Secciones  
  Material adicional  
  Acerca de  
Editorial
Curiosidad, sorpresa, observación
Enrique Gavilán Moral
Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria
Consultorio de Mirabel. Cáceres
  Resultado: 
  10 votos
Ver el artículo en PDF Ver el artículo en PDF Ver el artículo en PDF

«Viajar es muy útil, hace trabajar la imaginación.

El resto no son sino decepciones y fatigas.

Nuestro viaje es por entero imaginario.

A eso debe su fuerza.»

Louis-Ferdinand Céline. Viaje al final de la noche

 

Hay una etapa deliciosa en el desarrollo de los niños, entre los 4 y los 10 años, en que su curiosidad despierta. Retienen cada detalle del mundo que les rodea y se (y nos) hacen miles de preguntas sobre lo que ven y lo que intuyen. Cada día es una novedad, y con esa ingenuidad se abren paso firme buscando su propio camino. El ansia por conocer no conoce límites, la energía que emplean se retroalimenta hasta el infinito y nos convencemos de que el brillo de sus ojos durará eternamente.

 

Muchos de nosotros, quizá sin saberlo, elegimos esta especialidad porque no queremos dejar de hacernos preguntas y porque ofrece ilimitadas posibilidades de observar el mundo a través de los ojos de las personas que cuidamos. Y también, en parte, porque conservamos cierto gusto por detenernos con curiosidad en los detalles. Curiosidad en el paciente, en lo que dice y lo que oculta, en lo obvio y lo imprevisible. Curiosidad por aventurar de entre todo el torbellino de publicaciones qué artículos van a tener más repercusión en nuestro quehacer profesional. Y curiosidad por despejar las dudas que despiertan las incógnitas del día a día observando lo que ocurre a diario en nuestros lugares de trabajo y, cuando no encontramos respuestas, embarcándonos en un proyecto de investigación.

 

Los cinco sentidos

Helio me esperaba nada más llegar al consultorio. La tarde de antes se había golpeado en la cabeza al caer mientras intentaba cambiar una bombilla fundida. Ningún síntoma de gravedad, la exploración neurológica era normal, la consulta acabó rápido. A los dos días volvió: ningún síntoma nuevo y la exploración otra vez perfecta. Mientras trataba de explicar que no había motivo de preocupación, Helio, callado, cambió el semblante, se emocionó y sufrió un leve tremor en la mandíbula, apenas unos hertzios durante un par de segundos. Algo no iba bien. Exploré sus miedos y pronto me confesó que años antes su hermano se había caído en similares circunstancias y que los médicos le decían lo mismo que yo ahora, y al final tuvo una hemorragia cerebral que se lo llevó por delante. Me fui a casa enrabietado. Si en el momento en que a Helio le tembló el mentón hubiera estado mirando al ordenador o simplemente hubiera despreciado ese gesto, no hubiésemos reconducido el encuentro y se habría desvanecido la oportunidad de conocer ese aspecto de su vida que para él era el más importante en ese momento. Cuántos estremecimientos habré pasado por alto, cuántos silencios habré ninguneado, cuántas historias me he perdido.

 

La consulta está plagada de símbolos que a veces se descifran a partir de detalles en apariencia nimios. Los encuentros con los pacientes nos traen a los cinco sentidos multitud de gestos, tonos, olores, texturas, sabores, colores, palabras y silencios que se esparcen a lo largo de muchos pequeños grandes momentos que son irrepetibles1. Atender a los detalles que nos ofrece el paciente en la consulta nos permite adentrarnos en un universo fabuloso al que habitualmente no estamos invitados o que no solemos visitar. Si no sentimos la inquietud de penetrar en estos momentos, no estamos preparados para percibirlos o interpretarlos, o las condiciones de trabajo no nos permiten recibir todas estas señales, nos estamos perdiendo uno de los elementos más enriquecedores de nuestro trabajo2. En su origen latino, curiosamente, la palabra curiosidad guarda relación con cuidar y curar. Captar esos matices, tratar de interpretarlos y reflexionar sobre su alcance, además de hacernos sentir más vivos y despiertos, nos ofrece una impagable oportunidad de conocer más a fondo a nuestros pacientes y así fortalecer una relación de mutua confianza donde la empatía pugna con los mejores medicamentos por ayudar a sanar.

 

Viaje al final de la consulta

En una de mis primeras guardias atendí a Rocío, una chica joven convencida de tener una cistitis. Receloso por su seguridad, recogí una muestra de orina para analizarla con una tira reactiva que dio negativa y, equivocadamente, descarté la infección. Algunos años después, un grupo de médicos de familia holandeses se percató de que había muchas Rocíos en el mundo, y desarrollaron un estudio para analizar el papel de distintas estrategias en el diagnóstico de la cistitis en las mujeres jóvenes no embarazadas que consultan por disuria. En él, demostraron que el simple hecho de creer sufrir una infección urinaria supone más de la mitad del diagnóstico, siendo mucho más relevante que la tira reactiva3. Desde que leí este artículo, escucho más a mis pacientes y pido menos tiras reactivas. Todos salimos ganando.

 

Los dos motores de la curiosidad profesional son la necesidad de dar respuesta al sufrimiento y los problemas de salud de nuestros pacientes, y la búsqueda del progreso del conocimiento. Partiendo de estos dos retos, nos atrevemos a navegar en el mar de la incertidumbre sin importarnos apenas el esfuerzo que nos hará pagar. A partir del primero, nos vemos impelidos a plantearnos interrogantes que surgen muchas veces de observaciones de hechos particulares y en apariencia menores, pero que tienen su trascendencia; en tratar de desvelar dichas incógnitas estriba quizá la diferencia entre un profesional corriente, aunque técnicamente correcto, y otro reflexivo, cuidadoso y humanamente competente. A través del segundo, tratamos de contribuir al avance de la ciencia, sin pedir nada a cambio y solo por mera curiosidad. Es el conocimiento por el conocimiento, donde a veces el mismo viaje de la investigación alumbra más sobre las posibles respuestas que las conclusiones finales.

 

Ian McWhinney se quejaba de que los médicos de familia nos hemos dejado cegar por el fulgor de la tecnología y de la evidencia científica, y que estamos dándonos por ven­­cidos al no creer en nuestras propias posibilidades de contribuir al crecimiento de la medicina. Defendía que deberíamos exprimir al máximo las ventajas que ofrece la Atención Primaria para poder realizar lo que él denominaba «descubrimientos clínicos»: caracterizar nuevas o inusuales presentaciones de enfermedades cuya evolución pensábamos bien conocida, describir cómo se comportan los problemas de salud dentro del contexto biográfico, social y familiar en el que se mueven las personas, analizar el modo en que interaccionan las múltiples morbilidades de los pacientes con situaciones complejas, idear nuevas maniobras exploratorias o ensayar tratamientos con muestras reducidas. Teniendo como únicas reglas la capacidad de poder realizar con rigor agudas observaciones, registros válidos, clasificaciones adecuadas y análisis certeros, McWhinney estaba convencido de que se puede hacer investigación enraizada en el contexto clínico que nos lleve a notables avances en nuestro trabajo cotidiano4.

 

Debe haber cabida a las corazonadas, a las ideas alocadas, al trabajo artesanal, a la imaginación y a la creatividad. La espontaneidad y la serendipia no están reñidas con el rigor. Perdamos el miedo a investigar, rompamos barreras y complejos, y aventurémonos a viajar al final de la consulta. Y, por supuesto, observemos con curiosidad nuestro entorno y conservemos íntegra esa preciosa cualidad que tienen los niños de sentir la alegría de la sorpresa.

 

Agradecimientos

A Elena Serrano, Sendoa Ballesteros y José Ignacio de Juan, compañeros de ilusiones de la mesa AMF del Congreso de la semFYC Barcelona 2018, que lleva por título «Viaje al final de la consulta». (http://mesaamf.strikingly.com/). A Rafa Bravo, Albert Planes y Jordi Mestres.

 

Bibliografía

  1. Serrano Ferrández E. Símbolos en Atención Primaria: la mirada de lo visible y de lo invisible. AMF. 2013;9(2):62-3.
  2. Agledahl KM, Gulbrandsen P, Førde R, Wifstad A. Courteous but not curious: how doctors’ politeness masks their existential neglect. A qualitative study of video-recorded patient consultations. J Med Ethics. 2011;37:650-4.
  3. Knottnerus BJ, Geerlings SE, Moll van Charante EP, Ter Riet G. Toward a simple diagnostic index for acute uncomplicated urinary tract infections. Ann Fam Med. 2013;11(5):442-51.
  4. McWhinney IR. Why are we doing so little clinical research? Part 1: Clinical descriptive research. Can Fam Phys. 2001;47:1701-2, 1713-5.
Comentarios
Vicenta Alborch | 15-10-2018
Gracias por el entusiasmo que nos transmites. Es cierto la curiosidad por nuestr@s pacientes nos mantiene el interés por seguir a su lado. Vicenta Alborch
Luis Andrés Gimeno | 02-09-2018
Muchas gracias Enrique. Pura Atención Primaria