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El relato

Hilario y la SNG

Salvador Pendón Fernández

Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Servicios de Cuidados Críticos y Urgencias. Hospital Axarquía. Málaga.

Salvador Pendón Fernández

Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Servicios de Cuidados Críticos y Urgencias. Hospital Axarquía. Málaga.

 

Lo vio hace apenas 15 horas. Aviso a domicilio. Sonda atascada. Aviso de los facilitos, piensa.

 

La ambulancia los conduce hasta un pueblo cercano.

 

Calle Goya 18. Tras 6 minutos de ambulancia y tres chistes del conductor acerca de las diferentes rimas de las palabras Goya y dieciocho llegan al destino, una pequeña casa en un pequeño pueblo. Hoy todo parece pequeño.

 

La puerta entreabierta les invita a pasar.

 

– Señora, el médico de urgencias –se anuncia gritando a la vez que entra esperando el ladrido de algún perro.

 

Hace años que odia el olor a Nenuco, a alcohol de romero y a polvos de talco, son olores malditos, los olores del Alzheimer los llama. Los recibe cuidadora-Bethy, una chica baja y de mediana edad, ecuatoriana por el acento. Sonríe amable.

 

– Buenos días dotol, a don Hilario se le atascó la sonda en la toma del mediodía –le dice con la musicalidad que solo los ecuatorianos saben dar al castellano. La toma del mediodía. Le recuerda a Víctor a la toma del lactante. Hilario no come, Hilario tiene tomas..., le empieza a doler el alma. Entran en una habitación desnuda, y la nota desnuda de vida, pero no de dolor. Cuatro paredes de cal y madera. Una ventana pintada de azul y la enorme foto de un arcángel que, espada en mano, amenaza de forma siniestra a dos jóvenes desnudos que huyen. Y en un rincón, una cama. Y en la cama un cuerpo desnudo.

 

Cama medicalizada, colchón antiescaras, carrito de curas junto a la cama donde se agolpan alcoholes, cremas, pomadas, jarabes absurdos, pastillas para el corazón (Dios mío, pastillas para el corazón de Hilario), botes diversos, betadines, algodones, gasas y vendas..., ventana cerrada, vida sin escaras. Gran discapacitado, dicen los papeles. Y en la inmensidad del mar, de ese mar que es la cama, está Hilario. Hilario Maquedas. Paciente de 68 años. Inmovilizado en cama hace 7 años, desde que una trombosis nubló su mente.

 

Tuvo la «extraordinaria suerte» de que su corazón siguió latiendo, sus pulmones respirando, sus neuronas conectando a duras penas. Pero aquel día de agosto de 2002 su suerte fue más allá. Su cuerpo no le obedecía a pesar de conservar una lucidez completa. Además, encontró un doctor que indicó a la familia lo conveniente que sería alimentarlo mediante un tubo metido por la nariz (si le llamamos sonda nasogástrica parece más fino, menos cruel, y si encima tenemos la cara dura de llamarla SNG, así suena más científico... Siete años con un tubo que entra por TU nariz y atraviesa TU garganta mandándote al estómago una especie de sustancia lechosa..., irónica SNG). Un pañal recoge sus excrementos y a veces debe esperar horas a que lo limpien. Cada una de sus extremidades está atada a una pata de la cama. El joven médico supone que pesará unos 30 kg y su posición entre las sábanas le recuerda a la de Jesucristo al morir..., los brazos en cruz y las piernas levemente flexionadas, el cuerpo inclinado hacia la derecha, la mirada perdida, la boca abierta y babeante, las rodillas flexionadas. Y en la nariz la SNG. No parece tener 68 años. Aparenta no tener edad. Hilario ya no tiene edad.

 

Le vienen imágenes a la cabeza de los campos de concentración y aquellos cuerpos en estado de absoluta delgadez (nosotros le llamamos caquexia y nos quedamos más tranquilos). Hilario no puede hablar, su laringe no le obedece, solo emite una especie de aullido lastimero. Llora mucho y sus lágrimas, diagnosticadas como conjuntivitis crónica, son apagadas a base de gotas antibióticas intentando secar su pena; su mirada perdida no es la mirada de la demencia, es una mirada de desesperación, de pánico, de dolor, de odio a la humanidad. Odia a todos, excepto a cuidadora-Bethy que le cuenta historias de antiguos dioses precolombinos cuando están a solas. Ella también está muy sola.

 

Hace 7 años que Hilario rememora todos y cada uno de los minutos de su vida antes de aquella tarde de la trombosis, ya dejó de rezar pidiendo que esto acabara. Lo que más le duele es la cara de terror de sus nietos que lo visitaron en una ocasión hace tres largos años. Desde entonces no los ha vuelto a ver.

 

– ¿Por qué tienen sus manos atadas? –pregunta el médico de urgencias.

– Porque si se la soltamos se arranca la sonda –responde una hija de Hilario que acaba de llegar.

– Ah, vale –piensa el joven médico– como el hombre está demenciado, pues le alimentamos por la nariz y lo atamos para que no se quite esa cosa que le molesta, imagino que esta PERSONA debe estar flipando desde hace ALGUNOS AÑOS. Es simple, lo entendería un niño de 5 años.

 

Hilario mira cómo alguien vestido de blanco manipula su sonda, empuja y succiona. Nota algo frío que le daña el estómago..., odia a aquellas putas batas blancas, las odia con toda su alma.

 

– Ya está señora –dice el enfermero imitando a un fontanero–, la sonda desatascada.

– Muchas gracias, muy amables –dice la hija que acaba de llegar– y ya que han venido, doctor ¿me podría recetar estos enemas? Es que así hace mejor... Inicialmente traga saliva, luego se traga sus palabras para no decirle que nos estamos volviendo locos, que aquí seguramente los demenciados somos todos nosotros menos Hilario, que lo dejen en Paz, que lo salven de este maldito infierno..., pero se calla con la cobardía de saber que solo es un elemento más del sistema, que Hilario está vendido a su destino, que Víctor Bárcenas es solo el médico de urgencias, con un contrato de sustitución de 5 días, que vino a desatascar la sonda..., nadie le pide más. Nadie.

 

El joven médico imagina que si alguien descubriera que un perro sufre las condiciones de vida de Hilario las asociaciones en defensa de los animales, medios de comunicación y algún que otro político montarían un buen pollo. Gran discapacitado, dicen sus papeles.


AMFj2011;0(1):6

AMF 2011; 7(11); 1718; ISSN (Papel): 1699-9029 I ISSN (Internet): 1885-2521

Comments

Alfredo 01-08-12

Gráfico por completo. Todos tenemos algún caso parecido. Yo incluso he llegado a quitar alguna SNG y enseñado a la familia a darle, con paciencia, de comer por vía oral. Pero a la siguiente microaspiración (las ha hecho con sonda y sin ella), ha vuelto del hospital con la sonda puesta... y encima he quedado mal con (parte) de la familia... que alguno, con miedo, me ha dado la razón. Curiosamente la llamada "cuidadora principal" (o sea, la hija soltera y sin hijos que se traga la mayor parte del "marrón"). Qué pena...

Marina 09-01-12

Tienes toda la razon, como medico de familia , despues de 30 años trabajando , pienso lo importante que hubiese sido que este hombre hubiese hecho su testamento vital, cuando era joven, cuando podia decidir si algun dia no podia hacerlo. Es obligacion como medicos de familia hablar de este tema con todos nuestros pacientes, conocer sus dudas, opiniones ,etc y que querrian que hciesemos por ellos cuando ya no pueden decidir