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El relato
Meditaciones en la recta final
Sandra Romero Castro
Mir 4.º año de Medicina Familiar y Comunitaria
CS Adormideras. La Coruña
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Para presentarme, os diré que soy sólo una más de todos los mir de Medicina de Familia que este año se encuentran en la recta final de su residencia; algunos lo habéis vivido ya y otros lo viviréis, pero creo que hay sensaciones y sentimientos comunes que permanecen perennes al paso del tiempo y las generaciones, aunque sea imposible plasmar en un papel todas las experiencias que hemos tenido a lo largo de estos cuatro años.

 

Aunque aún faltan algunos meses para acabar y convertirnos por fin en médicos especialistas, veo el final ya muy cerca. Ésa es una de las impresiones que tengo desde que he empezado la residencia, que el tiempo pasa volando. Ves ya muy lejano aquel día en el que muchos de nosotros nos instalamos en una ciudad nueva, enfrentándonos al reto de adaptarnos a ella, de establecer nuevas amistades y de salir del hermético mundo de la facultad para adentrarnos en la vida de «trabajadores». Atrás se queda un camino de esfuerzo con 6 años de facultad y un MIR (sin olvidar la diversión universitaria) para dar paso a un nuevo reto: convertirte en médico de familia. Ahora se ve muy remota aquella primera guardia donde no sabíamos ni qué preguntarle al paciente y éramos presas de muchos temores. Temores que ahora se han transformado en otros nuevos, pues estamos cada día al frente de una consulta que nos genera continuas dudas y problemas, pero también satisfacciones y motivaciones nuevas.

 

A lo largo de estos meses en el centro de salud han pasado por mi cabeza muchas cosas y se han apoderado de mí sentimientos tan dispares como la satisfacción, la incertidumbre y un clásico: el miedo. Satisfacción por haber superado esta etapa, que considero una verdadera experiencia vital. Incertidumbre sobre qué va a pasar al terminar y dónde continuará mi carrera como joven médico de familia en un momento en que no corren buenos tiempos para la mayoría de profesionales de este país. Nuevos retos profesionales que en ocasiones no son compatibles con los personales. Y el miedo a no estar tutelado nunca más, a las nuevas responsabilidades, a aburrirte, quemarte, estancarte...

 

Una de las mejores sensaciones que he vivido al llegar al centro de salud después de estar rotando 3 años por el hospital es el sentir que estoy por fin en mi servicio. Las personas que trabajan en él se han convertido en estos meses en mi pequeña familia, con el tutor a la cabeza. Docencia, comprensión, ánimo y crítica constructiva resultan muy necesarios, y considero que los tutores influyen definitivamente en la visión que vas a tener no sólo de tu consulta este año, sino de la Medicina de Familia en general. Tanto su forma de trabajar como su forma de ser van a influir en la percepción que vamos a tener de nuestra especialidad, y por eso considero que es la elección más importante que se hace en toda la residencia.

 

La mayoría de los pacientes, en un principio, no te lo ponen tan fácil como tus compañeros y se muestran muy reacios a que no los vea su médico habitual en la consulta; porque ya sabe sus problemas, porque te ven demasiado joven, porque se fían más de él o ella… Cualquier excusa es buena, y en ocasiones tienes que agudizar tu ingenio y echar mano de mil argucias para que te acepten, que suele ser lo habitual. Es parte del rol de R4 aguantar esas pequeñas embestidas del inicio. En este momento me viene a la memoria una paciente a la que después de interrogar, explorar, diagnosticar y tratar se le ocurrió decirme: «Yo, la verdad, no sé por qué me atiende la matrona. ¿Me va a llamar mi médico después?», o el doloroso comentario «¿Tú estás de prácticas, no?».

 

Los pacientes te cuestionan, te desconciertan, en ocasiones se ponen pesados…, pero también te necesitan y agradecen nuestra atención, y, al fin y al cabo, son nuestra fuente de inspiración para seguir mejorando cada día y el motivo por el que la mayoría de nosotros hemos escogido esta profesión. Un trabajo que, aunque muchos lo puedan pensar, no es «cómodo». Ser un buen médico de familia exige un gran esfuerzo y dedicación, así como compromiso con el paciente y también con su entorno. Considero que la figura del médico de familia adquiere una creciente importancia en nuestro saturado sistema sanitario por su función de «filtro» ante la demanda de atención especializada a otros niveles y para contener esa demanda. Y para ello es fundamental conseguir una buena relación médico-paciente, pues será ésta nuestra arma más potente en la consulta.

 

La Medicina de Familia es, sin duda, la especialidad donde más contacto se tiene con el propio paciente y su entorno. Y eso muchas veces nos hace difícil la tarea de ver el problema desde fuera como meros espectadores y decidir cómo resolverlo sin que esas historias no te impregnen. Obviamente, es imposible crearse una coraza de tal magnitud.

 

Quedan escasos meses de residencia y la meta está cada vez más cerca. Una vez alcanzada, no sólo vamos a ser poseedores de conocimientos, sino también de recuerdos y anécdotas que siempre quedarán en la memoria. Aquel drogadicto al que le arreglamos las gafas con cinta adhesiva en la propia consulta para que pudiera pasar el psicotécnico, aquella mala noticia que dimos a ese paciente que desprendía vitalidad, aquel aviso de exitus inesperado, la maltratada que nos dio las gracias por ayudarle a salir de su depresión y nos cuenta que ahora sí existe la vida para ella…; tantas y tantas historias, todas con nombre y apellidos. Estamos llegando a la meta, que a la vez es el inicio de una nueva carrera en la que empezar a ser lo que más nos gusta: médicos de familia.


AMFj2012;1(3):6
AMF 2012;8(6):1721 | ISSN (Papel):1699-9029 | ISSN (Internet):1885-2521
Comentarios
Irene Veganzones | 03-12-2012
Hola Sandra! Me he sentido identificada en cada uno de los puntos que ibas narrando. Por lo que he podido ver, las inquietudes, las preocupaciones e incluso los sentimientos son muy similares en ambulatorios que se encuentran a 900km de distancia. Felicidades y mucha suerte!Irene Veganzones. R4 MFyC Manresa, BCN.