, y en el contexto normalmente de una personalidad ansiosa-depresiva, estos pacientes persisten con inestabilidad fluctuante. El tratamiento combinado mediante rehabilitación vestibular, medicación antidepresiva (inhibidores de la serotonina y norepinefrina) y terapia cognitivo-conductual aporta una mejoría clínica del 60-70%27 (grado de recomendación C).

 

Algoritmo diagnóstico

El manejo actual de los pacientes con alteraciones del equilibrio12 se inicia descartando las causas potencialmente peligrosas en virtud de sus síntomas asociados y signos vitales (clínica neurológica, cardiovascular, psiquiátrica o tóxica). A continuación se debe clasificar el cuadro clínico en crisis única, recurrente o crónica. Seguidamente se valoran los mecanismos desencadenantes, ya sean posicionales, traumáticos u otros, y la audición para llegar a un diagnóstico de sospecha (figura 2). La exploración clínica permite distinguir los procesos benignos de los graves, especialmente gracias a la exploración nistágmica, y confirma el diagnóstico clínico. En casos especiales es necesaria la realización de pruebas de imagen o pruebas vestibulares específicas para llegar al diagnóstico definitivo.

Criterios de derivación

El 85% de los vértigos son periféricos por lo que se pueden diagnosticar y tratar de forma efectiva en AP. Por lo tanto, pocos pacientes deberían ser remitidos a los servicios de urgencias hospitalarias o a los servicios de otoneurología.

 

Son motivo de derivación a urgencias del hospital las crisis agudas de vértigo con sospecha de origen neurológico o de laberintitis aguda.

 

En los vértigos recurrentes, la presencia de hipoacusia es indicación para remitir al servicio de otorrinolaringología para completar el estudio vestibular, así como los vértigos posicionales refractarios o con nistagmos atípicos.

 

En algunos vértigos recurrentes puede ser necesario descartar cuadros metabólicos, neurovasculares u otorrinolaringológicos que requieran derivación específica.

 

Resumen

Las alteraciones del equilibrio son muy frecuentes en Atención Primaria. El manejo actual de estos pacientes consiste en clasificar el cuadro clínico en crisis única, recurrente o crónica, y valorar su carácter espontáneo o inducido y si se afecta la audición. La exploración clínica se fundamenta en el nistagmo y los nervios oculomotores para descartar patología central y confirmar el diagnóstico clínico. Diversos protocolos clínicos (HINTS, STANDING) facilitan la identificación de los casos más graves y reducen la necesidad de realizar pruebas complementarias.

 

Lecturas recomendadas

Sauvage JP. Vértigos: manual de diagnóstico y rehabilitación. Barcelona: Elsevier, ed. 2017. ISBN: 978-84-9113.135.9

Manual exhaustivo sobre el diagnóstico y tratamiento del vértigo.

Omron R. Peripheral Vertigo. Emerg Med Clin North Am. 2019;37: 11-28. https://doi.org/10.1016/j.emc.2018.09.004

Revisión actualizada del diagnóstico diferencial y tratamiento del vértigo periférico.

 

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AMF 2019;15(4):184-191 | ISSN (Papel):1699-9029 | ISSN (Internet):1885-2521
Comentarios
Mounir Diouri | 12-09-2019
Gracias por el artículo. Me parece que este otro vídeo de las maniobras del protocolo HINTS es más ilustrativo de lo pasos a seguir y su interpretación: https://www.youtube.com/watch?v=1q-VTKPweuk
GEMA GARCIA | 08-06-2019
Enhorabuena por la revisiónTengo 2 preguntas:Así como es conocida la influencia de algunos fármacos en la etiologia del vértigo, se conoce si hay relación entre haber recibido radioterapia (no en región craneal, en el caso de mi consulta para Ca mama), y la aparición de un vértigo?Y la segunda, hay estudios de eficacia y seguridad de los fármacos disponibles : betahistina, sulpiride, dimenhidrinato, diazepam? Qué fue del Idaptan, Tanakene, Torecan?Gracias, un saludoGema García. MFyC