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El relato
Ensoñaciones en La Cabecera
Irene Fernández Peralta
Residente de 3er. año en Medicina Familiar y Comunitaria
CS Almanjáyar. Granada
En representación de La Cabecera.
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¿Qué es La Cabecera?

La Cabecera es una iniciativa que empezó con un grupo de residentes de Medicina de Familia y que ha nacido este año con la intención de transmitir a profesionales sanitarios y a la población cuáles son los atributos que creemos que deben caracterizar a nuestro sistema de Atención Primaria (AP) y por qué consideramos que se tienen que defender.

 

Escribimos este texto para contar a los lectores nuestro recorrido previo, compartir las razones que nos llevaron a diseñar este proyecto, y hablar sobre nuestros deseos y ensoñaciones hacia la APa.

 

Caminos distintos, contextos parecidos, destinos comunes

Es difícil elaborar una autobiografía colectiva. Somos un grupo de residentes de edades muy parecidas y a los que, por lo tanto, nos ha inspirado un mismo (o parecido) contexto. Algunos ya nos conocíamos. De otros habíamos oído hablar. Unos pocos nos conocimos recientemente, ignorando nuestra existencia previa.

 

Los primeros cabos comenzaron a atarse durante la carrera de medicina. Por un motivo u otro (interés en la influencia de la industria farmacéutica, en los sistemas sanitarios, por la cooperación, o por un intercambio cultural...) muchos de nosotros tuvimos relación con asociaciones estudiantiles durante nuestra formación. Este hecho supuso un importante punto de inflexión en nosotros porque empezamos a relacionarnos con muchas personas y a intercambiar ideas de forma vertiginosa. Y creo que sirvió como escudo de protección frente a una formación en la que se perpetúa la transmisión de juicios de valor sobre el estatus del paciente, con escaso espíritu científico. Con el resultado eterno de que las personas son las que se tienen que adaptar a la medicina.

 

La decisión de especializarnos en Medicina de Familia no fue homogénea. En mi caso particular no contemplaba esta opción hasta que no llegó quinto de carrera. En aquel momento, y gracias al tejido asociativo del que hablaba antes, colaboré en la organización de unas jornadas sobre autonomía del paciente y Atención Primaria. Se llamaban «Dueño de mi salud»1. Entablamos muy buena relación con los ponentes, que nos hicieron reflexionar sobre cómo queríamos que fuese la medicina, y luchar por esa idea.

 

Esta idea se perfiló aún más cuando, en diciembre de 2011, en sexto de carrera, roté durante una semana en el Centro de Salud de La Chana. Me enamoró la clínica, la insaciable curiosidad científica, y un modelo de gestión que lanzaba una respuesta contundente al argumento de la burocratización del médico de familia: vi que se puede sacar la cabeza del maremágnum de la burocracia. Otras personas de mi curso experimentaban lo mismo. Las expectativas sobre esta rotación ya existían, porque el boca a boca y las habladurías de promociones superiores la convertían en un acontecimiento esperado. Nuestras conversaciones de cafetería lo confirmaban: cada semana alguien comentaba su asombro al ver algo completamente nuevo y estimulante en un escenario, el centro de salud, tan olvidado por los estudiantes.

 

Al terminar la carrera, te alegraba saber que alguien a quien conocías contemplaba la especialidad como una opción. Solo una parte de ellos la escogieron, pero con todos compartimos una visión común de la medicina. Los cabos sueltos continuaron atándose cuando empezamos nuestra formación especializada, y cerrábamos círculos de conocidos con los amigos de nuestros amigos. Paralelamente abríamos nuevos círculos conociendo a gente completamente nueva que había elegido especialidad en tu ciudad. Y más adelante, en cada congreso o encuentro al que acudías, se iban incorporando a tu biografía caras nuevas.

 

Cada historia individual ha tenido su fuente de inspiración. Unos padres, unos amigos, una lectura, una experiencia vital... El intercambio de ideas continúa. Los cabos, por supuesto, no se han terminado de atar y aún tenemos que cruzarnos con otras muchas trayectorias vitales.

 

Razones para dar cabezazos

Un acontecimiento que se podría definir como el pistoletazo de salida fue la editorial de Lancet del 26 de julio de 2014:Making primary care people-centered: a 21st century blueprint2. Nos quedamos atónitos al leer que nuestra visión de cómo debería ser la Atención Primaria se calificaba como anticuada. Que sería idóneo que la continuidad lo fuese solamente para el paciente crónico. Que las farmacias son el lugar a explorar para el control de los factores de riesgo y de la patología banal. Que la atención al niño y al anciano la realizasen pediatras y geriatras, respectivamente. Que el nivel asistencial secundario se instale en el centro de salud para que el paciente reciba atención especializada en él, dejando el hospital únicamente para enfermedades raras o de difícil manejo.

 

Como era de esperar, los foros de profesionales de Atención Primaria que conocemos clamaron al cielo.

 

Y es que nuestro bagaje previo había consistido en eso: lamentaciones. Nos dábamos cuenta de que cada foro de profesionales en el que participábamos terminaba discutiendo sobre la lamentable situación de la Atención Primaria en nuestro país (la nueva ley de Godwinb en este tipo de Debates). Sospechamos que esa negra perspectiva cala y se acaba convirtiendo en la carta de presentación de nuestra disciplina.

 

Nuestra sospecha se fundamenta en nuestras propias vivencias durante la carrera de medicina. También se funda en la curiosa repetición de patrones que se produjo cuando sondeamos de manera muy informal3, en la calle y en la Facultad de Medicina, a viandantes y estudiantes. Entre los aspectos negativos sobre la Atención Primaria se habló de: escaso estímulo intelectual, escasez de tiempo, o monotonía. Estas respuestas no son ninguna novedad. En una revisión sistemática, publicada en 2012 sobre percepciones y actitudes de estudiantes de medicina hacia la Atención Primaria4, se identifican, entre otras, las que ya hemos mencionado.

 

Nos llama la atención esa narrativa de calle más desarrollada en los aspectos negativos de la Atención Primaria que en los positivos. ¿Será porque realmente es así? ¿O será porque no se ha trabajado una narrativa en positivo? Si es por lo segundo, se pone de manifiesto que llegan mejor los esfuerzos por desprestigiarla que por darle valor y exigir mejoras.

 

Las palabras nos dan herramientas para pensar y actuar. Articular un discurso otorga poder porque otorga razones. Fuera de las lindes de la Atención Primaria hay una falta de narrativa. Esta no está desarrollada. Y es necesaria una narrativa basada no en una, sino en múltiples razones, para que se justifique con solidez. Que llegue bien a la calle para que la gente pida y reivindique.

 

Como no estábamos dispuestos a que la carta de presentación fuese esa visión perjudicial de nuestro sistema, quisimos contribuir. La manera de hacerlo sería elaborando un discurso cuya vertiente fuese la de los aspectos positivos de la Atención Primaria. Y que se desviase de los derroteros de «la medicina de las personas» por el hecho de que arrebata a otras especialidades de esa capacidad, eximiéndolas de la responsabilidad de dignificar al paciente.

 

¿Ensoñaciones definitivas?

Después de uno, dos, tres años de actividad asistencial, nuestros encuentros con los pacientes se han convertido muchas veces en experiencias vitales inesperadas, que te involucran a ti, pero también a tu tutor. Durante este tiempo, ves que la visión de tu tutor penetra en la tuya. Y todos esos aprendizajes diarios se mezclan cuando compartes esos relatos con tus compañeros.

 

Son enseñanzas cotidianas que no buscabas y te encontraron, y que se añaden a las enseñanzas que tú has buscado.

 

El mapa de nuestras ideas estaba más desdibujado de lo que pensábamos. Y nuestros ideales, incluyendo el de Atención Primaria, continúan conformándose, no son definitivos. Será el paso del tiempo el que enriquecerá y definirá nuestras ensoñaciones. La Cabecera es una enseñanza buscada, pero catalizará un proceso de madurez que no esperamos ni estamos buscando.

 

Bibliografía

  1. [En línea]. Dueño de mi salud. Los actores del sistema sanitario, 2011 [consultado en julio de 2015]. Disponible en: http://duenodemisalud.wordpress.com
  2. Lancet (editorial). Making primary care people-centered: a 21st century blueprint. The Lancet. 2014;384:281.
  3. Producciones Pelvis–Noticiero 1: ¿Qué opinan de la AP en la calle? [Vídeo]. Julio de 2015. [Consultado en julio de 2015] [7:44 min.]. Disponible en: http://vimeo.com/132820063
  4. Selva Olid A, Zurro AM, Villa JJ, Hijar AM, Tuduri XM, Puime AO, et al.; Universidad y Medicina de Familia Research Group (UNIMEDFAM). Medical students´ perceptions and attitudes about family practice: a qualitative research synthesis. BMC Med Educ. 2012;12:81.

 


a Si quieres saber más de La Cabecera o colaborar con nosotros, entra en http://lacabecera.org o escríbenos a lacabeceracontacto@gmail.com

b La ley de Godwin enuncia: «A medida que una discusión en línea se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno». Colaboradores de Wikipedia. Ley de Godwin [en línea]. Wikipedia, La enciclopedia libre, 2015 [fecha de consulta: 20 de julio del 2015]. Disponible en: https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Ley_de_Godwin&oldid=83696592.


AMFj2015;4(6):6
AMF 2015;11(11):1744 | ISSN (Papel):1699-9029 | ISSN (Internet):1885-2521