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Editorial
Y la mitad no lo sabe...
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Desde hace años, asistimos a una especie de competición sobre el diagnóstico de enfermedades, factores de riesgo o malestares en la población. Se trata de poner de manifiesto que la mayoría de los problemas de salud no están diagnosticados: quienes los padecen ni siquiera lo saben… Así, a menudo leemos o escuchamos que «la mitad de la población no sabe que sufre tal problema de salud» o que «más de un tercio de los enfermos de «...» no conocen su diagnóstico». En ocasiones, esas afirmaciones añaden una velada (o explícita) crítica a los médicos de familia por tamaño desastre.

 

Los promotores de esa «competición» acostumbran a ser especialistas en la enfermedad «desconocida» o empresas interesadas en aumentar el número de personas diagnosticadas de ese problema. Las empresas con ese interés son variadas: venden fármacos para la enfermedad en cuestión, disponen de tecnología o productos que supuestamente sirven para prevenirla, diagnosticarla o tratarla. También pueden ser empresas de servicios sanitarios privados que buscan nuevos clientes. La difusión de estos mensajes se hace con la inestimable colaboración de los medios de comunicación, que creen ciegamente en el mensaje o cobran por difundirlo.

 

El pasado 28 de diciembre se publicó nuestro ya tradicional artículo de tan señalada fecha1. En él se ponía de manifiesto lo fácil que es encontrar muchos «... y la mitad no lo sabe» en la prensa escrita, la información digital o los programas y anuncios de televisión. En dicho artículo, con sana ironía, se ponía de manifiesto cómo la suma de «tanta» enfermedad «desconocida» nos llevaba a la conclusión de que es prácticamente imposible estar sano.

 

La tozuda realidad, sin embargo, contradice esa preocupante falta de diagnóstico. Felizmente, ni los ciudadanos se sienten tan enfermos2, ni los datos epidemiológicos de los registros clínicos confirman tanta enfermedad3.

 

Extender la idea del infradiagnóstico crea las condiciones para aumentar la búsqueda del problema. Esto implica más visitas y más pruebas, con un aumento de la actividad sanitaria, la medicalización y la yatrogenia. A menudo se aprovecha también para incrementar los recursos sanitarios en servicios hospitalarios especializados, con la excusa de que la Atención Primaria (AP) ha demostrado no estar a la altura o no disponer del tiempo suficiente para hacerlo. Desgraciadamente, a pocos se les ocurre la solución de dotar a la AP de ese tiempo del que supuestamente carece.

 

La estrategia de «vender» infradiagnóstico se asocia a menudo con una mayor laxitud en los criterios diagnósticos, que provocan la consideración de nuevos pacientes afectados. Disminuimos límites, aumentamos prevalencia. El ciclo perverso se cierra con el incremento de prescripción para esos nuevos pacientes por fin diagnosticados.

 

Hemos completado los tres estadios de la medicalización: criterios diagnósticos más amplios, aumento de prevalencias e incremento de prescripción4-6.

 

Por si fuera poco, no solo provocamos un mayor sentimiento de malestar en la población, sino que no conseguimos ni disminuir la mortalidad ni los años de vida sin discapacidad. En cambio, sí aumentamos la actividad sanitaria, con el consiguiente incremento del gasto. Además «etiquetamos» al paciente, «lo enfermamos», con los consiguientes efectos adversos sobre su salud.

 

Atajar de forma firme la idea de que no diagnosticamos tanto como deberíamos sería una mejor forma de hacer sostenibles los sistemas sanitarios. En lugar de buscar a tanto enfermo desconocido, deberíamos centrarnos en cuidar bien a quienes realmente sufren. Sería mucho más eficiente y sano que los recortes sin criterio, las injustas e inútiles barreras en la accesibilidad y los perversos copagos.

 

Además de quienes lo promueven (esencialmente médicos especialistas e industria sanitaria), otros actores del sistema sanitario tenemos responsabilidad en resolver cuanto antes el problema:

 

  • Nosotros mismos, los médicos de familia, usando prudentemente nuestro prestigio entre los ciudadanos que atendemos: comprensión hacia sus peticiones mediatizadas por el bombardeo de información que reciben, pero asertividad basada en la ciencia para explicar y decir «no» cuando sea necesario. Sin olvidar nuestra responsabilidad en denunciar la situación y colaborar a crear la necesaria conciencia social para revertirla.
  • Los responsables sanitarios, que, en beneficio de la sostenibilidad de los servicios públicos, tienen que velar por:
    • Evitar que los medios de comunicación promuevan la sensación de infradiagnóstico cuando no esté suficientemente contrastada. Seguir permitiendo que ocurra en los medios públicos casi tiene delito7.
    • Evitar que los profesionales propaguen informaciones inexactas o interesadas al respecto.
    • Poner límites a la propaganda relacionada con la salud (alimentos, enfermedades, actuaciones sanitarias…) en los medios de comunicación, asegurando su veracidad y que no se transmitan prácticas medicalizadoras.
  • Los medios de comunicación, que deben evitar la información sesgada, contrastando mejor sus noticias y no permitiendo que los anuncios contengan inexactitudes o simples mentiras o pretendan pasar por información sanitaria fidedigna.

 

Tenemos evidencias de que mucha medicina es sinónimo de poca atención8, pero pocas son las iniciativas que buscan resolver el problema, aunque algunas sean ciertamente originales y alentadoras9.

 

Quizás deberíamos concluir que «por suerte, y esperemos que por mucho tiempo, la mitad no lo sabe…».

 

Bibliografía

  1. Comité de Redacción. Y la mitad no lo sabe... AMF Diciembre. [Internet.] 2015. Disponible en: http://amf-semfyc.com/web/article_ver.php?id=1500
  2. Instituto Nacional de Estadística. Encuesta europea de salud en España 2014, nota de prensa. INE. [Internet.] 2015 [consultado 21 de diciembre de 2015]. Disponible en: http://www.ine.es/prensa/np937.pdf.
  3. Fábregas M, Medina M. Cuaderno del médico de familia. AMF 2014; 10(10): 7-634.
  4. López A. El marketing sanitario o la realidad y el deseo. AMF 2015;11(6):312-31.
  5. Meneu R. Las «no enfermedades». AMF. [Internet.] 2005;1(3):123-4 [consultado 21 de diciembre de 2015]. Disponible en: http://amf-semfyc.com/web/article_ver.php?id=792.
  6. Merino FMA, Miguel F, Sanz R. Yo medicalizo, tú medicalizas, él…: reflexiones y propuestas. AMF 2005;1(5): 269-78.
  7. TV3. L’espot de la Marató 2015. [Internet.] [consultado 21 de diciembre de 2015]. Diponible en: http://www.ccma.cat/tv3/alacarta/programa/lespot-de-la-marato-2015/video/5560542/
  8. Glasziou P, Moynihan R., Richards T. Too much medicine; too little care. BMJ 2013;347:f4247.
  9. Fabiani F. DesEnfermando. [Internet.] 2015. [consultado 21 de diciembre de 2015]. Diponible en: https://mediblogdefamilia.wordpress.com/2015/12/10/desenfermando/
Comentarios
Isabel López | 06-07-2016
Estoy de acuerdo con matices, la información siempre es buena. El meter miedo y recomendar miles de pruebas por si.. pues no.