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Julio-Agosto 2025
Julio-Agosto 2025

Ética médica y genocidio en Gaza. Los retos para los profesionales y sus organizaciones

DOI: 10.55783/AMF.210703

Pablo Simón Lorda

Especialista en Medicina de Familia y Comunitaria. Consultorio de Chauchina. Granada. Health Workers for Palestine – Spain

Pablo Simón Lorda

Especialista en Medicina de Familia y Comunitaria. Consultorio de Chauchina. Granada. Health Workers for Palestine – Spain

Tikkun olam

(en hebreo תיקון עולם, «reparar el mundo»)

Sumud

(en árabe صمود‎, «firme resistencia»)

Puntos clave

  • El conflicto de Gaza, por su actualidad, características y dimensión, pone en jaque toda la arquitectura moral y como profesionales estamos obligados a posicionarnos ante él.
  • El ejercicio «profesional» implica la adquisición de una serie de compromisos morales que van más allá de las obligaciones morales que tenemos como personas.
  • Estas exigencias morales incluyen la defensa de lo establecido por la Carta Internacional de Derechos Humanos y por el Derecho Internacional Humanitario, contenidos que se han incorporado al acervo de los códigos deontológicos de la medicina moderna.
  • El genocidio que está llevando a cabo el gobierno israelí en la Franja de Gaza y la violación abierta, pública, explícita e impune de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario llevada a cabo por Israel son de tal gravedad que no pueden dejar indiferentes a las y los profesionales de la salud.
  • Las sociedades científicas y los colegios de médicos no están al margen de obligaciones morales a este respecto, que deben satisfacer de una forma proactiva y continuada.

El genocidio que está llevando a cabo el gobierno de Israel en Gaza constituye el principal drama moral de nuestro tiempo. Lo es para la humanidad en general y lo es, de forma aún más especial, para los y las profesionales de la salud. El objetivo del presente trabajo es contextualizar este conflicto y señalar sus consecuencias para la ética global y para la ética sanitaria, incluyendo las obligaciones morales para nuestro comportamiento como profesionales. En el trabajo se citan otros conflictos, recientes y pasados, que tienen las características de genocidios y merecen la misma reprobación moral que el actual conflicto de Gaza. Sin embargo, el texto se refiere de forma directa a Gaza por su actualidad y por determinadas características que convierten la situación en especialmente grave, al poner en peligro el consenso moral internacional que se logró tras la Segunda Guerra Mundial.

¿Por qué habría de ocuparme de lo que pasa en Gaza?

Quizás uno de los hechos más preocupantes de nuestro tiempo es que la adiáfora parece constituir nuestro modo principal de situarnos ante la realidad. Adiáfora significa apatía moral ante lo que sucede en el mundo, porque no merece nuestra aprobación o reprobación moral, nos resulta indiferente. Han sido Bauman y Donskis los que han recuperado este antiguo término filosófico para describir el drama de la insensibilidad moral en las sociedades del capitalismo avanzado1. Los individuos, atomizados, aislados, desconectados de la realidad, a pesar de estar siendo permanentemente bombardeados por todo tipo de estímulos e informaciones, acaban generando resistencias a la estimación y el juicio morales, desarrollan una «ceguera moral». No es infrecuente encontrarse con personas que ni se inmutan ante el horror de lo que sucede en Palestina, viviéndolo como algo ajeno, sin interés.

Otras personas no niegan la gravedad moral de lo que sucede en Gaza, pero dicen no tener responsabilidad alguna al respecto. La filósofa estadounidense Iris Marion Young ha desgranado los cuatro razonamientos utilizados para justificarlo2. Todos se basan en la idea de que «somos gente honrada y trabajadora que paga sus impuestos» y «no somos culpables del mal del mundo». El primero es la «reificación», la idea de que el mundo es tal como es y nada puede cambiarlo, igual que no podemos cambiar las leyes de la naturaleza. «Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo», como decía Fredric Jameson en una frase que popularizó Mark Fisher en su Realismo capitalista3. El segundo sigue la línea de la distancia: podemos quizás tener alguna responsabilidad hacia las personas cercanas, pero desaparece a medida que la distancia aumenta. Es decir, puedo tener algún tipo de obligación hacia mi vecino del quinto, pero no es nada claro que tenga alguna responsabilidad hacia una criatura de Gaza. El tercero afirma que, en cualquier caso, podemos hacer poco, no tenemos ni tiempo, ni fuerzas, ni recursos para «salvar a la humanidad», así que habremos de invertirlos en las personas más cercanas. El último tiene que ver con la ausencia de culpa: «No es cosa mía; yo no hice el mundo así; no es mi responsabilidad arreglarlo, que lo hagan los políticos». Tiende, por tanto, a descargar toda la responsabilidad en el Estado, difuminando la responsabilidad personal.

Esos cuatro argumentos tienen su parte comprensible, pero necesitan matizarse. Es razonable decir que tengo más obligación moral hacia mi vecino que hacia una niña de Gaza o de Mali y que, por tanto, debo dedicar mis recursos más a la primera que a la segunda. Pero eso no indica que no tenga «ninguna» obligación hacia la segunda. Primero, por una razón moral básica: «Nada de cuanto es humano nos es ajeno» (Publio Terencio Africano). El rostro del otro se alza ante nosotros, nos interpela y nos carga de una responsabilidad infinita, esencial y existencial, de la que no podemos evadirnos, salvo que hagamos desaparecer en nuestras personas todo vestigio de humanidad4. Hay una segunda razón: la situación de la niña de Gaza o de Mali es también producto directo de un sistema político y económico internacional que la coloca a ella en ese lugar…, y a nosotras en el nuestro, en el del Occidente rico. Iris Marion Young insiste en que «la forma en que se definen los roles y las posiciones existentes permite que los actores sociales contribuyan a la injusticia incluso cuando no lo saben ni lo pretenden». Así, nuestro bienestar no está desconectado causalmente del sufrimiento de las víctimas de los conflictos armados allá donde se produzcan y eso nos genera cierta obligación de reparación. Y es una responsabilidad política que forma parte de nuestra estructura moral personal. Así, lo que les pase a las víctimas de conflictos lejanos, querámoslo o no, nos importa.

La ética médica: un nivel adicional de obligación moral

Es posible que los y las profesionales de la salud utilicen, en tanto que tales, alguna de las cuatro vías de escape antes descritas o las cuatro a la vez, para descargar sus responsabilidades respecto al funcionamiento del mundo fuera de lo que acontece en su propia consulta. Pero lo cierto es que sus obligaciones morales son bastante exigentes.

El concepto de profesión

Ser «profesional» es algo más complejo que ser «trabajador o trabajadora cualificada en un área específica de conocimiento». El concepto de profesión hunde sus raíces en las tradiciones griega y romana5. Como señala Diego Gracia, las profesiones han sido históricamente, en realidad, tan solo tres: el sacerdote, el gobernante/juez/militar y el médico. Han sido ellos los llamados a garantizar el orden en el ámbito de la naturaleza, del cuerpo social, la polis, y del cuerpo físico. Formalizaban para ello un contrato social tácito con el resto de la sociedad de proteger la estabilidad del orden natural, social y corporal y de recuperarlo cuando se pierda. Ellos han encarnado la Verdad; el resto del pueblo, la ignorancia. El modelo de relación que se generaba en ese contrato era el del buen padre que cuida de sus pequeños hijos obedientes e incapaces de cuidar de sí mismos. El resultado ha sido históricamente una relación paternalista en el ámbito de las creencias, de la organización social y política colectiva y de la salud y enfermedad individual. Este ha sido el modelo que ha dominado la historia humana de Occidente hasta bien entrado el siglo xviii.

Este elevado estatus requería determinadas características específicas que diferenciaba a los profesionales de los artesanos o trabajadores (tabla 1). De todas las características de las profesiones, que han ido evolucionando y transformándose con el tiempo, las más interesantes aquí son las del ámbito moral. Un profesional posee dos niveles de obligación moral.

Las obligaciones morales de las y los profesionales de la salud en tanto que personas

Nuestras obligaciones morales personales han ido cambiando a lo largo del tiempo, configurando así la misma historia de la filosofía moral, de la ética. Actualmente, estas obligaciones morales generales se anclan en la Carta Internacional de Derechos Humanos. La derrota de la Alemania nazi en mayo de 1945 por los ejércitos de los Aliados permitió destapar el nivel de barbarie y crueldad alcanzado por el proyecto de exterminio de judíos, gitanos, serbios y otros «indeseables». Los Juicios de Núremberg (1945-1946) contra los principales jerarcas nazis supusieron un aldabonazo a la comunidad internacional ante la necesidad urgente de establecer mecanismos y compromisos que impidieran la repetición de tal disparate sádico en tiempo de paz. Una de las primeras medidas que adoptó la recién creada Organización de las Naciones Unidas (1945) fue poner en marcha la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), que fue aprobada el 10 de diciembre de 1948. Esta primera declaración tenía un cierto resabio liberal y no insistía en una idea que ya puede rastrearse en el mismo Contrato social de Rousseau, a saber, que el ejercicio de estos derechos y libertades es imposible sin la existencia de una arquitectura social, económica, cultural y política que lo facilite positivamente. Los derechos humanos suenan a vacío invento burgués en los oídos de la mayoría de los desposeídos de la Tierra. Esta idea, de­fendida con fuerza por muchos países de la órbita soviética, consiguió avanzar lentamente en medio de la Guerra Fría, hasta lograr la aprobación del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales por la Asamblea General de la ONU, el 16 de diciembre de 1966 y en vigor desde 1976. Junto con él se aprobó el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos que concretaba más los derechos reconocidos en la DUDH. Los tres documentos conforman la Carta Internacional de Derechos Humanos (CIDH), la guía ética que establece cuáles son los derechos básicos de las personas humanas en cualquier punto del planeta6. Estos contenidos morales constituyen la especificación material moderna de la idea formal kantiana del obligado respeto a la dignidad de todo ser humano. En la medida en la que estos derechos básicos estén conculcados en cualquier país del mundo, los profesionales sanitarios, como cualquier persona, están obligados moralmente a denunciarlo y a hacer cuanto puedan para corregir esa situación. No cabe, pues, la insensible adiáfora.

Las obligaciones morales de las y los profesionales de la salud en tanto que profesionales

Pero es que los y las profesionales de la salud tienen, además, un segundo nivel de obligación moral: el que deriva de su condición de profesionales, tal y como refleja la tabla 1.

Los contenidos morales de este compromiso profesional también han ido variando y evolucionando con el tiempo, configurando así la historia de la ética médica y, más recientemente, de la bioética7. Uno de los cambios fundamentales tiene que ver con el paso de un código moral interno, autodefinido y autorregulado de manera exclusiva y unilateral por los propios profesionales, a un código de comportamiento que incorpora las exigencias del mundo social externo al propio grupo profesional.

El aterrizaje del principio liberal de autonomía, proveniente de la filosofía, la política y el derecho supuso una ruptura muy marcada con el paternalismo clásico y con la manera de entender las obligaciones morales de las profesiones sanitarias. Este principio proclama el derecho de todas las personas a decidir en todos los ámbitos de la existencia, también en el de la salud y la enfermedad, y opera mediante el «consentimiento informado»8.

Igual procedencia «externa» tienen los contenidos traídos directamente de la Carta Internacional de Derechos Humanos o de otros contenidos jurídico-morales internacionales, como, por ejemplo, el Derecho Internacional Humanitario (DIH), que regula los conflictos en tiempos de guerra, o la regulación de la investigación con seres humanos, que arranca también con los Juicios de Núremberg a los médicos nazis.

El DIH tiene especial relevancia en el caso que nos ocupa. La base moderna del DIH se sitúa en el llamado Primer Convenio de Ginebra, firmado en 1864 por 16 naciones europeas siguiendo las propuestas de Henri Dunant, que ya había inducido la constitución del Comité Internacional de la Cruz Roja. Pero las dos guerras mundiales mostraron la necesidad de ampliarlo y completarlo con otros tres convenios más, conformando lo que se conoce como Derecho de Ginebra o Convenciones de Ginebra (CGI, CGII, CGIII y CGIV)9. La redacción revisada en 1949 es la que se toma actualmente como base jurídica del DIH. Posteriormente, en 1977, tras el fin de la guerra de Vietnam (1975), se introdujeron dos protocolos complementarios (PI y PII) y, ya en 2005, se estableció un tercer protocolo (PIII). No es posible una exposición pormenorizada de todas las implicaciones que tienen para el ejercicio de la medicina en tiempo de guerra, pero en la tabla 2 se encuentran los contenidos más relevantes que atraviesan todo el Derecho de Ginebra y que impactan directamente en las obligaciones éticas del personal sanitario que esté involucrado en un conflicto bélico y, de forma extensiva, en cualquier profesional sanitario. También es importante señalar que el DIH establece fuertes medidas de protección a los edificios, equipamientos y transportes sanitarios, que solo bajo circunstancias extremas y muy acreditadas pueden perder esa inviolabilidad (Art. 21 de la CGI).

A partir de la década de 1980, todos los grandes códigos éticos y deontológicos, todas las declaraciones morales sucesivas en los diferentes campos de la medicina, asumieron estos nuevos paradigmas, tanto los derivados del DIH, como de la teoría de los derechos humanos, como de la moderna bioética. Así, en el vigente Código Internacional de Ética Médica de la Asociación Médica Mundial, pueden rastrearse diferentes contenidos herederos directos de estas líneas modernas de pensamiento10. Entre ellos, por ejemplo, la obligación de «no participar o facilitar actos de tortura, castigos u otras prácticas crueles, inhumanas o degradantes» (Art. 10) o contenidos tan relevantes para lo que nos ocupa como este:

  • (Art. 32) El médico debe informar a las autoridades correspondientes sobre las condiciones o circunstancias que impidan al médico u otros profesionales de la salud prestar una atención de la más alta calidad o que impidan respetar los principios de este Código, incluida cualquier forma de abuso o violencia contra los médicos y otro personal de la salud, las condiciones de trabajo inadecuadas u otras circunstancias que producen niveles excesivos y sostenibles de estrés.

Los diferentes códigos deontológicos de los distintos países no pueden sino estar en sintonía con este planteamiento. Forman así, en su conjunto, la arquitectura mundial de la ética médica. Estos códigos establecen obligaciones morales fuertes, que nos vinculan a lo largo y ancho del planeta; es decir, que nos acortan la distancia de la obligación moral. Quizás un ciudadano o una ciudadana española pueda tener más o menos dificultad para percibir obligaciones morales concretas hacia una criatura amputada por un misil en Gaza o hacia un o una rehén israelí en manos de Hamás, por la distancia geográfica que los separa, pero eso no puede suceder en el caso de profesionales de la salud. Por tanto, no cabe aquí tampoco, la insensible adiáfora.

El reto moral de Gaza

La historia de las obligaciones morales de la humanidad tiene, como ya se ha señalado, un antes y un después en la experiencia del Holocausto a manos de la Alemania nazi. En torno a 6 millones de judíos fueron asesinados en esa barbarie. Los marcos éticos y jurídicos, CIDH y DIH y muchas otras disposiciones que nos dimos como humanidad tras ese horror, nacieron para evitar la repetición de este desastre. Sin embargo, nuestro éxito dista mucho de haber sido completo.

Desde la aprobación de la CIDH y del DIH se han producido innumerables guerras y matanzas en el mundo. En el drama terrible de la guerra de Ucrania, hasta febrero de 2025 se ha confirmado la muerte de más de 12.600 civiles y más de 29.000 heridos, y entre las víctimas hay al menos 2.400 criaturas11. Pero hay otros conflictos incluso mucho más sanguinarios, aunque menos conocidos. Por ejemplo, en la guerra de la región de Tigray, en el norte de Etiopía, entre 2020 y 2022, se calcula que hubo entre 80.000 y 100.000 muertes, según la Administración etíope, o entre 162.000 y 600.000, muchas de ellas por la hambruna secundaria al conflicto, según otras fuentes independientes12. ¿Por qué tanto revuelo entonces con Gaza? ¿No es acaso otra matanza más? Obviamente, todas las matanzas y guerras antes citadas son moralmente reprobables, pero hay dos motivos que hacen que Gaza sea muy diferente a lo que hasta ahora habíamos visto.

Genocidio

Aunque hay que contextualizar la actual «guerra de Gaza» en el marco de la historia de la abierta ocupación y colonización de la Tierra Palestina por la población israelí, iniciada en 1948, lo cierto es que el conflicto ahora en curso es el resultado inmediato de un ataque de Hamás al Estado de Israel el 7 de octubre de 2023, que dejó 1.200 muertos israelíes y 251 rehenes. El problema es que la respuesta israelí a esa agresión desbordó rápidamente el ámbito del tradicional «derecho a defenderse» en un marco de «guerra convencional», para convertirse en un proceso de limpieza étnica y aniquilación completa de cuanto existe y vive en la Franja, en un genocidio. Gaza ha sido ya completamente arrasada y su población hostigada y asesinada de todas las formas imaginables. El sistema sanitario gazatí ha sido totalmente destruido y más de 1.400 profesionales sanitarios han sido ya asesinados13. Israel ha hecho miles de rehenes civiles, a los que ha torturado y, en muchas ocasiones, asesinado sin piedad14. No es, por tanto, la clave principal el número de muertos, aunque este sea importante, sino el objetivo final y el modo de actuación de Israel. No resulta aceptable que, por la culpa de un grupo (Hamás), se castigue de esta forma a más de 2 millones de personas, las residentes en la Franja de Gaza, muchas de ellas menores de edad, asumiendo de forma gratuita que «todas son de Hamás».

El delito de genocidio viene definido en el artículo 2 de la Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio de la ONU (1948)15. Existen argumentos muy sólidos para aplicar este término a lo que hace Israel. Desde los informes de la relatora de la ONU, Francesca Albanese, a los de organizaciones como Amnistía Internacional o Humans Rights Watch, pasando por las disposiciones de la Corte Internacional de Justicia o de la Corte Penal Internacional, el despliegue de argumentos es demoledor16-20. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial no se había visto tal sistematicidad y tal brutalidad, menos aún ejecutada por una presunta democracia occidental y moderna. Ni el genocidio de Ruanda (1994), ni el de Srebrenica (1995), ni el del pueblo yazidí (2014) fueron llevados a cabo con tal minuciosidad. No es de extrañar que se hayan alzado voces diciendo que tal irracionalidad perfectamente planificada y ejecutada recuerde tristemente a la que el propio pueblo israelí sufrió a manos de los criminales nazis. Esto es lo que hace que el actual conflicto de Gaza exija de las profesiones sanitarias una especial sensibilidad y compromiso moral en la denuncia de esta situación, tal y como señalan nuestros códigos deontológicos de ética médica.

La destrucción del marco ético y jurídico internacional

Hasta 2023, los actos de violación de la CIDH y del DIH se consideraban, en general, vergonzantes. Los gobiernos, los ejércitos, los cuerpos de seguridad o los grupos armados que los llevaban a cabo, lo hacían de manera clandestina. Trataban de justificarlos siguiendo diversas estrategias de comunicación política o de encubrirlos mediante el franco secreto. Se sabía que, si llegaban a la opinión pública, el juicio moral sería negativo y seguramente tendría un coste político elevado.

Pero ya no. El gobierno israelí ha inaugurado la era de la publicidad abierta de las violaciones de los derechos humanos, retransmitiéndolos incluso en directo, como si de un simple videojuego se tratara. La clase política israelí, casi en su totalidad, ha aplaudido y alentado públicamente el genocidio, que ha sido apoyado también por buena parte de la población, clase médica incluida, aunque no toda. Así, ha reforzado al máximo su estrategia gubernamental de Hasbará, un término hebreo que se traduciría por «explicación» o «esclarecimiento». Esta estrategia implica la activación de una tremenda guerra informativa destinada a construir un relato totalmente justificador de sus actos, basado en determinadas afirmaciones que son repetidas hasta la saciedad (tabla 3). Estas afirmaciones inundan todos los medios de comunicación occidentales y la mente de la ciudadanía, entre la que también está la de las y los profesionales de la salud.

Puede decirse que el gobierno de Israel ha violado presuntamente casi todo el articulado de la CIDH y el DIH, de forma pública, desafiante, sabiendo que estaba destruyendo todo lo construido desde 1950 y regresando a la impunidad de Auschwitz. Los procesos judiciales de la Corte Internacional de Justicia y de la Corte Penal Internacional han sido incapaces de parar la barbarie y han sido abiertamente impugnados e incluso ridiculizados por el gobierno israelí. El problema adicional es que no lo ha hecho solo. Sus actos han sido explícitamente apoyados por Estados Unidos y tolerados por la mayoría de los gobiernos de los países occidentales. La complicidad y la servidumbre de la gran mayoría de los medios de comunicación en esta tarea de blanqueamiento, manipulación emocional (gaslighting), legitimación de la barbarie y lavado de cerebros es clamorosa. El resultado final es que las líneas de defensa de la comunidad internacional ante todos estos hechos se han mostrado muy frágiles. La ruptura del sistema ético y jurídico mundial es ahora casi completa. Por eso, las consecuencias de esta debacle no van a afectar solo a lo que está sucediendo en Gaza. Gaza es una caja de Pandora abierta que trasciende a la propia Gaza. Lo que está pasando va a afectarnos a todos y todas en cualquier punto del planeta, porque nos devuelve a las puertas de Auschwitz, al mundo sin ley, sin moral y sin piedad donde todas las formas de violencia eran posibles21.

Profesionales de la salud y sus organizaciones ante el reto moral de Gaza

En esta situación actual de quiebra del sistema moral internacional, las profesiones sanitarias pueden y deben constituir un punto de resistencia ante esa destrucción. También lo pueden y deben ser sus organizaciones sanitarias, sus sociedades científicas y, muy especialmente, sus colegios profesionales. Es más, la Medicina de Familia, con su especial enfoque biopsicosocial y su mirada altamente empática y atenta a las necesidades de la salud global, está especialmente concernida por este conflicto, si es que quiere hacer de verdad su camino de «regreso al futuro»22. Algunas sociedades científicas, como las de médicos y médicas de familia, han publicado comunicados de condena23 o reflexiones éticas24 al respecto. Pero otras, por desgracia, hasta ahora o bien han optado por el silencio o se han limitado, en todo caso, a comunicados puntuales de condena, manteniendo un perfil bajo. Para defender esta postura, se argumenta con frecuencia que su tarea es, como su propio nombre indica, la «ciencia, no la política». Detrás se encuentra una idea de la ciencia como algo objetivo y totalmente neutral. Pero hoy es ampliamente discutido que exista la «neutralidad axiológica de la ciencia» en ningún ámbito, tampoco en el de la medicina25. No hace falta bucear mucho en la historia del conocimiento médico para descubrir la enorme amalgama de intereses económicos, políticos y sociales que se entretejen para construir tal conocimiento26. Y es que, además, la medicina como práctica «profesional» con alto impacto social (tabla 1) es constitutivamente política, que no partidista. Por eso, siendo las sociedades científicas asociaciones de profesionales, no parece razonable que las obligaciones morales se exijan a los profesionales, pero se rechacen para sus sociedades.

Pero si esta actitud es cuestionable en las sociedades científicas, resulta sencillamente inaceptable en el caso de los colegios profesionales, los garantes públicos de la ética profesional. En todo este tiempo y hasta el momento presente, desde el 7 de octubre de 2023, la Organización Médica Colegial (OMC) de España tan solo se ha pronunciado en dos ocasiones sobre la situación de Gaza, de forma muy tardía y sin entrar a valorar las raíces y las razones del conflicto (abril y mayo de 2025)27,28. Más triste todavía es la tibia postura de la Asociación Médica Mundial ante el exterminio de la población gazatí, ante el asesinato, secuestro y tortura de profesionales de la salud gazatíes y ante la más que evidente participación de personal médico israelí en dichas prácticas de tortura29. De nuevo, el posicionamiento se reduce a ocasionales comunicados de condena, sin mayor operatividad real30,31. Todo esto contrasta con posturas valientes y comprometidas como la del editorial de Lancet del 24 de mayo de 202532.

En esta situación de emergencia moral mundial, que va más allá de Gaza, el cuerpo de profesionales de la salud, los médicos y médicas en particular, más aún los médicos y médicas de familia, así como sus sociedades científicas y sus organizaciones profesionales, están llamados a convertirse en una barrera de protección de las víctimas de cualquier conflicto y en una punta de lanza en la defensa de la ética mundial, algo que tiene muchas más implicaciones que lo que suceda en Gaza, con todo lo grave que es33. La expresión judía tikkun olam, que significa «reparar el mundo herido», constituye un concepto central del judaísmo e implica la búsqueda permanente del cuidado y de la justicia de cuantos te rodean. La expresión palestina sumud, que significa «firme resistencia», invoca la fuerza de resistencia activa y pasiva del pueblo palestino, su anclaje a la tierra, ante la permanente agresión de la fuerza ocupante israelí. El cuerpo médico de familia está llamado a ser fuente diáfana de tikkun olam y de sumud para evitar que nuestro mundo se hunda en la adiáfora, para evitar que regresemos a Auschwitz.

Resumen

El genocidio actualmente en curso en Gaza supone un reto moral de primer orden. Existen diferentes actitudes posibles ante los conflictos morales: una es la negación de su relevancia (adiáfora), otra es la del escape autoexculpatorio usando diferentes tipos de justificación. Ninguna de estas actitudes es aceptable para el o la profesional de la salud, dada la relevancia social que tiene precisamente por su definición como «profesional».

Cualquier profesional de la medicina tiene, en primer lugar, las obligaciones morales que derivan de su condición de persona y que están vinculadas al respeto a la Carta Internacional de Derechos Humanos. Pero, además, tiene las obligaciones específicas derivadas de sus códigos de ética médica y deontología. Todas estas obligaciones han sido puestas en jaque por las actuaciones del gobierno israelí en su represión de la población de Gaza tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. Dichas actuaciones son etiquetables como genocidio. La tolerancia que han mostrado la mayoría de los países occidentales ante esa bárbara actuación genera un reto moral sin precedentes desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Los médicos y las médicas, especialmente los especialistas en Medicina de Familia y Comunitaria, estamos llamados a ser un punto de resistencia ante esta gravísima situación.

Lecturas recomendadas

  • Ramos Tolosa J. Una historia contemporánea de Palestina-Israel. Madrid: Los Libros de la Catarata; 2020.

El profesor Jorge Ramos Tolosa (Universidad de Valencia) es posiblemente una de las mayores autoridades españolas sobre el conflicto palestino-israelí. Este libro resume con enorme eficacia las claves históricas más relevantes para desentrañar lo que está sucediendo en Gaza.

  • Jabr S. Tras los frentes. Crónicas de una psiquiatra y psicoterapeuta palestina bajo ocupación. Granada: Hoja Monfies; 2022.

Samah Jabr es una psiquiatra palestina de Jerusalén, jefa de los Servicios de Salud Mental de Cisjordania. Este libro es una recopilación de sus artículos en la prensa palestina sobre la ocupación israelí y sobre sus consecuencias psicológicas en la población palestina, incluida la que ha sido víctima de tortura.

Bibliografía

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  26. Morell Sixto ME, Martínez González C, Quintana Gómez JL. Disease mongering, el lucrativo negocio de la promoción de enfermedades. Rev Pediatr Aten Primaria. 2009;11(43):491-512.
  27. Fundación para la Cooperación Internacional de la Organización Médica Colegial (FCOMCI). La FCOMCI suplica el cese de los ataques al personal e infraestructuras sanitarias en Gaza. (11 de abril de 2025). [Internet]. Disponible en: https://www.medicosypacientes.com/articulo/fcomci-cese-ataques-sanitarios-gaza/. (Acceso el 18 de mayo de 2025)
  28. Organización Médica Colegial. La OMC exige que la ayuda humanitaria llegue a Gaza y el fin de los ataques al personal e infraestructuras sanitarias (26 de mayo de 2025). [Internet]. Disponible en: https://www.cgcom.es/media/6466/download. (Acceso el 4 de junio de 2025).
  29. Gordon N, Shalev G, Tanous O. The shame of Israeli Medicine. [Internet]. The New York Review of Books, 31 de mayo de 2025. Disponible en: https://www.nybooks.com/online/2025/05/31/the-shame-of-israeli-medicine/. Acceso el 4 de junio de 2025.
  30. Asociación Médica Mundial. Resolución sobre la protección de la atención médica en Israel y Gaza. Adoptada por la 226.ª Sesión del Consejo de la AMM, Seúl, Corea, abril 2024 y adoptada por la 75.ª Asamblea General de la AMM, Helsinki, Finlandia, octubre 2024. [Internet]. Disponible en: https://www.wma.net/es/policies-post/resolucion-del-consejo-sobre-la-proteccion-de-la-atencion-medica-en-israel-y-gaza/. (Acceso el 18 de mayo de 2025).
  31. World Medical Association. WMA calls on the Israeli Government to ensure humanitarian aid reaches Gaza. [Internet]. Disponible en: https://www.wma.net/news-post/world-medical-association-calls-on-the-israeli-government-to-ensure-humanitarian-aid-reaches-gaza/. (Acceso el 4 de junio de 2025)
  32. Editorial. Gaza has been failed by silence and impunity. Lancet. 2025;405(10492):1791. doi: 10.1016/S0140-6736(25)01082-7.
  33. Escobio Rodríguez PF. Guerra y salud. AMF. 2025;21(2):62-63.

AMF 2025;21(7);395-403; ISSN (Papel): 1699-9029 I ISSN (Internet): 1885-2521

Cómo citar este artículo...

Simón Lorda P. Ética médica y genocidio en Gaza. Los retos para los profesionales y sus organizaciones. AMF 2025;21(7);395-403. DOI: 10.55783/AMF.210703

Comentarios

Edyth Elizabeth 01-02-26

Pues la verdad me ha gustado mucho el artículo, hay mucha información que ignoraba como la fundación de la ONU, las cartas UIDH, etc. El debate también me ha gustado. En lo que discrepo es que la revista debe estar exenta de este tipo de información y posicionamiento. A la verdad, celebro este tipo de artículos, me parecen más verídicos que la información que llega por la tele. Y en el debate cada uno defiende su postura con vehemencia. Si creo que nosotros como médicos, seres humanos, debemos estar en contra totalmente con las guerras y matanzas, genocidios, porque nada justifica que te quitar el bien mas preciado que es la vida. Y lo que realmente duele, es que siempre son los civiles, los de a pié, los que solo sobreviven en este mundo que hemos vuelto tan cruel, sufran las consecuencias. Yo no estoy a favor de Palestina ni mucho menos de Israel.

José Antonio 28-01-26

Artículo político que desvirtúa completamente el objetivo de esta revista: la actualización en Medicina de Familia. Publíquelo en otro medio, no aquí.

Juan 24-01-26

Si tanto los Hunos como los Otros se rigieran por la Ley Mosaica, el artículo del Sr. Simón Lorda sería innecesario, pues la cuestión quedaría resuelta antes de cualquier posicionamiento moral.

María ángeles 24-01-26

Muchas gracias por el artículo, sea pertinente o no en esta revista, me he sentido concernida y me ha hecho,además, reflexionar sobre muchísimos dilemas éticos que tengo cada día en mi trabajo. ¡ Un buen empujón hacia adelante!

Fuenmaria 09-09-25

No creo que una revista médica me tenga que decir a mí como tengo que pensar o que tenemos apatía moral si no te pronuncias a favor de Palestina. Todos sentimos lo que está pasando pero hay muchos conflictos en el mundo por ejemplo las mujeres en Afganistán , o la invasión Rusa a Ucrania y solo oigo hablar de Gaza..

Pablo 05-09-25

Reitero una vez más mi agradecimiento a cuantas personas participan en este debate con sus comentarios, sean para apoyar o para criticar lo escrito. Pese a los esfuerzos de la Hasbará israelí por ganar la batalla mediática del lavado de cerebro de la ciudadanía, incluida la clase médica, en las últimas semanas es cada vez más claro que Israel está perdiendo esta guerra. El vuelco de la opinión pública mundial condenando el Genocidio en Gaza y el carácter criminal y colonial del apartheid es cada vez más evidente. Las sociedades científicas y organizaciones sanitarias cada vez tienen menos miedo a posicionarse con claridad y el uso del término genocidio goza de un consenso ya prácticamente generalizado -aunque siempre hay gente que lee poco y sólo se alimenta de las informaciones tóxicas de la Hasbará para reproducirlas sin filtro alguno-. Un buen ejemplo es el valiente comunicado de la SESPAS (https://sespas.es/2025/09/02/manifiesto-contra-el-genocidio-y-la-tortura-sistemática-de-la-población-palestina-en-gaza/ ) y la declaración de la Asociación Internacional de Expertos en Genocidio (IAGS por sus siglas en inglés) (https://www.bbc.com/mundo/articles/ce838y5dl6lo). Espero que otras sociedades y organizaciones, incluida la WONCA, se sumen pronto a esta corriente. El sentido de la mayoría de los comentarios a este artículo apunta también en esta misma dirección, lo cual es motivo de alegría y agradecimiento y abona también la idea de que es pertinente y necesario que textos así aparezcan en una revista como AMF. Lo sanitario, como lo personal, es político, guste o no. No puede decirse lo mismo de los gobiernos occidentales, que siguen sometidos a los dictámenes estadounidenses, que siguen vendiendo el relato del "Israel como víctima" y de"Hamás como organización terrorista culpable sin remisión de todo cuanto sucede"; organización en la que se incluyen los casi dos millones de habitantes que Israel está lentamente asesinando de hambre y bombas en Gaza, incluidos los no-natos. Éstos, como todos los niños y niñas gazatíes son etiquetados como futuros terroristas y por tanto pueden y deben ser impunemente eliminados. Resulta doloroso y preocupante descubrir que haya médicos compartiendo estas posiciones. Hace bien poco en la web de Health Workers 4 Palestine - Spain publicábamos un texto que repasa "10 argumentos de médicos sionistas para justificar la barbarie israelí en Palestina". Conviene repasarlos para entenderlos y poder combatirlos (https://hw4p.es/blog/argumentos-de-medicos-sionistas-para-justificar-la-barbarie-israeli-en-palestina). La resistencia en Gaza continúa con su lucha legítima y, desde luego tiene todo mi apoyo. La encrucijada ética del planeta se acerca a un punto sin retorno. Lo que pase en Gaza en el segundo semestre de 2025, con su repercusión en el resto del mundo, va a definir qué futuro aguarda a la Humanidad en las próximas décadas. Y..., esto sin olvidarnos de Sudan en ningún momento. La Medicina no puede estar ausente de este escenario global, refugiada en la presunta pureza y neutralidad de la "Ciencia", algo que sólo es parecido a la belleza infantil de un unicornio.

María 05-09-25

Pablo, muchas gracias por este artículo.

Luis 02-09-25

Gracias por dar voz a la resistencia legítima y digna del pueblo palestino. Las miles de personas asesinadas y torturadas desde hace más de 70 años por el Estado genocida de Israel, principalmente mujeres y niños, así como un gran número de compañeros y compañeras sanitarias, nos piden esto. Que denunciemos, que no dejemos de hablar y que impliquemos a toda la sociedad para tratar de parar la barbarie sionista. Al resto de personas que aquí emiten comentarios desinformados, y sobre todo, extremadamente DESHUMANIZADOS, que sepan que no vamos a parar desde cualquier lugar de defender los derechos humanos y la justicia social. ¡Viva la resistencia del pueblo palestino!

Enrique 30-08-25

Artículo sesgado y de entrada calificando al estado israelí de genocida. La culpa fue de quien la empezaron. La respuesta desproporcionada de Israel no es más que un aviso repetitivo a un grupo terrorista que emplea a sus propios civiles de escudo. No justifico la guerra. Jamás. Pero la verdad es que leer el tinte propalestino de este artículo me ha dado un poco de náuseas. Somos profesionales, médicos, no analistas politicos y esta revista es médica. SI quereis publicar artículos de esta índole no dudo que hay muchas ONG's que estaran encantadas de leer vuestras opiniones.

Carme 28-08-25

Me parece del todo pertinente la publicación de un artículo que revisa las bases que deben orientar nuestra respuesta y práctica ante un genocidio como el de Gaza. Afirmar en uno de los comentarios "Esa misma desproporción a nivel defensivo ha impedido por fortuna que el drama del asesinato de civiles haya alcanzado a Israel, al repeler con bastante éxito los ataques con misiles aéreos dirigidos desde Irán y los territorios dominados por los grupos terroristas", pone el foco en la militarización de las respuestas más que en la construcción de la paz, y no hace más que reafimar desgraciadamente, lo que se recoge en el artículo "Lo que está pasando va a afectarnos a todos y todas en cualquier punto del planeta, porque nos devuelve a las puertas de Auschwitz, al mundo sin ley, sin moral y sin piedad donde todas las formas de violencia eran posibles." Gracias Pablo por el artículo y a AMF por haber hecho posible su publicación y abrir un debate necesario.

Carme 28-08-25

Me parece del todo pertinente la publicación de un artículo que revisa las bases que deben orientar nuestra respuesta y práctica ante un genocidio como el de Gaza. Afirmar en uno de los comentarios "Esa misma desproporción a nivel defensivo ha impedido por fortuna que el drama del asesinato de civiles haya alcanzado a Israel, al repeler con bastante éxito los ataques con misiles aéreos dirigidos desde Irán y los territorios dominados por los grupos terroristas", pone el foco en la militarización de las respuestas más que en la construcción de la paz, y no hace más que reafimar desgraciadamente, lo que se recoge en el artículo "Lo que está pasando va a afectarnos a todos y todas en cualquier punto del planeta, porque nos devuelve a las puertas de Auschwitz, al mundo sin ley, sin moral y sin piedad donde todas las formas de violencia eran posibles." Gracias Pablo por el artículo y a AMF por haber hecho posible su publicación y abrir un debate necesario.

Carlos 27-08-25

Comentarios como el de Antonio son de una brutal ignorancia del conflicto y mi posición es radicalmente en contra de cualquier justificación hacia el genocidio en curso contra el pueblo palestino. Por otro lado, me parece un artículo pertinente, en una revista como AMF que se erige como lider en la MFYC de España. No se nos olvide nunca nuestro deber para con el débil y nuestra acción diaria debe ir siempre en consonancia con la altura moral que nos caracteriza, como la especialidad médica mas humanista y cercana a la realidad de la sociedad en su conjunto. Enhorabuena por el artículo y gracias a AMF por su publicación.

Olga 11-08-25

Gracias Pablo Simón, me parece un articulo muy pertinente. Estoy de acuerdo en los médicos de Familia no podemos permitirnos estar desconectados de la realidad social. Y la realidad es que una repuesta desproporcionada en un conflicto desigual ha generado una crisis humanitaria.

Pablo 04-08-25

Gracias a todas las personas que han puntuado y comentado este artículo, incluidas aquellas que expresan su malestar por su publicación. Creo que el debate es bueno y permite, en este caso, contemplar lo bien que funciona la estrategia manipuladora israelí de Hasbará y cómo rellena los argumentos de muchas personas, que seguramente actúan y piensan con buena intención. Esta cuidadosa estrategia, que invade las redes sociales y los medios de comunicacion occidentales, consigue que los agresores genocidas, Israel, sean percibidos como víctimas y las víctimas palestinas como agresoras detestables, que pueden por tanto ser exterminadas sin piedad. Esta estrategia domina a muchas personas, muchos profesionales, muchas juntas directivas de Colegios de Médicos y de Sociedades Científicas y, también, a muchos políticos de nuestro país de todo el espectro político. Creo necesario subrayar que, en mi opìnión, artículos como éste son siempre pertinentes y enriquecen a una revista tan prestigiosa como AMF. Transmiten un mensaje importante: que el ejercicio de la Medicina no puede permitirse el lujo de vivir desconectado de la realidad de lo que sucede en el mundo, que nos interpela como personas y como profesionales. La Medicina es una actividad intinsecamente política, por cuanto se ocupa de valores socialmente muy relevantes, relacionados con el bien común. Lo que si no debe ser es una actividad "partidista" y, en su ejercicio práctico, debe estar más allá de las etiquetas partidarias. Personalmente, no hago ninguna acepción moral o política cuando atiendo a los pacientes de mi cupo, aunque sepa perfectamente cómo piensan , qué dicen y qué hacen. Hacerlo seria una falta de ética profesional muy grave. Pero eso no implica que yo deje de explicar a mis pacientes qué es el genocidio de Gaza, por qué lo condeno y cómo trato de luchar contra él, por ejemplo, NO recentándoles ninguna de las marcas comerciales del laboratori israelí TEVA (Teva, Tevagen, Ratiopharm, Belmac, Davur...). Como dice el texto, el genocidio de Gaza a manos de un Gobierno criminal, genocida, supremacista y colonial como el de Israel es, sin duda, el principal drama moral de nuestro tiempo por los motivos que se explican. Y ello sin obviar dramas terribles en curso en otros lugares, como la cruel hambruna que padece Sudán por los intereses de las potencias coloniales que se disputan la explotacion de los ricos recursos de su territorio. Pero hay que decir que desde que se escribió este articulo hasta que se publicó, la situacion de Gaza ha empeorado de manera terrible. La sádica hambruna a la que Israel somete a la Franja amenaza ya con aniquilar totalmente a todos sus habitantes en un corto período de tiempo. Es un Holocausto. Y ello con la colaboración de Estados Unidos y la pasividad cómplice de los Estados Europeos, incluyendo el nuestro. El sistema sanitario gazatí está practicamente aniquilado y sus profesionales, asesinados o secuestrados y bajo tortura. La falta de suministros médicos, comida y carburantes llevará directamente al colapso, en pocas semanas, de los Hospitales que permanecen aun funcionando en parte. Poco a poco las Sociedades científicas y los Colegios de Médicos de España se están dando cuenta de que el silencio los vuelve complices de esta barbarie y lo rompen con comunicados o eventos como el realizado por el Colegio de Médicos de Toledo el pasado 31 de Julio. Tenemos la obligacion ética profesional de seguir ese camino. Lo sanitario es político, y ambos se enraízan en lo ético, que es lo que da sentido a la Medicina que practicamos. AMF lo ha entendido muy bien y es un ejemplo para todas nosotras. Seguimos. Gracias.

Carlos 02-08-25

Gracias a Pablo Simón y a AMF por reflexionar sobre el compromiso que nos interpela a todos. La situación humanitaria y sanitaria en Gaza no nos pueden ser ajenas. Nadie puede ser ajeno, y no solo porque las campañas doblen en la distancia, también por nosotros. Hay, debe haber, un compromiso previo de no abandonar a quien sufre la injusticia y la violencia, hasta su exterminio como grupo, como colectivo. Este no es un debate político, es un debate humanitario, ético y, también, deontológico. Gracias

Juan Carlos 02-08-25

¿Se ha planteado La SEMFYC crear una revista paralela con artículos, como este, de opinión política? No discuto su interés, pero en una revista médica algunos sólo buscamos artículos con actualidad clínica. Otro tema, ¿Se ha planteado en los artículos médicos reducir el lenguaje inclusivo innecesario y repetitivo?

Orlando 01-08-25

Totalmente de acuerdo con el comentario de Antonio del 27-7-25

Pablo 31-07-25

Gracias al autor y a AMF por la publicación de este artículo, que me parece procedente en una revista de Medicina Familiar y Comunitaria.

Miguel 29-07-25

En primer lugar, creo que es justo agradecer a la revista AMF dar amparo a artículos como éste. La profesión médica no es moralmente superior ni sus miembros gozan de una mayor sensibilidad social. Mas acertado sería reconocer que tienen, como grupo e individualmente, unas exigencias y responsabilidades morales diferentes al resto de las profesiones. Y no les puede resultar ajeno el genocidio de una comunidad con independencia de donde están las causas y las consecuencias. Las campanas doblan por ti de John Donne refleja esta idea que nos transmite Pablo Simón en su artículo. La muerte de cualquiera nos afecta como médicos y, en mayor medida, en las circunstancias actuales. Nosotros, como profesionales de la Medicina de Familia, debemos estar del lado de las víctimas, de los deshumanizados, de los inocentes, de los hambrientos y de los muertos.

Antonio 27-07-25

Resulta cuando menos sorprendente que una revista de Atención Primaria como AMF permita la publicación de un artículo propalestino y antiisraelí, con la excusa de plantear el dilema moral que supone para la profesión médica la actual guerra de Gaza. Desde el primer párrafo se está inculcando al lector el concepto de genocidio de forma acrítica, sin poner en valor los esfuerzos que ha hecho Israel para evitar daños a civiles, llegando finalmente incluso a proporcionar un argumentario de mano para contrarestar y banalizar las explicaciones dadas por el gobierno israelí para justificar la acción de guerra. Se trata más de un panfleto político propagandístico, perfectamente asumible por conocidos grupos políticos de ultraizquierda, que de un artículo científico que ponga de manifiesto hechos probados y referenciados por fuentes solventes y reconocidas. La actual guerra entre árabes y judíos se inició el 7 de octubre del 2023 con una razia medieval de palestinos de Hamás en territorio hebreo, que lograron mediante una acción desproporcionada que tenía intención premeditada de matar, secuestrar y deshumanizar a civiles israelitas, fijando así el marco conceptual de la posterior respuesta del Estado de Israel. Nada debería justificar una guerra, pero nada tampoco justifica dejar de repeler al que te agrede. La falta de proporcionalidad de la respuesta israelí era un efecto buscado y esperado por los agresores para paralizar los acuerdos de Abraham y ganarse el favor de la opinión pública. Esa misma desproporción a nivel defensivo ha impedido por fortuna que el drama del asesinato de civiles haya alcanzado a Israel, al repeler con bastante éxito los ataques con misiles aéreos dirigidos desde Irán y los territorios dominados por los grupos terroristas. Si no hubieran tenido la Cúpula de Hierro, el drama de la guerra habría golpeado también a Israel y probablemente desde la perspectiva propalestina, estas muertes sí estarían hipócritamente justificadas. Desgraciadamente la catástrofe humanitaria que está teniendo lugar en Gaza tiene múltiples responsables, pero está claro que solo la generosidad de Israel le pondrá fin.

Laia 26-07-25

Gracias por exponer tan bien el compromiso ético de la medicina de familia ante el genocidio que está cometiendo Israel en Palestina.

Sara 25-07-25

Como escribe Anne Boyer: «La enfermedad nunca es neutra. El tratamiento nunca está libre de ideología. La mortalidad nunca está exenta de política» Gracias por este artículo.

Jesus Carlos 24-07-25

En la película sobre el juicio de Núremberg, Spencer Tracy, como juez, recrimina a burt lancaster que, como profesor de derecho respetado en la Alemania de Hitler, no alzara la voz para decir nada acerca de los graves ataques y violencia por parte del régimen hacia judíos, no arios en general. Él, dice, con su silencio aprobaba la barbarie, pero por su especial puesto docente, social y cultural era una especial aprobación, no era una persona cualquiera, tuvo mucha mayor responsabilidad. Así los médicos, más conscientes de las consecuencias de estos hechos que nos hacen retroceder 100 años en la justicia internacional, somos algo más responsables, si no intentamos abrir los ojos a la humanidad por esta tremenda matanza. Ya viví a través de misioneros, casi en directo, las matanzas de rwanda cuando casi nadie se enteraba. Esto lo vemos en directo, un mínimo hay que responder.