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Editorial
Eutanasia: ese derecho que tarda en aparecer
Pablo Simón Lorda
Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria
CS Chauchina. UGC Santa Fe. Granada
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«El viejo mundo se muere.

El nuevo tarda en aparecer.

Y en ese claroscuro surgen los monstruos.»

Antonio Gramsci

 

Parece ya bastante claro que la mayoría de los habitantes de este país desea que se complete la regulación del derecho a una muerte digna con la inclusión de la eutanasia y el suicidio asistido.1 Ha sido un largo camino desde que en 1993 Ramón Sampedro abriera un debate que desde entonces no ha cesado. Al nombre de Ramón Sampedro se han ido sumando muchos otros: Jorge León (2006), Madeleine Z (2007), Inmaculada Echevarría (2007), Daniel Mateo (2008), Andrea (2015), Luis de Marcos (2017), María José Carrasco (2019), Maribel Tellaetxe (2019) y los muchos otros y otras desconocidos que vivieron sus procesos en la privacidad.

 

En este tiempo hemos conseguido distinguir la sedación terminal y la retirada o no instauración de medidas de soporte vital de la eutanasia. Hemos reconocido el derecho a rechazar tratamientos e incorporado los cuidados paliativos y las voluntades anticipadas, y hemos regulado todas estas prácticas, aceptándolas como correctas desde el punto de vista jurídico, ético, deontológico y clínico.

 

En 2017 parecía llegar el momento de dar el último paso y regularizar la eutanasia y el suicidio asistido. La coalición Unidas-Podemos presentó un proyecto de ley orgánica sobre eutanasia en enero.2 Aunque no fue apoyado por el PSOE, finalmente este se lo reapropió para elaborar un proyecto propio, cuya tramitación sí fue apoyada por la mayoría de partidos de la Cámara. Sin embargo, los vericuetos de la política y de los intereses electorales en juego bloquearon su avance en los meses siguientes: fue sistemáticamente bloqueado en la Mesa del Congreso. Finalmente, la disolución de las Cámaras y la convocatoria de elecciones en marzo de 2019 volvieron a dejar la propuesta en barbecho.

 

Tras las elecciones y la nueva configuración de la Mesa del Congreso, el pasado 30 de julio de 2019 se aprobó finalmente la Proposición de Ley Orgánica de regulación de la eutanasia presentada por el Grupo Parlamentario Socialista.3 Pero la alta incertidumbre política, incluyendo la convocatoria de nuevas elecciones, impide asegurar que la iniciativa continúe, una vez más, su tramitación.

 

Parece, pues, que estamos en ese tiempo intermedio de claroscuros del que hablaba Gramsci. Ese tiempo donde por fin parece que el viejo mundo de las actitudes paternalistas, medicalizadoras y controladas por el absolutismo moral, en relación con las decisiones de las personas en el final de su vida, llega a su fin. Pero donde ese nuevo tiempo en que predomine una ética civil y democrática y por fin se complete la regulación del derecho a la muerte digna está tardando mucho, demasiado, en llegar.

 

En este tiempo de claroscuro, como dice Gramsci, aparecen o reaparecen los monstruos. Conviene apuntar dos. Guillermina Freniche tenía enfermedad de Alzheimer terminal. En julio de 2019, los médicos de la residencia de Málaga donde vive solicitaron al juzgado permiso para colocarle una sonda nasogástrica, cosa que sus familiares y tutores rechazaban. El juez, con el visto bueno del forense, lo aceptó.4 El auto invocaba para ello el apartado 6 del artículo 9 de la Ley 41/2002 Básica de Autonomía del Paciente. Este apartado fue añadido en 2015 mediante una Disposición Final de la Ley 26/2015, de Modificación del Sistema de Protección a la Infancia y a la Adolescencia. En él se limita la capacidad de los representantes y tutores en las decisiones de representación. Se dice que, cuando alguien considere que las decisiones tomadas son «contrarias al mayor beneficio para la vida o salud del paciente [...] deberán ponerse en conocimiento de la autoridad judicial, directamente o a través del Ministerio Fiscal». Con este apartado 6 reaparece, pues, el monstruo del control médico-judicial unilateral de las decisiones de los familiares y tutores y se rearma la vieja idea de que la vida está siempre por encima de la libertad y la dignidad; una falsa dicotomía que parecía superada. De poco servirá legislar sobre la eutanasia mientras se mantengan estas brechas en el armazón legislativo, que permiten que fantasmas como el de la obstinación terapéutica vuelvan a visitarnos. Guillermina falleció a primeros de septiembre, todavía con la sonda puesta.

 

Un segundo y preocupante «monstruo», en sentido figurado, es la ofensiva permanente del mundo de los cuidados paliativos, insistiendo en que el desarrollo adecuado de estos hace innecesaria la regulación de la eutanasia. La tesis subyacente es que si a un paciente le ofreces buenos cuidados paliativos nunca solicitará la eutanasia. Por supuesto, para este colectivo, «buenos cuidados paliativos» implica desarrollo de servicios y unidades de este tipo y contratación de especialistas en estas materias. Se oculta que los cuidados paliativos son fundamentalmente una responsabilidad de la Atención Primaria. En cualquier caso, se presume que las demandas de eutanasia emanan siempre del dolor o el sufrimiento no tratados, de la depresión o de la sensación de abandono. Bastará, por tanto, suplir o eliminar estos factores para que las personas dejen de solicitar la eutanasia. Este silogismo es sustentado por muchos colectivos médicos, colegios profesionales, partidos políticos y por la jerarquía eclesiástica. Y claro que es deseable desarrollar al máximo los cuidados paliativos y asegurar que se ofrecen a cuantos pacientes afronten el proceso final de su vida. También es seguro que muchas personas a las que se ofrezcan buenos cuidados paliativos jamás solicitarán la eutanasia. Pero no es menos cierto que habrá otras que sí la reclamen consciente y libremente, a pesar de todas nuestras ofertas paliativas; se tratará seguramente de una cuestión de dignidad personal.

 

Es evidente que habrá grupos de pacientes, profesionales o ciudadanos que no vean esta solicitud correcta, lo cual es legítimo. Pero también lo es que en las sociedades pluralistas y democráticas parece difícil evitar que las personas ganen cada vez más espacios de autonomía y libertad respecto a su vida... y su muerte. Por eso secuestrar esta opción, cuando es reclamada por la mayor parte de la ciudadanía, parece un acto de paternalismo más propio del viejo mundo que llega a su fin que del nuevo que quiere abrirse paso. Cuidados paliativos y eutanasia no deberían verse como algo opuesto o incompatible, más bien lo contrario. En países como Bélgica, la eutanasia es una opción integrada en los cuidados paliativos.

 

Llegados a este punto, en las discusiones suele invocarse entonces un segundo argumento, el de los posibles «abusos», el de la «pendiente resbaladiza». Ha sido enarbolado siempre que se ha legislado para permitir a las gentes ampliar su esfera de libertad: se invocó con el divorcio, con el aborto y, por supuesto, con la eutanasia. Se vende miedo al «desorden» para imponer así restricciones a priori a la autonomía de las personas, de las que se presume gratuitamente cierta falta de integridad moral. Pero este cataclismo jamás se ha hecho realidad en ningún país que haya legislado sobre ninguna de estas materias. Y, des­de luego, el nivel garantista del proyecto de ley presen­tado es tan elevado que hace muy difícil cualquier forma de abuso.

 

Los especialistas en Medicina Familiar, como pieza clave en la atención sanitaria pública de calidad, están llamados a ser defensores de un abordaje integral y longitudinal del derecho a una muerte digna que incorpore el respeto a las decisiones libres de las personas. Más allá de las opiniones y decisiones de cada uno, respetables y reguladas por este proyecto de ley, como colectivo profesional no podemos permanecer al margen de la evolución social, que avanza claramente, tratando de salir de este tiempo de claroscuros.5

 

Bibliografía

  1. Molina Martínez MA, Serrano del Rosal R. Regulación de la eutanasia y el suicidio asistido en España. ¿Hacia qué modelo se dirige la opinión pública? ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura. 2014;190-769:1-10.
  2. 122/000060 Proposición de Ley Orgánica sobre la eutanasia. Presentada por el Grupo Parlamentario Confederal de Unidos Podemos-En Comú Podem-En Marea. BOCG. Serie B. Núm. 77-1. 30 de enero de 2017. pp. 1-11.
  3. 122/000033. Proposición de Ley Orgánica de regulación de la eutanasia. Presentada por el Grupo Parlamentario Socialista. BOCG. Serie B. Núm. 64-1. 30 de julio de 2019. pp. 1-11.
  4. La última lucha de Guillermina. El País. [Internet.] 17 de agosto de 2019. Disponible en: https://elpais.com/sociedad/2019/08/16/actualidad/1565978685_796684.html
  5. semFYC. Sobre la presencia del colectivo médico y específicamente de la Medicina de Familia en el debate de la eutanasia (o muerte asistida). [Internet.] 17-07-2018. Disponible en: https://www.semfyc.es/sobre-la-presencia-del-colectivo-medico-y-especificamente-de-la-medicina-de-familia-en-el-debate-de-la-eutanasia-o-muerte-asistida/.
AMF 2019;15(9):500-501 | ISSN (Papel):1699-9029 | ISSN (Internet):1885-2521
Comentarios
ORLANDO ENRIQUEZ | 10-12-2019
Más rigor, por favor. ¿De dónde saca el autor las bases del enunciado de su primera frase? La bibliografía citada al respecto es escasa. Cuidado con los titulares que confunden deseos con hechos. No se ha “auscultado” adecuadamente en este país todavía la opinión al respecto. Rigor, por favor. Aunque sea en la editorial.
REGINA SANCHO | 23-11-2019
No considero que está opción sea reclamada por la mayor parte de la ciudadanía, gracias.
Angel Sánchez | 17-11-2019
Este editorial, no me parece digno de esta revista.
Juan Carlos Martín | 13-11-2019
No comparto su linea editorial. No comparto su ética y me resulta difícil entender que se nos llame a defender el " derecho a la muerte".Los médicos somos los garantes de la dignidad humana en todos los momentos de la vida, incluidos los últimos momentos.Ejercemos nuestra profesión independientemente de idearios políticos y realizamos un juramento por la vida del que su editorial se apartaNo me representanJuan Carlos Martín Delgadomédico de familia.SUAP de Liébana. Cantabria