Secciones  
  Material adicional  
  Acerca de  
Caleidoscopio
Las confesiones del Dr. Sachs: «así es como empieza...»
Alba Martín Jiménez
Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria
CAPI Baix-a-Mar. Vilanova i la Geltrú
Elena Serrano Ferrández
Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria
CAP Ca N?Oriac. Sabadell. Barcelona
  Resultado: 
  4 votos

La medicina y el arte podrían ser dos mundos paralelos o incluso divergentes, sin embargo los dos, aparentemente distantes, confluyen y se entrelazan con frecuencia, pues sus intereses a menudo son coincidentes: la sensibilidad, la preocupación por la vida, por la muerte, por el sufrimiento y, en general, por las emociones humanas en todas sus formas, observadas y descritas sin censura ni prejuicio. El arte, en sus diferentes expresiones, puede servir de vehículo placentero para analizar nuestra profesión, sus luces y sombras. Valorar estos nexos de unión entre la medicina y el arte será el objetivo de esta nueva sección: «Caleidoscopio». Esperamos que sea  de tu interés.

 

Así es como empieza

«(...) Entro, con mi periódico o mi revista bajo el brazo. Mientras la puerta adyacente se desliza tras de mí silenciosamente, cierras con las dos manos, empujando con fuerza, la puerta interior.

 

(..) Te diriges hacia el escritorio, te sientas en el sillón de ruedas. Cierras el libro grande rojo que está abierto delante del tuyo, echas a un lado el recetario. Te giras hacia mí, posas el codo izquierdo sobre el tablón de madera pintado, levantas los ojos. Sonríes.

 

- Siéntese, por favor.

 

Mientras obedezco, me preguntas en tono condescendiente:

 

- ¿Qué puedo hacer por usted?

 

Busco las palabras.

 

Consulta

- Bueno, no sé por dónde empezar...

 

Meneas la cabeza, «Mmmmh». Te vuelves hacia las estanterías, rebuscas en una de las cajas grises. Sacas de ella un sobre marrón. Mientras te explico la razón de la visita, sacas del sobre una cartulina cuadriculada con formato de postal y la pones sobre el tablero de tu bata, desenroscas el capuchón, lo ajustas al cuerpo de la pluma, trazas una raya sobre la cartulina, marcas la fecha cerca del margen izquierdo.

 

- Bueno, pues verá...

 

Inclinado sobre la cartulina cuadriculada, escribes.

 

Al escribir te mantienes encorvado sobre el tablón de madera pintada. (...) Sin soltar la pluma, giras la cabeza hacia mí. Los cristales de tus gafas son ligeramente tintados, no sé si miras mi boca o mis ojos.

 

De vez en cuando, bajas los ojos hacia la cartulina cuadriculada y garabateas algunas palabras. A veces me interrumpes para hacer preguntas:

 

- ¿Cuándo empezó todo? ¿Era la primera vez? ¿Todos los días? ¿Durante o entre las comidas? ¿Hay días en que ya no siente nada? ¿Y por la noche? ¿Y hoy, por ejemplo? ¿Ha tomado algo para el dolor?

 

Comentas mis respuestas con un «Mmmmh» o un «Ya veo». Escribes sobre la cartulina cuadriculada, meneas la cabeza. «Sí, tiene que ser molesto».

 

Al acabar, dejas la pluma.

 

Le das la espalda al tablón de madera pintada y muestras la camilla situada a dos metros de nosotros, contra el tabique que separa la consulta médica y la sala de espera.

 

- Bueno, vamos a verlo. Le ruego que se desvista y se tumbe, si no le importa (...).»

 

Este es uno de los primeros fragmentos que podemos encontrar en un libro titulado: Las confesiones del Dr. Sachs (1998), escrito por Martin Winckler, un médico general de origen argelino que ejerció durante años su trabajo en Francia, abandonándolo después para dedicarse a la literatura. Esta obra tiene su versión cinematográfica con el mismo nombre. Ambas nos acercan, de forma complementaria, al día a día de la consulta del Dr. Sachs y sus implicaciones más allá de las cuatro paredes, tanto para el paciente-y-su-entorno como para él mismo.

 

Desde la visión centrada en el médico, nos transmite la importancia de la sensibilidad y de la empatía en el acompañamiento y cuidado de los pacientes. Y es a través de su diario personal como nos hace partícipes de su reflexión rutinaria y del intento de realizar una interpretación contextual de las diferentes narraciones que por sus manos van sucediéndose.

 

El fragmento elegido nos dibuja el comienzo habitual de nuestras consultas. Aunque haya diferencias matizables como el cambio de la pluma por el teclado, en él podríamos identificar elementos en común. Son así el recibimiento, el lenguaje no verbal en el encuentro, las percepciones de quien nos visita y la forma-el fondo de construir la narración del y con el paciente. Encuentros en los que nuestro quehacer puede tener dos caras unidas: aquella más estática y que es intrínseca al profesional y su experiencia, y otra más dinámica que depende de la interacción del paciente y todo lo que implica. Ser conscientes de esas dos caras nos puede ayudar a la atención basada en el paciente.


AMFj2013;2(2):10

AMF 2013;9(3):1848 | ISSN (Papel):1699-9029 | ISSN (Internet):1885-2521