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La Web 2.0: a modo de editorial

Rafael Bravo Toledo

Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria CS Linneo. Madrid

Rafael Bravo Toledo

Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria CS Linneo. Madrid

Cuentan las leyendas (en este nuevo mundo de Internet, una cosa tan joven, de apenas 9 años, ya tiene sus propias leyendas) que el término Web 2.0 nació de la fortuna que proporciona la mezcla de ingenio y oportunidad. Si bien había aparecido en artículos anteriores a esta fecha, el término resurgió en 2004 durante una tormenta de ideas en la sede de O’Reilly Media, cuando se buscaba dar nombre a una conferencia sobre una segunda generación de servicios de Internet basados en la web (http://www.web2con.com/web2con/).

 

Aunque el término tomaba prestada la denominación numérica creciente de las actualizaciones del software, sus creadores no pretendían fantasear sobre una nueva versión de la World Wide Web, sino más bien del cambio que se estaba produciendo en Internet a raíz del estallido de la burbuja tecnológica en el otoño de 2001 y la consiguiente crisis económica. Parecía que, tras la explosión, las compañías y servicios supervivientes tenían algo en común, y esas características eran precisamente las que definían la Web 2.0, si bien era difícil aprehenderlas en una definición breve. Hasta tal punto les fue difícil que lo que conocemos hoy como Web 2.0 comenzó con una lista de servicios, programas y aplicaciones que se iban catalogando como 1.0 o 2.0 según se pudieran englobar o no bajo una serie de preceptos o principios. Los formulados inicialmente por los desarrolladores del concepto 2.0 se exponen en la tabla 1, y podemos resumirlos en tres: 1) las aplicaciones 2.0 sustituyen a los programas de ordenadores de sobremesa; 2) facilitan el compartir o remezclar los datos, y 3) los usuarios, solos o en comunidades, aportan valor añadido al servicio. Estas características se concretan en nuevas aplicaciones y herramientas informáticas que están al alcance de cualquiera, tanto por su facilidad de uso como por su coste, a lo que habría que añadir la propiedad de satisfacer necesidades concretas cotidianas.

 

La Web 2.0 es, en definitiva, un conjunto heterogéneo de nuevas herramientas y tecnologías informáticas, donde la organización y el flujo de información dependen del comportamiento de las personas que acceden a la Red, permitiéndose a estas no solo un acceso mucho más fácil a los contenidos, sino participar en su construcción y clasificación. Todo esto mediante el empleo de aplicaciones cada vez más fáciles de usar, más intuitivas y de poco o ningún coste1 . A fuerza de ponernos un poco cursis, también la Web 2.0 tiene su «filosofía»: la web, más que aplicaciones, es una actitud, una disposición de ánimo que tiende a compartir información, a interactuar y a la colaboración en entornos de poca complejidad y centrados en el usuario. Una disciplina que quiera pasar a ser 2.0 debe permitir a sus miembros interactuar y colaborar entre sí en una comunidad virtual para crear nuevos contenidos, a diferencia de la web estática donde los usuarios se limitan a la observación pasiva de lo que se ha creado para ellos.

 

Salud o Medicina 2.0

Se ha puesto de moda acompañar con el término 2.0 a cualquier actividad o disciplina para darle un barniz de modernidad. Se utiliza este apellido como sinónimo de avance tecnológico disruptivo, olvidando que lo verdaderamente revolucionario no es la tecnología, sino la forma en que se emplea. Como no podía ser menos, el «dospuntocerismo» ha llegado a las ciencias de la salud y, como en el caso de la versión original, el concepto tampoco está muy claro. Una revisión sistemática2 identificó hasta 44 definiciones únicas de Salud, Medicina 2.0., o ambas, y sigue sin existir un consenso general sobre qué significan realmente estos términos. Haciendo un esfuerzo, definiríamos la Salud 2.0 como la aplicación de las propuestas de la Web 2.0 al campo de la salud, y se puede ampliar mencionando siete temas recurrentes en la revisión antes citada, a saber: pacientes y consumidores, Web 2.0, profesionales, redes sociales, colaboración y cambio en la asistencia sanitaria, información o contenidos sobre salud.

 

«Sin haber sido muy conscientes y, por supuesto sin haberlo previsto, Internet se ha convertido aquí y ahora en una herramienta habitual y clave en nuestra actividad profesional.»

 

Esta última frase está bien para incluir en un artículo sobre nuevas tecnologías, pero es radicalmente falsa y sobre todo fatua. Si se para a pensar lo que hace diariamente en su consulta, verá que estamos en lo cierto. Lo que hace que una tecnología o herramienta sea esencial y clave es que no se conciba una forma de trabajar sin ella. Es lo que ahora se llama disruptivo, una ruptura brusca que marca un antes y un después. En las innovaciones basadas en tecnologías se han distinguido, desde hace tiempo, dos tipos3: 1) las de apoyo (sustaining, en inglés), que se caracterizan por la mejora continua del funcionamiento de un producto o proceso, y 2) las innovaciones disruptivas (disruptive, en inglés), que interrumpen, cambian y redefinen la trayectoria del funcionamiento del producto o servicio.

 

Seamos sinceros, aunque Internet ha supuesto una innovación disruptiva en la mayoría de los ámbitos de la vida cotidiana, la medicina española y en particular la Atención Primaria (AP) no son dos de ellos: de hecho, muchas de las consultas de nuestros lectores no tienen Internet, o está limitado el acceso a este. No es de extrañar que la nueva deriva que se ha producido en la Red también sea ajena a nosotros. Y tampoco no es de extrañar que nos esté pillando a trasmano, por mucho que este monográfico de nuestra revista AMF se empeñe en llevarme la contraria.

 

Como dijimos al principio, aquí y ahora no estamos llegando a esta nueva Internet, y por mucho que se hable de Salud 2.0 o sus modernos correlatos (electronic health, mobile health, etc. health), en muchos casos equivocamos las funciones de los sitios web o las aplicaciones 2.0, no sabemos aprovechar sus ventajas, y encima no estamos en sintonía con la tendencia del concepto de software social. Se puede explicar con un ejemplo: si utilizamos el correo electrónico, Twitter, Facebook o WhatsApp para comunicarnos con pacientes o con otros profesionales, estamos innovando en forma «de apoyo», mejoramos (y mucho) el canal de comunicación, pero no estamos haciendo nada que no hiciéramos antes con otros medios. La verdadera innovación disruptiva es utilizar estas herramientas, y otras, para reducir, por ejemplo, al mínimo imprescindible las consultas presenciales4,5.

 

Oportunidades (perdidas) de la Web 2.0

Para compartir y cumplir todas esas características benéficas de la Web 2.0 se utilizan una serie de nuevas aplicaciones y herramientas informáticas que, como se ha dicho anteriormente, están al alcance de cualquiera, tanto por su facilidad de uso, como por su coste, a lo que habría que añadir la propiedad de satisfacer necesidades concretas cotidianas. Más que enumerar y comentar cada una de ellas o sus potenciales ventajas en el entorno sanitario, se puede comentar lo que ofrecen y las oportunidades que se pierden al no utilizarlas, o al hacerlo mal.

 

La nube y las apps

Lo que se conoce como cloud computing, en castellano «informática (computación) en la nube», es una aproximación tecnológica que permite ofrecer servicios web a través de Internet: en este modelo todo lo que puede ofrecer un programa informático (software) se da como servicio, de modo que los usuarios puedan acceder a los productos disponibles «en la nube de Internet» desde un navegador web, mientras el software y los datos se almacenan de manera permanente en servidores de Internet. Cuando el cliente necesita utilizarlos, accede a ellos a través de la Red y con un simple navegador, independientemente de que utilice un ordenador personal, un portátil, una tableta (tablet) o un teléfono móvil, y de que trabaje con cualquier tipo de sistema operativo o plataforma. Es un cambio que afecta de manera radical al modo en que usamos la tecnología y los dispositivos que utilizamos; a los ojos del usuario es una interfaz como la de otros programas, pero solo utiliza un navegador web y la conectividad de la Red.

 

No obstante, la cloud computing es algo más que grandes centros de almacenamiento de datos dispuestos en un lugar remoto. Hace tiempo, los consumidores demandaban tener todos los datos, todos los programas y todo el poder de procesamiento a su alcance. Pero no siempre se han podido cumplir estas expectativas y la brecha entre lo que los usuarios demandan y lo que se puede hacer aumenta hasta hacerse demasiado amplia. La computación en la nube y las aplicaciones apps (software diseñado, en general, para su uso en dispositivos móviles y con fines concretos) son dos descubrimientos «dospuntocéricos» que, unidos, solucionan estas necesidades con una simplicidad pasmosa. La historia clínica electrónica 2.0 es un buen ejemplo: con las apps será accesible y utilizable desde cualquier dispositivo, estará fraccionada a demanda del profesional o usuario que lo utilice y los datos estarán en todos los sitios y en ninguno. El desarrollo de pequeñas aplicaciones puede aumentar la riqueza de los datos personales recogidos en esos historiales clínicos, y viceversa: es posible crear aplicaciones que satisfagan necesidades concretas nutriéndose de estos datos.

 

La vertiente sanitaria del movimiento del Yo Cuantificado (Quantified Self) también ofrece un buena muestra de esto último. Se refiere a cuantificar cada una de las actividades que se realizan a lo largo del día sobre el estado físico de la persona gracias a sensores y sistemas de recopilación de datos. Se crea así un registro que puede analizarse con herramientas estadísticas. Si además se importa esa información y se une a la recogida por los médicos, se puede crear un escenario de conocimiento nuevo e inimaginado. Debe recordarse que el conocimiento actual sobre la salud y la enfermedad está basado en pocos datos, tomado en un momento concreto y con poca capacidad de definición. Sería como la versión borrosa de una foto en blanco y negro. Cuando se desarrollen soluciones que permitan integrar toda la información, suministrada por diferentes tipos de dispositivos, se obtendrá una película panorámica y a todo color de la salud y del proceso de enfermar, así como de la eficacia real de las intervenciones y la posibilidad de demostrar una gestión efectiva del cuidado de la salud6,7.

 

Blogs o weblogs

Un blog, o, en español, una bitácora, es un sitio web que recopila textos o artículos periódicamente actualizados de uno o varios autores y ordenados en sentido cronológico. Como su propio nombre indica, es una especie de diario, y su diseño está específicamente preparado para eso. Además, gracias a que el contenido de cada artículo se puede indexar y ordenar bajo uno o más términos, aquí conocidos como tags o etiquetas, se facilita el seguimiento y la localización de los temas. El blog permite amplificar el mensaje, mantener la información accesible, actualizarla periódicamente y recoger las opiniones de las personas que acceden a él.

 

Con todo, utilizarlos con objetivos tan variados como se observa en la Red es un error. De acuerdo que están de moda y que los programas que los sustentan facilitan enormemente la edición de una página web. También es verdad que al permitir la inserción de comentarios a los usuarios que las visitan y las consiguientes respuestas del autor del blog o de otros lectores facilitan cierto grado de diálogo. Sin embargo, esto no significa que se deban utilizar con propósitos tan distintos como canal de comunicación empresarial o corporativa, chat asíncrono, depósito de documentación con alto grado de recambio, etc. Se puede hacer, pero en la Web 2.0 existen múltiples servicios adaptados a estas funciones.

 

Lo que se conoce como microblogging es un servicio en el que los usuarios emiten textos cortos (en Twitter no van más allá de los 140 caracteres). A pesar de su nombre, no son solo aplicaciones tipo blog con tamaño del texto limitado, sino que se pueden considerar servicios de comunicación y de intercambio de información multiusuario en los que la inmediatez es lo importante. Tan inmediatos que a veces ni se lee la información; como dijo un eminente colega desengañado de la 2.0: «En Twitter se pelotea y masajea la información sin que nadie le hinque el diente». Preocupados por el trending topic o por aumentar el número de seguidores, los tuiteros, y los sanitarios no son excepción, cultivan el culto a la difusión antes que dignarse a mirar el contenido.

 

Comunicación

Las formas de comunicarse entre médicos y pacientes, entre médicos de distintas especialidades, médicos y servicios parasanitarios, o farmacias, así como todo el discurrir del usuario por el sistema sanitario, están tradicionalmente ligadas y en exclusiva al formato impreso en papel. Con todas sus ineficiencias, sigue siendo el modelo imperante en todos los servicios sanitarios. Las posibilidades que ofrecen las redes informáticas y el añadido 2.0 de las comunicaciones móviles, servicios gratuitos y sencillos, junto con la universalidad de espacios y dispositivos, abren un nuevo campo que, inteligentemente utilizado, sí puede constituir una innovación disruptiva. Experiencias recientes han mostrado que esta comunicación es posible, incluso fuera del sistema sanitario. De hecho, las más exitosas en España y en AP hasta el momento han ocurrido en ese espacio etéreo denominado ciberespacio, vehiculizado en listas de distribución como MEDFAM-APSa, uniones temporales de blogs, o peculiares iniciativas editoriales como Prescripción Prudente[a][b] o la misma confección de este monográfico.

 

Correo electrónico, chat, videoconferencia, SMS, WhatsApp, Skype, microblogging tipo Twitter, redes sociales, VoIP o telefonía IP son servicios que se pueden utilizar en distintos y diferentes momentos siempre que se busque en ellos la funcionalidad y la conveniencia y no un ridículo afán de modernidad. No consiste en qué medio es el mejor, o cuál es más innovador. No consiste en catalogar como buenos o malos médicos según utilicen o no Twitter (¿cuál es su Klout?[c]), estén dispuestos a contactar con adminículos imposibles fuera del horario de consulta, o abran canales de comunicación tan ridículos como Facebook8.

 

La verdadera ventaja y la novedad es trabajar en un sistema integrado en el que los médicos pueden comunicarse permanentemente con otros pacientes o colegas y de diversas formas, en cada momento las más oportunas, huyendo de la tiranía del papel y aprovechando la superioridad indudable de estas nuevas tecnologías. Todo ello para brindar la mejor atención de la forma más correcta y en el momento adecuado.

 

Del software social a la gestión de contenidos

El concepto de redes sociales en la Web 2.0 hace referencia a un conjunto de herramientas y aplicaciones informáticas que facilitan la interacción y la colaboración entre las personas que pertenecen a ellas. La importancia de las redes sociales viene dada por la posibilidad de interactuar entre personas, pero también por la capacidad de crear, calificar y evaluar distintos aspectos de los contenidos e información presentes en Internet. Desde los inicios con aplicaciones de social bookmarks, o las folcsonomías, hasta los más modernos servicios de gestión de contenidos específicos (Pinterest, Storify son ejemplos), pasando por los«curadores de contenidos» (llamados así como una más que castiza traducción del inglés content curator), estas redes sociales constituyen un nuevo campo de juego donde el usuario actúa como clasificador, recopilador, modificador y generador de contenidos, con todas sus implicaciones.

 

¡Hay que estar en las redes sociales!

«Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho» es el fenómeno que caracteriza la Web 2.0 y con el que todo el mundo lo identifica; para muchos, incluidos dirigentes sanitarios, ser o estar en la 2.0 es estar en las redes sociales. Incluso hay un presunto observatorio que cuantifica el uso de las redes sociales por los hospitales españoles, su número de amigos en Facebook, el número de seguidores y tuits emitidos en Twitter. No habla, sin embargo, de la pobreza informativa de sus páginas web o de la imposibilidad de establecer contactos on-line, funciones mucho más importantes en la atención sanitaria que el número de «me gusta». Como decía un conocido usuario: «Yo lo que quiero es que el hospital me cure, no que sea mi amigo en Facebook».

 

A modo de epílogo sobre las emanaciones de la Web 2.0 en medicina

Es indudable que también en medicina la nueva Red es una revolución9, pero es una revolución en la que todavía se están explicando y divulgando conceptos como el fenómeno Twitter, la blogosfera, etc. Las consecuencias de lanueva web en medicina son, en principio, imprevisibles, sus aplicaciones están apenas comenzando, gran parte de lo que aquí se explique quedará obsoleto en poco tiempo... Igual que pasó al principio de la Web 2.0, es mejor  describir algunos ejemplos que intentar explicarlos. Es lo que intentamos hacer en este monográfico de la revista AMF.

 

A pesar de lo que ha leído, no deje la lectura de este número para otro momento, no deje de intuir las posibilidades de aplicar este mundo vibrante y nuevo en la atención sanitaria. Es como una nueva frontera donde encontrará de todo: grandes oportunidades, muchas ideas, gente inteligente, propuestas útiles y renovadoras, espíritu de colaboración, pero también gentío de vida alegre, pendencieros, estafadores y fantasmas, muchos fantasmas. Solo tiene que comenzar a explorarlo con los artículos que se ponen a su disposición como un mapa incompleto, pero seguro, de este nuevo mundo.

 

¡Bienvenido a la jungla!

 

Bibliografía

  1. Merino M, Bravo R. Web 2.0: otra manera de estar en Internet. Rev Pediatr Aten Primaria. 2008;10(38):339-55.
  2. Van de Belt TH, Engelen LJLPG, Berben SAA, Schoonhoven L. Definition of Health 2.0 and Medicine 2.0: a systematic review. J Med Internet Res. 2010;12(2):e18.
  3. Christensen CM. The Innovator’s Dilemma: When New Technologies Cause Great Firms to Fail. Boston: Harvard Business Press; 1997.
  4. Stein JD. Jay Parkinson, The Doctor Is In (Well, Logged In). New York [Internet]. 19 de marzo de 2013 [citado 8 de julio de 2013]; Disponible en: http://www.nytimes.com/2013/03/21/fashion/jay-parkinson-the-doctor-is-in-well-logged-in.html
  5. Parkinson J. Jay Parkinson’s medicine 2.0 [Internet]. [citado 8 de julio de 2013]. Disponible en: http://poptech.org/popcasts/jay_parkinsons_medicine_20
  6. Larraya I. Quantified self y el panel de salud personal [Internet]. Iñaki Larraya Innovando En Salud. 2012 [citado 8 de julio de 2013]. Disponible en: http://ilarraya.com/2012/10/08/quantified-self-y-el-panel-de-salud-personal/
  7. Dans E. Un año de quantified self [Internet]. El Blog Enrique Dans. 2013 [citado 8 de julio de 2013]. Disponible en:http://www.enriquedans.com/2013/05/un-ano-de-quantified-self.html
  8. Mateos C. Por qué quiero que mi médico esté en Twitter [Internet]. Comun. En Salud Un Blog Com Salud. 2013 [citado 8 de julio de 2013]. Disponible en: http://comsalud.es/web/blog/2013/05/29/por-que-quiero-que-mi-medico-este-en-twitter/
  9. Giustini D. How Web 2.0 is changing medicine. BMJ. 23 de diciembre de 2006;333(7582):1283-4.

[a] MEDFAM-APS es una lista de distribución creada hace más de quince años, dedicada a la Atención Primaria de Salud (APS), que ha pretendido ser un lugar de encuentro, intercambio de opiniones y divulgación de iniciativas, sobre temas que afecten a la APS en cualquiera de sus aspectos, tanto clínicos, comunitarios, organizativos o de investigación).

[b] Prescripción Prudente (prescripcionprudente.wordpress.com), es una iniciativa surgida de un grupo de profesionales sanitarios del Sistema Nacional de Salud, independientes, sin patrocinio alguno, cuyo máximo interés es difundir los principios de prescripción prudente, segura o conservadora.

[c] Klout es una herramienta gratuita que mide la influencia social que tiene una persona a través de las redes sociales a las cuales pertenece. Esta influencia se ve reflejada en una puntuación basada en diversos factores que son medidos por esta herramienta.

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