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Enfoque comunitario en consulta
Nima Peyman-Fard Shafi-Tabatabaei
Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria
CS Amando Loriga de Caspe (Zaragoza)
Coordinador del Área de Comunicación del Programa de Actividades Comunitarias en Atención Primaria (PACAP). PACAP Aragón
Livia Manchón López
Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria
Dirección General de Salud Pública. ?Área de Salud de Badajoz
Programa de Actividades Comunitarias en Atención Primaria (PACAP). PACAP Extremadura
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Puntos clave

  • La orientación comunitaria supone un cambio de paradigma centrado en la salud considerando los determinantes sociales, la equidad, y un enfoque más allá del sistema sanitario, hacia la participación comunitaria en salud.
  • La longitudinalidad en Atención Primaria (AP) permite conocer el contexto y el entorno de los pacientes, y facilita entender sus problemas de salud. Esta contextualización (orientación comunitaria en consulta) es imprescindible para todo profesional que trabaje en AP.
  • La salud es un asunto colectivo, por lo que sus determinantes sociales tienen un fuerte impacto en la misma, más allá del sistema sanitario. Los servicios de salud deben reorientarse para abordar esta dimensión colectiva. Es fundamental la perspectiva de equidad.
  • El modelo de activos propone reorientar la mirada al contexto y centrarse en aquello que mejora la salud y el bienestar, potenciando la equidad en salud, y fortaleciendo decisiones sobre las causas de las causas.
  • La recomendación de activos en salud, saber qué recursos útiles funcionan en el territorio, puede ayudar a resolver las necesidades de salud de ma­nera integral, favoreciendo el empoderamiento de las personas.

De qué hablamos

La salud comunitaria no es solo un apellido de las especialidades de Medicina y Enfermería Familiar en el ámbito de la Atención Primaria de Salud (APS), y aunque ha pasado por diversas vicisitudes desde Alma Ata en 1978, no se han perdido la perspectiva y la necesidad de conocer la realidad en que viven los pacientes. Es más, durante los últimos 10 años, el término ha ido resurgiendo y abarca desde la mirada biopsicosocial que se debe tener al trabajar en AP a acciones para mejorar el bienestar de una comunidad1.

 

La orientación comunitaria de los servicios de salud plantea la corresponsabilidad por la salud de la comunidad con la que trabajan, en contraposición con la orientación que solo da respuesta a la demanda, el tratamiento de los síntomas y las enfermedades. Esto supone un cambio de paradigma centrado en la salud, y no en la enfermedad, que amplía el concepto de salud bajo el que se realizan los abordajes, teniendo en cuenta los determinantes sociales de la misma, la equidad, y la perspectiva más allá del sistema sanitario y hacia una necesaria participación comunitaria en salud2.

 

Entendemos por comunidad aquel conjunto de personas que comparten un contexto común de territorio, que tienen unas necesidades o demandas comunes, habitualmente en el que se aloja el centro de salud (CS) en que trabajamos, con unos servicios sociales y recursos locales asociados a dicha zona y en interrelación con la salud pública.

 

Asimismo, la salud comunitaria no es un término solo asociado a los servicios sanitarios, sino que comprende otros sectores profesionales (educación, medioambiente, servicios, etc.), instituciones y a la propia ciudadanía.

 

Actualmente se están abriendo diálogos y creando colaboraciones diversas en pro de la perspectiva comunitaria, lo que supone un reto para la organización institucional tradicional (en la que solo tenían cabida los sectores sanitario, educativo y servicios sociales). Con ello se pretende lograr un trabajo efectivo intersectorial, participativo y multidisciplinar, contando con importantes ámbitos no institucionales, como son las agrupaciones vecinales, los movimientos o las organizaciones sociales (tabla 1).

 

Orientación comunitaria de la Atención Primaria: «Pasar consulta mirando a la calle»

La visión biopsicosocial y las actividades comunitarias subrayan la importancia del contexto cultural y social. La médica y el médico de familia (MF) disponen de gran cantidad de información sobre la vida de sus pacientes, y mantienen (en condiciones ideales) una relación médico-paciente en el tiempo (longitudinal, atender durante mucho tiempo a las mismas personas)3. Para el MF, conocer el contexto de sus pacientes es importante para entender sus problemas de salud.

 

Turabián y Pérez Franco dividen las intervenciones comunitarias de AP en dos niveles: nivel básico o «microprocesos», o la contextualización comunitaria en la consulta de AP atendiendo a individuos, y el nivel avanzado o «macroprocesos», que se refiere a la contextualización comunitaria para profesionales sociosanitarios de APS que trabajan con grupos e instituciones4.

 

Cofiño et al. establecen tres niveles: individual, grupal y comunitario5, todos ellos irrenunciables para un equipo de APS. Sin embargo, aunque el grado de participación del equipo no es el mismo en todos los niveles, consideran imprescindible que todo el personal trabaje con esta orientación comunitaria. En este nivel 1 («pasar consulta mirando a la calle») es donde ya se encuentran algunos de los elementos esenciales de lo que es la APS. Y también en este nivel (y en el 2) es donde se entiende la labor específica de la enfermería familiar y comunitaria y del trabajo social sanitario desde la APS6. La orientación comunitaria en APS es un enfoque con el que abordar la consulta individual. Este enfoque debe estar presente en todo contacto profesional-paciente y su contexto, y no debe considerarse como complemento a la atención individual, sino como una atención individual contextualizada5.

 

Más recientemente, Segura del Pozo (figura 1) ha propuesto un modelo alternativo a la AP contextualizada de Turabián y Pérez Franco y a los tres niveles de Cofiño, basado en un esquema tridimensional (perspectiva, encuadre y ámbito) para construir una «cartografía comunitaria». Aunque este modelo crítico pueda explicar de manera más global el proceso de reorientación comunitario7, a efectos prácticos nos ceñiremos al modelo de los tres niveles para explicar con más facilidad la orientación comunitaria en la consulta y es el paradigma usado en el resto de este monográfico.

 

 

Caso clínico

D es una mujer de 48 años de edad. Vive con su marido JC y su hijo mayor de edad en un barrio modesto de su ciudad natal. La casa tiene unos 70 m2, con dos habitaciones, un baño, un salón y cocina. Ella trabaja como pinche de cocina en uno de los hospitales de la ciudad, y JC como repartidor por cuenta ajena. Durante el primer mes de la pandemia por la COVID-19, D se infecta por accidente en el trabajo y comienza con síntomas de la enfermedad (anosmia, ageusia, fiebre, malestar general) que por suerte ceden en pocos días, con test PCR positivo. JC comienza con síntomas leves 5 días después que ella, y también da positivo en el test PCR. Dada la situación, las tres personas convivientes (matrimonio e hijo) deben hacer aislamiento hasta pasados 14 días del test PCR negativo del último de los cónyuges. Esto los lleva a un aislamiento estricto entre ellos y sin poder salir de casa durante 45 días. Por suerte, un familiar les lleva la compra a casa.

La vivienda cuenta con ventanas al exterior solo en el salón y una de las habitaciones, y da a un patio común de su edificio. JC cobra por día trabajado, por lo que cada día que está de baja laboral por la enfermedad, tiene pérdida económica. El hijo de ambos está opositando y ahora no trabaja. JC comienza con sentimientos de tristeza durante su encierro, pero mejora al retomar la actividad laboral. A pesar de la curación de sus síntomas, D comienza cada vez a estar más deprimida, no se quiere arreglar, presenta ansiedad, abulia y anhedonia, y tiene miedo a salir a la calle y a ir al supermercado cuando finalmente termina el aislamiento.

Diagnósticos

Trastorno de estrés postraumático en D, síntomas depresivos en JC.

Abordaje

Tras insistir en la empresa, se tramita la baja laboral para JC para proteger al trabajador. Se realizan llamadas semanales para el seguimiento familiar de los tres convivientes, alguna videollamada cuando se acuerda entre profesional y familia. Se mantienen contactos semanales durante 2 meses con D, con seguimiento conjunto con psicoterapia telefónica del servicio público de salud (instaurado por la unidad de salud mental para trabajadores durante la pandemia), con exposición paulatina a diversos contextos para ir superando el estrés que le provoca. Se concierta una consulta presencial con D cuando finaliza el aislamiento.

Cuatro meses después del aislamiento por coronavirus, consigue afrontar la incorporación laboral.

Determinantes sociales de la salud

Los determinantes sociales de la salud (DSS) son las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen8, y tienen un fuerte impacto sobre la salud, mucho mayor que el sistema de salud del país que habitan9. De esta forma, dentro de un mismo país puede haber diferencias enormes en el estado de salud estrechamente vinculadas con el nivel socioeconómico y las condiciones de vida10.

 

  • Tradicionalmente, la sociedad ha esperado que el sistema sanitario se ocupe de las cuestiones que afectan a la salud y de las enfermedades. Indiscutiblemente, la mala distribución de la atención de salud, es decir, el hecho de no prestar asistencia sanitaria a quienes más lo necesitan11, es uno de sus determinantes sociales. Pero la elevada carga de morbilidad causante de índices de mortalidad prematura terriblemente elevados se debe, en gran parte, a las condiciones en que muchas personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen. Se calcula que cuando hablamos de salud solo un 15% depende del sistema sanitario y un 40% depende de las conductas de salud (es decir, de las acciones individuales). Otro 40-45% se relaciona con los factores socioeconómicos12. Estos dos ámbitos, a su vez, están estrechamente relacionados, pues las conductas de salud están fuertemente influenciadas por los factores socioeconómicos y del entorno13.

 

La importancia de los determinantes sociales convierte la salud en un asunto colectivo, lo que tiene dos implicaciones. La primera es que, a pesar de que los servicios sanitarios pueden mejorar la salud, esta no es consecuencia de la sanidad, sino del conjunto de sus determinantes, uno de los cuales, pero no el único ni el más importante, son los servicios de salud. La segunda, que los servicios de salud deben reorientarse para incorporar las dimensiones colectivas de la salud y para dirigirse a los determinantes modificables desde su ámbito de responsabilidad social14. Este hecho implica cambios, no solo en la dimensión colectiva de los servicios de salud, como la coordinación entre la atención clínica y la salud pública y la coordinación intersectorial, sino en su dimensión individual, como el trabajo interdisciplinar, la lucha contra la medicalización de la vida15 y el enfoque de la AP, basado en el modelo biopsicosocial y salutogénico16,17, e incorporando la orientación comunitaria.

 

En el caso clínico expuesto, desempeñan un importante papel varios DSS alojados en distintas capas del diagrama de Dahlgren y Whitehead8, pues las condiciones de vivienda, de trabajo o el ambiente laboral son cruciales para la mejoría del bienestar emocional y el afrontamiento de la propia enfermedad en la familia. Obviarlos no haría más que enlentecer o dificultar la recuperación y, además, se han visto agravados por la situación actual de pandemia por coronavirus18. Asimismo, con un abordaje amplio y contextualizado de los problemas que presentan, y ofreciendo soluciones alternativas (como el seguimiento telefónico o el abordaje multidisciplinar con salud mental), se trata de no medicalizar situaciones de la vida15, todo ello compatibilizado con el tiempo de consulta. En la figura 2 se muestra un ejemplo de campaña sobre no medicalización de la Junta de Extremadura realizada en 2014.

 

El registro en la historia clínica de los códigos Z, que corresponde con la codificación de los problemas sociales de la Clasificación Internacional de Atención Primaria CIAP-25,15, ayudará a tener una visión más global del problema. Habitualmente, dichos códigos están infrarregistrados, observándose un gradiente inverso, de forma que a mayor nivel socioeconómico se registran con menor frecuencia19.

Equidad en salud

Como resultado de políticas en salud basadas en el mercado, y que merman el acceso a los cuidados que las personas necesitan atendiendo a su morbimortalidad, se produce el fenómeno de la ley de cuidados inversos11,20. En esta situación, los pacientes con condiciones de menor nivel socioeconómico con mayor multimorbilidad son quienes reciben menor asignación de recursos (técnicos, económicos, de tiempo en consulta, empatía, etc.), pues suelen tener problemas más complejos que exceden de lo puramente biomédico y afectan a la esfera psicosocial, laboral, económica, etc. Además, producen un mayor desgaste en el personal sanitario que atiende a estas personas. Sin embargo, en aquellas zonas más prósperas se realiza una mejor atención médica, más sencilla en cuanto a la entrevista y desgaste emocional, y el paciente tiene acceso a múltiples recursos de salud: conocimientos, intereses, tiempo, facilidad económica, etc. Este hecho no hace más que incrementar la brecha de la desigualdad e inequidad.

 

Justamente, y para evitar la ley de cuidados inversos, se debe aplicar una mirada equitativa en salud en la consulta para procurar dar a cada persona lo que necesita (no dar a todos lo mismo sin importar sus necesidades, que sería igualdad): tener en cuenta en la entrevista clínica la perspectiva de género, las características educativas y culturales, barreras lingüísticas, etc. Se puede hablar de equidad horizontal (dar igual recurso para igual necesidad) o vertical (distintos recursos para distintas necesidades). En la figura 3 se ve, en una imagen muy gráfica, la diferencia entre igualdad y equidad.

Las desigualdades sociales en salud son aquellas diferencias injustas y potencialmente evitables entre grupos poblacionales por razón de clase social, género, etnia, territorio y país de origen21. Múltiples estudios científicos muestran que estas desigualdades fruto de la pobreza son responsables de un aumento de la mortalidad y la morbilidad superior a la mayoría de los factores de riesgo conocidos, y suelen ser producto de políticas sociales y tecnologías sanitarias no eficaces22. Como se puede ver en la figura 4, no todos los pacientes hacen frente a los riesgos para la salud con la misma facilidad, puesto que sus condiciones de vida y circunstancias influyen en su proceso de enfermar.

 

 

La relación médico-paciente que se establece de manera longitudinal en las consultas de AP supone el marco perfecto para interesarse por las condiciones de vida, los DSS y la situación laboral de las personas que atendemos. Incorporar este enfoque de equidad a la entrevista clínica, a las visitas a domicilio, a la mirada del barrio en el que se ubica el CS donde trabajamos ya supone trabajar en salud comunitaria23 reconociendo y evitando las inequidades. Asimismo, al incorporar un abordaje multisectorial21 desde la consulta, en colaboración con otros profesionales de la AP o servicios sociales de base, también estaremos actuando como facilitadores de la problemática de las personas desde una perspectiva de equidad.

 

Enfoque salutogénico: activos en salud

Habitualmente, el enfoque en los profesionales de la salud se basa en la solución de problemas, de la enfermedad o el déficit, potenciando la medicalización y la dependencia del sistema sanitario y de los servicios sociales. Se definen los activos en salud como cualquier factor o recurso que potencie la capacidad de los individuos, de las comunidades y poblaciones para mantener la salud y el bienestar16,17. El modelo de activos aporta una perspectiva de salud que propone reorientar la mirada al contexto y centrarse en aquello que mejora la salud y el bienestar, potenciando la equidad en salud y fortaleciendo decisiones sobre la raíz de las causas de las causas. Este enfoque sigue la lógica de hacer fáciles y accesibles las opciones sanas, orientadas al bienestar, el crecimiento y el envejecimiento saludable24.

 

Para trabajar desde la consulta y desde el centro de salud con un enfoque comunitario, es recomendable conocer la zona en la que viven y se mueven las personas a las que atendemos. Conocer con qué activos cuentan nos puede ayudar a utilizar los recursos intersectoriales y de una manera participativa, con un enfoque biopsicosocial en aquellos problemas que tienen un componente social y no puramente biomédico.

 

Una tarea sencilla constituye el mapeo de activos de la zona de salud. Saber qué recursos pueden sernos útiles a todos y que ya están funcionando en el territorio puede ayudar a resolver las necesidades de manera más completa y eficaz. Se puede realizar una mejor identificación de los activos si antes nos planteamos, junto con la población desde la consulta o el CS, qué problemas más comunes son los que les afectan. En la identificación de los activos de salud, es esencial que participen otros agentes de la comunidad. Probablemente nos encontremos la grata sorpresa de que ya tienen trabajo realizado sobre el terreno.

 

Caso clínico

Precious es una mujer de Nigeria, residente legal, de 40 años de edad. Lleva 5 años en España y habla perfectamente castellano. Ha acudido a la consulta en ocasiones puntuales, siempre por patología osteomuscular. Trabaja como camarera de piso en un hotel.
En su historia clínica figura un informe de servicios sociales: 2 hijos en edad escolar (11 y 8 años) que acuden regularmente al colegio y tienen buen estado de salud. Vive en un cuarto piso sin ascensor con sus dos hijos y con otras personas de su país. La cocina y el cuarto de baño son compartidos. No tiene ayudas sociales. Es cristiana evangélica y muy religiosa; aprendió castellano en unas clases que organizaron en la iglesia.

Acude sola a la consulta y nos cuenta que sus amigas le han dicho que se está poniendo muy gorda y que se va a enfermar si no se cuida. En su historia no consta nada, pero comenta que tiene antecedentes familiares de diabetes.

No tiene conciencia de enfermedad, dice que es muy grande y alta, aunque reconoce que en los últimos meses ha aumentado de peso y lo atribuye a que no tiene trabajo y realiza mucha menos actividad física. Sale poco de casa, y aunque tiene amigas que la animan a ir con ellas a pasear, prefiere quedarse viendo la televisión y tomando un refresco. Le gustan mucho los dulces y no le gusta nada la comida española. Dice que las cosas no saben como en su país. Aunque hay un restaurante nigeriano en el barrio que sí le gusta, ahora no va porque no tiene dinero. En este momento de la entrevista la paciente para, suspira y se levanta para irse.

Le comento que aún no hemos acabado, que voy a explorarla. Pesa 98 kg y mide 170 cm; el índice de masa corporal (IMC) es de 31.

Diagnóstico

Obesidad grado I.

Abordaje

Le indico los riesgos de la obesidad que padece y le propongo hacer una analítica general, una encuesta alimentaria de 2 semanas y medir su actividad física con un podómetro. Me dice que no va a rellenar la encuesta porque escribe con dificultad, pero acepta el podómetro y la analítica.

 

En el caso de Precious, se puede conectar la historia clínica y las necesidades que ella presenta con recursos efectivos que existan en la comunidad. Desde la propia consulta se puede realizar la recomendación de activos; es decir, darle la información y las herramientas necesarias para ayudarle en su proceso. Por ejemplo, puede que en la zona exista un «club del caminante» donde se reúnan grupos para realizar actividad física de manera periódica. O bien que en algún lugar del barrio se desarrollen talleres o reuniones sobre alimentación saludable. Hacer estas actividades en grupo facilitaría que Precious pudiera poner en común sus necesidades o problemas, y tener más medios para resolverlos también de una manera conjunta con el CS.

 

Y la participación, ¿qué?

A pesar de que en este artículo hablemos de atención individual o de «pasar consulta mirando a la calle», desde el punto de vista de la coproducción de salud y desde la orientación comunitaria es necesario hablar de la participación, aunque sea a nivel individual.

 

De este modo, según el esquema propuesto por Casseti et al., la participación comunitaria consta de cinco niveles: información, consulta, decisión-acción conjunta, liderazgo múltiple compartido y control comunitario25. Consideramos que los tres primeros niveles son aplicables a nivel individual en la consulta. Escuchar al paciente y que este hable y decida con el profesional sobre su salud puede ayudar a adaptar las diferentes recomendaciones o terapéuticas a sus gustos y realidades. Es decir, atención contextualizada3.

 

En los dos casos clínicos, las medidas que se consideren oportunas, individuales o sociales, serán efectivas si se adaptan a la realidad vital (contexto) de cada paciente, que es quien decide los términos de esa adaptación: por ejemplo, Precious no quiere escribir, pero sí el podómetro. Es posible que eso la anime a caminar con el grupo que le estamos ofreciendo o que ella misma conoce.

 

Resumen

La salud comunitaria tiene en cuenta el enfoque biopsicosocial y el contexto donde viven los pacientes y las pacientes, enfoque a aplicar en nuestro trabajo como MF. Se habla de tres niveles de AP con mirada a la comunidad: individual («pasar consulta mirando a la calle»), grupal y comunitario. Los DSS son las circunstancias en que las personas nacen, viven, trabajan, envejecen, y tienen mayor impacto sobre la salud que el propio sistema sanitario. Registrar en la historia clínica los códigos Z de la CIAP-2 ayuda a tener una visión más global de los problemas. Las desigualdades sociales en salud son diferencias injustas y potencialmente evitables entre grupos poblacionales. Contemplar la equidad en salud en la entrevista clínica ayuda a dar a cada persona lo que necesita, en el marco incomparable de la relación longitudinal médico-paciente en AP. El modelo de activos en salud se centra en el contexto y en aquello que mejora la salud y el bienestar, incidiendo sobre la raíz de la problemática (causas de las causas), haciendo fáciles las opciones más sanas. Conocer qué activos tienen nuestros pacientes en su comunidad (y recomendarlos desde la consulta) ayuda a utilizarlos de una manera participativa, con enfoque biopsicosocial de los problemas no puramente biomédicos. La participación comunitaria puede aplicarse en la consulta (a nivel de información, consulta y decisión-acción), permitiendo al paciente que elija, junto con el profesional, sobre su salud y las posibles soluciones adaptadas a sus gustos y realidades (atención contextualizada).

 

Lecturas recomendadas

Escartín Lasierra P, Gimeno Feliu LA, Cofiño Fernández R. Gestión de lo cotidiano. Capítulo 10. Medicina Comunitaria en nuestro día a día. 2.a ed. Barcelona: semFYC Ediciones; 2016. p. 277-96.

La comunitaria para dummies. La obra es una guía para ayudarnos en la gestión del día a día de la consulta. Manejo de los recursos en la actividad clínica diaria. Pero el capítulo 10 es sencillamente espectacular.

Sastre Paz M, Benedé Azagra CB.(coords.). Orientación comunitaria: hacer y no hacer en Atención Primaria. [Internet.] DocumentossemFYC n.º 38. 2018. PACAP y semFYC. Disponible en: http://e-documentossemfyc.es/orientacion-comunitaria-hacer-y-no- hacer-en-atención-primaria.

Lectura fácil y breve para aplicar en consulta desde el minuto 1, para dar un enfoque comunitario de manera sencilla.

Hernán M, Morgan A, Mena ÁL. Formación en salutogénesis y activos para la salud. Sevilla: Escuela Andaluza de Salud Pública; 2013.

La referencia en castellano sobre activos para la salud. Esencial para ver la salud pública desde la perspectiva de la salud positiva, poniendo la mirada sobre aquello que hace que las personas mejoren su salud.

 

Bibliografía

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  2. Benedé Azagra CB, Sastre Paz MS, Sepúlveda J. La orientación comunitaria de nuestra práctica: hacer y no hacer. Aten Primaria. 2018;50(8):451-4.
  3. Turabián JL, Pérez Franco B. Grandes misterios. ¿Puedes ver al monstruo del lago Ness?: el modelo biopsicosocial y las actividades comunitarias. Aten Primaria. 2007;39(5):261-4.
  4. Turabián JL, Pérez Franco B. Actividades comunitarias en medicina de familia y atención primaria. Madrid: Ediciones Díaz de Santos; 2001.
  5. Escartín Lasierra P, Gimeno Feliu LA, Cofiño Fernández R. Gestión de lo cotidiano. Capítulo 10. Medicina Comunitaria en nuestro día a día. 2.a ed. Barcelona: semFYC; Ediciones; 2016. p. 277-96.
  6. Cofiño Fernández R. Orientación comunitaria de la Atención Primaria. Nivel 1: Pasar consulta mirando la calle1 [Internet]. Salud Comunitaria. 2016 [citado el 24 de noviembre de 2020]. Disponible en: https://saludcomunitaria.wordpress.com/2016/07/04/orientacion-comunitaria-de-la-aten%u2028cion-primaria-nivel-1-pasar-con%u2028sulta-mirando-la-calle-1/
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  22. Segura del Pozo J. Desigualdades sociales en salud: conceptos, estudios e intervenciones (1980-2010) [Internet] Bogotá: Universidad Nacional de Colombia; Doctorado Interfacultades en Salud Pública, 2013 [citado el 24 de noviembre de 2020]. Disponible en: https://saludpublicayotrasdudas.files.wordpress.com/2013/09/desigualdades-sociales_final.pdf
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AMF 2021;17(5):250-256 | ISSN (Papel):1699-9029 | ISSN (Internet):1885-2521
Comentarios
Mª Eugenia Molina-Niñirola | 06-06-2021
Todos los temas de esta revista son con otra mirada a la consulta, y este en concreto muy interesante. Gracias