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Editorial
La tentación de tratar enfermedades banales
José Luis Quintana Gómez
Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria
CS Greco. Getafe. Madrid
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«La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.» Esta definición forma parte del Preámbulo de la Constitución de la Organización Mundial de la Salud (OMS), escrita en Nueva York del 19 de junio al 22 de julio de 1946, y entró en vigor el 7 de abril de 1948. No ha sido modificada desde entonces. Esta descripción de la salud solo se le puede «perdonar» a la OMS porque va camino de los 65 años de vida, y el mundo ha cambiado mucho desde entonces. Sin duda, en su momento, estuvo cargada de buena voluntad y ofreció un marco conceptual en el que entraban otros términos distintos a los que se manejaron hasta entonces. Pero, indudablemente, también ha servido para entender como enfermedades cosas que no lo son. Una ruptura sentimental en un adolescente de 16 años impide el bienestar físico, psíquico y social, y no deberíamos calificarla como enfermedad.

 

Los médicos somos entrenados en las facultades para actuar. En nuestro ideario, ante el paciente que sufre, no podemos permanecer quietos. Esta es una de las explicaciones de por qué nos es mucho más sencillo poner medicación que no hacerlo o incluso retirar la ya prescrita. La actitud desprescriptora1 debe formar parte de nuestra práctica habitual, pero cuadra mejor indicar medicamentos con nuestro esquema mental.

 

Lo que hace realmente poderosa esta profesión no es otra cosa que la capacidad de decidir quién está sano o enfermo o, lo que es peor, preenfermo. Esto es especialmente delicado en lo concerniente a salud mental, en donde se definen comportamientos normales y anormales. No hay más que ver la polémica que genera el, aún no publicado, DSM V (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders en su 5.a edición). La controversia ha llegado incluso a los medios de comunicación no sanitarios2. Nuestra presencia en la vida cotidiana es tal que parece insensato comer o beber sin supervisión médica.

 

Si a esto se añade que, cada vez más, en nuestra sociedad preferimos tener una enfermedad que tener un problema o una limitación, he ahí las cuatro patas que sustentan la «medicalización» de lo cotidiano.

 

El remate del cuadro son los intereses de los fabricantes de fármacos por vender medicamentos, ya no solo a los enfermos, sino a los preenfermos y sanos.

 

Una de las quejas más extendidas entre los médicos de familia es «mi consulta está llena de nimiedades». Y es cierto. La patología banal inunda las consultas de Atención Primaria, pero no es menos cierto que nuestra actitud, con frecuencia, no es la de intentar mejorar la situación, sino incluso la de promoverla. Si ante la rozadura de un zapato, en un paciente sano, solicitamos a la enfermera que le cure, habremos sugerido a los pacientes sanos que las erosiones cutáneas precisan ser valoradas por sanitarios. Por lo tanto, en la siguiente ocasión que el paciente se vea ante igual circunstancia, volverá para ser atendido. Si cuando un paciente consulta por infección respiratoria leve se prescribe, por sistema, paracetamol, los pacientes aprenderán que las infecciones respiratorias se tratan con analgésicos, como en su tiempo pasó con la amoxicilina. ¿Por qué reaccionamos así y luego nos quejamos de las consecuencias? La respuesta es compleja. A continuación se intenta esbozar algunos condicionantes.

 

Tratamos situaciones normales. Ya se ha citado el caso no tan raro de adolescentes que acuden solos o son acompañados por la familia a la consulta porque han roto con su pareja. También vienen universitarios que están nerviosos y cansados en temporada de exámenes. Realmente son personas que sufren y nos sentimos compelidos a «hacer algo». ¿Qué sabemos hacer? Sabemos hacer de médicos, y en cuanto nos ponemos a la tarea, es fácil acabar dando tratamientos y fármacos. Con esto se cierra un peligroso círculo: si uno sufre, es cosa de médicos..., o incluso, si sufre es por falta de fármacos. Así pues, en la siguiente e inevitable crisis vital, el paciente volverá a la consulta.

 

Puede que nos guste sentirnos imprescindibles. Tratando problemas que evolucionarán favorablemente sin nuestro concurso conseguimos el agradecimiento y la adhesión de pacientes. A veces corremos el riesgo de entender la atención sanitaria como los prelados entienden el «pastoreo» (que, según el diccionario de la Real Academia Española, significa: «cuidar vigilantemente de sus fieles, dirigirlos y gobernarlos»). Intervenir con fármacos en enfermedades banales y autolimitadas es casi un éxito garantizado de su tratamiento..., salvo por los temibles efectos secundarios de la medicación superflua.

 

Nos sentimos impulsados a «quedar bien» o a cumplir las expectativas de los pacientes. Vivimos un tiempo en que los pacientes, más que a curarse, acuden a ser curados, a que el médico les cure. Seguramente, si supiesen la utilidad del paracetamol en las infecciones respiratorias de vías altas, preferirían los pañuelos de papel a los medicamentos. Deberíamos rescatar la honestidad de insistir en que muchos problemas se curarán con o sin médico, sin alarmismo ni intervencionismos innecesarios. La «medicalización» de lo normal y lo cotidiano ha venido mal a los sistemas sanitarios y a los pacientes. Acudir al médico cuando se está realmente enfermo es un acierto, y hacerlo cuando no se está puede ser peligroso. El concepto de prevención cuaternaria3 parte de esta idea.

 

Una consulta llena de problemas que se resolverán solos y de trámites burocráticos garantiza tranquilidad al profesional que la dirige, pero corre el riesgo de dejar fuera a los verdaderos enfermos. No solo por la dificultad de acceder a consultas saturadas, sino también por la necesidad de derivar a esos pacientes a otro nivel donde haya tiempo para tratarlos.

 

Más de la mitad de la medicina, sobre todo en AP, se debe hacer hablando. Explicando al paciente lo que le ocurre, la necesidad o no de intervenir, mostrarle la posibilidad de esperar y ver, devolviéndole la responsabilidad. Debemos hacerle saber honradamente las posibilidades de resolución espontánea, las probabilidades de salir de un problema menor por sí solo, y ofrecerle ayuda si así no sucede. Lo que ocurre es que esto necesita tiempo en la consulta, la introducción de la Atención Primaria en la formación universitaria y la humildad como elemento clave de la profesión. Hay que resaltar en la formación de los médicos la importancia de la comunicación con los pacientes y las ventajas de la actitud expectante. Para eso, nadie mejor que los médicos de familia.

 

Bibliografía

  1. Le Couteur D, Banks E, Gnjidic D, McLachlan A. Deprescribing. Aust Prescr. 2011;34:182-5.
  2. Luna P. BBC Mundo. ¿Estamos todos locos? [Internet]. [Consulta: 19 de febrero de 2013]. Disponible en: http://www.bbc.co.uk/mundo/ciencia_tecnologia/2010/08/100804_estamos_todos_locos_pl.shtml
  3. Gérvas J, Gavilán E, Jiménez L. Prevención cuaternaria: es posible (y deseable) una asistencia sanitaria menos dañina. AMF. 2012; 8(6):312-7.
Comentarios
AMF Semfyc | 22-07-2013
Respuesta del autor:“Gracias a todos por vuestras opiniones y por las aportaciones que mejoran mi escrito.”
SUSANA CANO | 14-07-2013
cuanta rezon tienes,es la pura realidad
AMF Semfyc | 04-06-2013
Estimado Marcos. El comité de redacción ha considerado su propuesta y dejamos el artículo en abierto. Muchas gracias
MARCOS MARGARIT | 03-06-2013
Muy buen artículo. Este debería estar en abierto y con la posibilidad de compartirlo en las redes sociales para que llegue a más gente. Creo que somos muchos los que pensamos así, y hacen falta que cosas como estas se lean para aglutinarnos y producir un cambio...
JOSE JAVIER BLANQUER | 23-05-2013
Excelente editorial gracias por mostrar el camino
Maria Antonia Flores | 18-05-2013
gracias por poner negro sobre blanco lo que pensamos muchos médicos.
Dan Marian Oltean | 01-05-2013
http://youth.pumch.cn/sites/default/files/sharefile/62/2011/02/how_doctors_think_pdf_11467.pdf
Dan Marian Oltean | 01-05-2013
Muy buen artículo. "Don't just do something, stand there." (Dr. Linda A. Lewis)