Puntos clave
- La neurodivergencia puede manifestarse durante todo el curso de la vida y no solo con presentaciones típicas.
- La coexistencia de más de una condición del neurodesarrollo es frecuente; identificar una no debe detener la evaluación clínica.
- La atención debe integrar salud física y mental, funcionamiento y contexto familiar, educativo, laboral y social.
- Adaptar entorno y comunicación mejora anamnesis, exploración, adherencia y participación.
- Atención Primaria puede resolver necesidades habituales, coordinar apoyos y derivar cuando sea necesario, guiada por una pregunta concreta.
Motivo de consulta
Mientras la neurodiversidad alude a la variabilidad natural del funcionamiento neurológico humano, neurodivergencia describe formas de funcionamiento que se apartan de lo considerado neurotípico1. Entre estos perfiles se incluyen, entre otros, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), la condición del espectro autista (CEA) y las altas capacidades cognitivas (AACC).
No son categorías equivalentes: el TDAH y la CEA son condiciones clínicas del neurodesarrollo, mientras que las AACC corresponden a un perfil de funcionamiento cognitivo que influye en cómo aprender, comunicarse y desenvolverse, y puede compensar o enmascarar dificultades asociadas a otras neurodivergencias. Estas pueden coexistir, como ocurre en la doble o triple excepcionalidad y la excepcionalidad múltiple2.
Las personas con estos perfiles comparten el riesgo de ser interpretadas desde estereotipos, evaluadas de manera fragmentada o atendidas sin considerar sus necesidades ni las de su entorno1,2.
¿Por qué no derivarlo?
Los médicos y médicas de familia ocupan una posición privilegiada para reconocer cambios a lo largo del tiempo, integrar antecedentes físicos y mentales, conocer el contexto familiar y social, detectar coexistencias y coordinar intervenciones entre profesionales y niveles asistenciales2,3.
La sospecha o confirmación de una neurodivergencia no convierte toda necesidad de salud en un problema de especialidad. La Atención Primaria puede adaptar la consulta a las necesidades comunicativas, sensoriales y de procesamiento de cada persona4, realizar la evaluación inicial, descartar otras causas médicas, abordar problemas prevalentes, evaluar riesgos y acompañar a la persona y su entorno2,3.
Al derivar, la solicitud debe responder a una pregunta concreta no resuelta e integrarse al seguimiento desde Atención Primaria, evitando fragmentar la atención o retrasar intervenciones que pueden iniciarse en el primer nivel2,3.
¿Cómo resolverlo?
Una forma práctica de ordenar la primera atención es aplicar el acrónimo ACOGE (figura 1): adaptar la consulta, conocer el motivo y las preferencias, observar el funcionamiento real, globalizar la evaluación y elaborar un plan consensuado; un recordatorio práctico para que la evaluación sea accesible, integral y longitudinal.
A ADAPTAR la consulta antes de interpretar lo observado
La primera intervención es ajustar el encuentro clínico. Conductas que parecen oposicionismo, desinterés o baja colaboración pueden responder a estrés previo, sobrecarga sensorial, dolor, ansiedad anticipatoria o necesidades de procesamiento.
Conviene presentarse, explicar lo que se hará, anticipar examen físico o procedimientos y evitar preguntas múltiples, dando tiempo para responder. Pueden requerirse ajustes como reducir luces o ruidos, disponer apoyos visuales, permitir respuestas escritas, acortar esperas u ofrecer privacidad. Estas adaptaciones no reducen el rigor clínico y, en cambio, mejoran la anamnesis, la exploración y la oportunidad de tomar decisiones compartidas posteriores4.
C CONOCER el motivo, trayectorias y preferencias
La causa explícita de consulta no siempre constituye la motivación principal. Una persona neurodivergente puede consultar por síntomas físicos y/o mentales, insomnio, problemas alimentarios, conflictos escolares o laborales, agotamiento, dolor, efectos adversos o sobrecarga familiar. Además del motivo biomédico, conviene explorar qué espera de la consulta, experiencias previas con el sistema de salud, apoyos útiles y situaciones que aumentan su malestar.
La historia debe considerar la trayectoria del desarrollo y el funcionamiento: primera infancia, escolaridad, relaciones, autonomía, trabajo, funciones ejecutivas, regulación emocional, comunicación, sensorialidad, sueño, alimentación y apoyos. En adolescentes y adultos, importa preguntar por el costo de sostener el funcionamiento visible, ya que el rendimiento externo puede ocultar sobreesfuerzo, camuflaje o agotamiento3,4,6.
O OBSERVAR el funcionamiento real de la persona y no solo el estereotipo
Como se observa en la tabla 1, no debemos esperar solo niños hiperactivos, con dificultades sociales evidentes o bajo rendimiento. En TDAH puede predominar distractibilidad, desorganización, impulsividad emocional, sobreesfuerzo o sensación persistente de insuficiencia. En mujeres, la presentación puede pasar inadvertida por camuflaje, perfeccionismo, ansiedad, síntomas depresivos o agotamiento sostenido5.
En autismo, los desafíos pueden expresarse como rigidez, fatiga social, sobrecarga sensorial, literalidad, aislamiento, crisis de regulación o deterioro cuando aumentan las demandas. El camuflaje puede sostener una apariencia de buen funcionamiento a costa de desgaste emocional6.
En AACC, el alto potencial puede confundirse con impulsividad, rigidez u oposicionismo o, por el contrario, con ausencia de necesidad de apoyo. Puede coexistir con TDAH, CEA, dificultades de aprendizaje, ansiedad u otras condiciones, y compensar dificultades durante años hasta que las demandas superan las estrategias disponibles2.
G Hacer GLOBAL (integral) la evaluación
El diagnóstico de una neurodivergencia no debe cerrar la búsqueda clínica. La coexistencia de condiciones del neurodesarrollo es frecuente y modifica la presentación, la respuesta a los acompañamientos y las necesidades de apoyo; por ello deben explorarse, según edad y contexto, TDAH, CEA, AACC, dificultades de aprendizaje, lenguaje, coordinación motora, procesamiento sensorial, ansiedad, depresión, trauma, consumo de sustancias, trastornos alimentarios y riesgo suicida3,8.
La evaluación debe incluir salud física. En TDAH se han descrito asociaciones con obesidad, migraña, epilepsia, diabetes, trastornos respiratorios del sueño y patologías alérgicas, inflamatorias y cardiometabólicas7. No implican causalidad ni justifican cribados indiscriminados, pero sí anamnesis dirigida y seguimiento longitudinal.
Debe explorarse sueño, factores que favorecen trastornos respiratorios y síntomas diurnos asociados9, así como dolor, fatiga, síntomas gastrointestinales, alteraciones menstruales, salud sexual y reproductiva, exposición a violencia, consumo de sustancias, efectos adversos y dificultades de adherencia. Los cambios conductuales o funcionales no deben atribuirse automáticamente a la neurodivergencia: pueden ser la principal forma de expresar dolor, malestar o enfermedad3,10.
E ELABORAR un plan consensuado verificable
La consulta debe cerrar con un plan comprensible y concreto: adaptaciones para controles futuros, problemas priorizados, intervenciones iniciadas en Atención Primaria, exámenes, ajustes farmacológicos, medidas de seguridad, coordinación educativa o social, derivaciones con objetivo definido y plazos de seguimiento.
La persona debe participar en las decisiones en la mayor medida posible, aun cuando asista acompañada, evitando infantilizar a adultos. En adolescentes conviene considerar su autonomía progresiva y hacerlos partícipes; en niños, hay que explicar de manera comprensible los pasos a seguir. La capacidad para decidir no debe inferirse por diagnóstico, contacto visual, fluidez verbal, edad aparente o necesidad de apoyos, sino valorarse frente a cada decisión, tras entregar información, tiempo y apoyos adecuados.
Distinguir qué resolver hoy, qué observar y qué derivar disminuye la sensación de abandono, evita referencias inespecíficas y permite que Atención Primaria mantenga su rol longitudinal.
¿Cuándo derivarlo?
La derivación debe basarse en una pregunta concreta no resuelta, ponderando gravedad, deterioro funcional, recursos locales y necesidad de evaluación o intervención especializada. En todos los casos, la Atención Primaria mantiene seguimiento, coordinación y apoyo a la persona y su entorno2,3. En la tabla 2 se explican los criterios de derivación y prioridad.
Conclusión
Atender a una persona neurodivergente no exige resolver en una consulta toda la identificación diagnóstica ni sus coexistencias. Exige reconocer y validar su forma de comunicar y percibir, identificar riesgos y condiciones concurrentes, evitar explicaciones paternalistas y sostener una atención longitudinal coordinada. La especialización focal puede complementar este proceso, pero no reemplaza el papel integrador de la Medicina Familiar.
Resumen
Las personas neurodivergentes consultan en todas las etapas de la vida. La Medicina Familiar puede reconocer presentaciones diversas, integrar salud física, mental y contexto, y usar el acrónimo ACOGE para adaptar la consulta, explorar trayectoria y funcionamiento, identificar coexistencias y riesgos, elaborar planes compartidos y derivar cuando exista una pregunta clínica específica no resuelta.
Agradecimientos
La autora agradece al doctor Jorge Wiedeman, MSc, sus aportaciones y comentarios clínicos durante la elaboración del manuscrito, y a Leticia Hueichapán, su apoyo en la transcripción e incorporación de correcciones editoriales.




