Puntos clave
- Rol estratégico de la Atención Primaria: el personal médico de familia es fundamental para el cribado inicial, el manejo ambulatorio de los casos leves y la prevención del colapso hospitalario1.
- Alta sospecha clínica: el diagnóstico inicial se fundamenta en vincular un síndrome febril inespecífico con un nexo epidemiológico claro (viajes recientes, picaduras o exposición a roedores/brotes cerrados)1.
- Identificación de «banderas rojas»: es prioritario reconocer los signos de alarma (como sangrado de mucosas, dolor abdominal intenso, compromiso respiratorio o descompensación cardíaca) para garantizar una derivación hospitalaria inmediata y oportuna2-4.
- Acción comunitaria: la educación para el control del vector y la notificación epidemiológica son pilares indelegables en el abordaje integral desde el centro de salud.
Motivo de derivación
El síndrome febril inespecífico asociado al retorno de un viaje a zonas endémicas, así como la presentación de síntomas tras la picadura de un vector o la sospecha de contacto con roedores, constituyen un motivo de consulta que habitualmente genera inseguridad en el primer nivel de atención. Ante un cuadro clínico inicial frecuentemente indiferenciado (fiebre alta, mialgias, cefalea o exantema) característico de patologías como el dengue5, la malaria6, la enfermedad de Chagas7 o la infección por hantavirus8, es muy común que surjan dudas que terminan en una rápida derivación a los servicios de urgencias o a consultas de enfermedades infecciosas1.
¿Por qué no derivarlo?
El personal médico de Atención Primaria cuenta con la capacidad para realizar la evaluación inicial y el abordaje de los casos no complicados basándose en criterios clínicos y epidemiológicos1. Es esencial resolver estos problemas de salud en la consulta comunitaria debido a la creciente prevalencia de algunas de estas enfermedades y para prevenir el colapso de los hospitales. Realizar un correcto diagnóstico diferencial y cribado desde el centro de salud permite identificar rápidamente a los pacientes leves que pueden manejarse de forma ambulatoria, reservando la derivación únicamente para los casos con criterios de gravedad reales.
¿Cómo resolverlo?
El diagnóstico y manejo inicial de estas infecciones requieren un alto índice de sospecha basado en la epidemiología y la presentación clínica, apoyado en pruebas complementarias específicas cuando estén disponibles en Atención Primaria. Para afinar el diagnóstico diferencial desde el primer nivel de atención, el personal médico de familia puede apoyarse en exámenes de laboratorio básicos que orientan la sospecha, especialmente en el caso del dengue2. Durante la fase activa del virus (principalmente entre el tercer y quinto día de la enfermedad), es característico encontrar un hemograma con leucopenia y una disminución relativa de las plaquetas (trombocitopenia) que se acentúa entre el cuarto y sexto día de evolución, acompañada de un aumento del hematocrito como producto de la extravasación de plasma2,5. Dado que los virus del dengue son hepatotróficos, su acción a nivel hepático también puede alterar y elevar los valores de las enzimas hepáticas en la analítica rutinaria2.
A continuación, se detallan las características principales de cada patología para guiar la resolución en el primer nivel (tabla 1).
Perlas clínicas de tratamiento en Atención Primaria
- Manejo del dengue (grupo A: sin signos de alarma): el manejo en casa con control ambulatorio está indicado exclusivamente para pacientes que toleran volúmenes adecuados de líquidos por vía oral y orinan al menos una vez cada 6 horas2. El pilar del tratamiento en Atención Primaria consiste en hidratación oral, reposo, alimentación según tolerancia, tratamiento sintomático y una evaluación clínica diaria para vigilar la posible aparición de signos de alarma2,5.
- Manejo de la malaria no complicada: el tratamiento dependerá de la especie de parásito causante y requerirá el uso de antimaláricos específicos (como la cloroquina, que tiene un efecto esquizonticida, y la primaquina, con efecto gametocida, para cepas sensibles)10. Es de vital importancia que el tratamiento sea administrado de forma estrictamente supervisada, dispensando los medicamentos directamente en la boca del paciente y registrando cada dosis para asegurar el cumplimiento terapéutico y evitar resistencias6,10.
Prevención, acción comunitaria y notificación sanitaria
Más allá del diagnóstico en la consulta, las proyecciones de control de estas enfermedades transmisibles requieren promover una mayor participación comunitaria en las acciones de salud pública. El rol del personal médico de familia es indispensable para mejorar la detección temprana y articular las acciones preventivas continuas junto a la comunidad, educando sobre la erradicación de factores de riesgo locales1.
Esto incluye educar sobre la eliminación de criaderos de mosquitos y el uso de repelentes (dengue, malaria), la correcta ventilación y desinfección en zonas de riesgo (hantavirus), y el cribado serológico sistemático en mujeres en edad fértil y gestantes procedentes de zonas endémicas (chagas), con el objetivo de prevenir, detectar y tratar precozmente la transmisión vertical al recién nacido1,3. Es fundamental recordar que estas patologías son de declaración obligatoria2,4,10; ante la sospecha clínica, se debe notificar a las autoridades epidemiológicas para activar los protocolos de control.
¿Cuándo derivarlo?
La derivación al nivel especializado o urgencias hospitalarias debe basarse en la detección activa de signos de alarma o condiciones de riesgo («banderas rojas»). Se propone el siguiente esquema de toma de decisiones:
1. Dengue (derivación hospitalaria)2,5
- Grupo B1 (condiciones asociadas): embarazo, menores de 1 año, mayores de 65 años, comorbilidades (diabetes, hipertensión, obesidad, riesgo social).
- Grupo B2 (signos de alarma): dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, acumulación de líquidos, sangrado de mucosas, letargo, hipotensión postural, hepatomegalia o aumento del hematocrito.
- Grupo C (dengue grave): choque por extravasación de plasma, sangrado grave o compromiso grave de órganos.
2. Malaria (derivación hospitalaria)6,10
- Casos con sospecha de malaria grave que requieran tratamiento parenteral o presenten complicaciones clínicas.
3. Enfermedad de Chagas3,7
- Urgente: pacientes inmunodeprimidos, embarazadas y recién nacidos.
- Programada (especializada): pacientes crónicos con alteraciones en el electrocardiograma, insuficiencia cardíaca o afectación digestiva avanzada (megaesófago/megacolon).
4. Hantavirus (derivación inmediata)4,8
Cualquier caso con sospecha clínica y nexo epidemiológico. Riesgo inminente de progresión a síndrome cardiopulmonar por hantavirus.
Como se resume en la figura 1, ante la ausencia de estas «banderas rojas» (por ejemplo, dengue del grupo A o malaria no complicada), el manejo debe ser ambulatorio y se ha de garantizar el tratamiento sintomático/específico, la educación en signos de alarma y el seguimiento clínico estricto desde Atención Primaria.



