«Cuando en la balanza del vivir, el sufrimiento pese demasiado, deseo poder dimitir».
Salvador Pániker
La aprobación de la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia (LORE) significó un paso adelante en cómo se afronta el final de vida en España. Vino a consolidar el deseo de autonomía, poniendo definitivamente en valor la importancia que muchas personas dan a la calidad de vida, por delante de la cantidad de vida.
Para tratar el tema desde la óptica de la ciudadanía, queremos poner en primer término a las personas que, a lo largo de los años, han compartido con Derecho a Morir Dignamente (DMD) su relato. Estas personas han sido y son cruciales para nuestra asociación. Sin ellas, la sociedad no habría puesto cara a la necesidad de regular la eutanasia. De Ramón Sampedro a María José Carrasco, han ayudado a hacer posible la LORE.
Ahora, una vez aprobada la LORE, la tarea se centra en contribuir a un buen desarrollo de esta ley. Una ley que es necesario que se vaya asentando, teniendo en cuenta los parámetros de mejora que caso a caso se evidencian. Y, desde DMD, volvemos a tener testimonios que nos ayudan a definir cómo debe ser este despliegue: Montserrat Massana, Carina Casanovas, Josep Aparicio..., todos y todas habían reflexionado, habían hecho el documento de voluntades anticipadas (DVA) y, finalmente, pudieron acogerse a la eutanasia y nos quisieron dejar testimonio de su final.
La aprobación de la LORE ha permitido que estas personas vivieran su final de vida con esperanza y tranquilidad, sabiendo que cuando ellas decidieran que el esfuerzo de vivir, con el sufrimiento que les daba su enfermedad, ya no las compensaba, podrían optar por una muerte acorde con sus valores.
A partir del relato de estas personas, que ahora ya se pueden expresar con la serenidad que da el hacerlo desde la legalidad, podemos extraer los porqués de este deseo de adelantar su muerte y de qué es lo que estas personas esperan del equipo de profesionales que asumen acompañarlas y darles la seguridad de que la suya será una buena muerte.
Cuando una persona se decide a pedir la eutanasia, está expresando que su sufrimiento, físico o psíquico, tiene una intensidad máxima, imposible de soportar. Sabemos que nadie quiere morirse, a no ser que su vida sea cualitativamente peor que la muerte.
La persona solicitante sabe que su sufrimiento es difícilmente medible para los demás. Necesita, desde el primer momento, tener la seguridad de que será escuchada, que se harán cargo de su sufrimiento, que la acogerán con profesionalidad y compasión, con la implicación y el deseo de ayudar y la voluntad de aliviar la pena y el dolor, cualidades que siempre se le presuponen al profesional, pero que en una situación de final de vida todavía hay que tener más en cuenta.
Cuando una persona toma la determinación de morir, espera comprensión y también respeto, a sus decisiones razonadas y al sufrimiento que le ha llevado a iniciar este paso tan difícil; respeto tanto por parte de la familia como por parte del equipo profesional que la atiende.
La persona solicitante espera que el o la profesional la acoja en su dolor, su pérdida de calidad de vida y su desesperanza de mejora. Quiere descansar, quiere que la entiendan y que no la juzguen. Quiere sentirse acompañada en la decisión quizás más importante de su vida, la última que tomará. Puede estar en situación de dependencia, de fragilidad, de vulnerabilidad, pero es y se quiere sentir un ser autónomo hasta el final.
La relación del equipo de profesionales con la persona enferma, que siempre debe estar basada en el respeto, la sinceridad y la confianza mutuas, en el final de vida es del todo imprescindible. Las personas necesitan poder hablar de aquello que les preocupa, aclarar sus dudas ante el proceso de solicitud, que se les presenta complejo, necesitan un diálogo fluido con el equipo de profesionales. La confianza, el conocimiento biográfico y la proximidad que pueden aportar el médico o la médica de cabecera es un buen comienzo para el proceso.
Porque la persona solicitante espera que el equipo profesional la ayude a hacer más fácil el proceso, que prevé complejo. Por eso espera que este equipo esté formado e informado, tanto del proceso médico como del proceso burocrático, y que este no se alargue innecesariamente. Porque para la persona que espera es difícilmente tolerable que el proceso se alargue más allá de los plazos establecidos por la propia ley.
La persona que solicita la eutanasia no espera encontrar rechazo, incomprensión o la sensación de que el equipo profesional piense que no sufre lo suficiente. No espera ser criticada o despedida con palabras vacías. Desea entender y que la entiendan. Y que, si su proceso no se ajusta a ley, sea informada de manera rápida, respetuosa y empática. Sabemos que la persona que solicita la eutanasia puede aceptar que su médico de cabecera pueda ser objetor, pero es desesperante para ella, y para la familia, quedar desatendida.
La actitud de ayuda, comprensión y acompañamiento por parte de la familia y el entorno de la persona que solicita la eutanasia es una pieza clave en todo el proceso. La familia, que se derrumba cuando aprecia dificultades en la recepción de la petición por parte del médico o médica responsable o cuando se alargan los tiempos innecesariamente, agradece enormemente lo que se hace por su ser querido cuando ve que el equipo profesional responde con eficacia y sensibilidad; a menudo se acaba estableciendo un vínculo afectivo en torno al proceso que puede suponer un importante y necesario apoyo mutuo. Tal como dijo una profesional: «Entré al proceso con miedo y salgo en paz».
Desde DMD sabemos que la LORE supone una práctica nueva para los y las profesionales. Sabemos que es importante que se facilite la formación, que los centros sanitarios cuenten con protocolos de cómo actuar ante una solicitud de eutanasia y que los grupos de apoyo y referentes den respuesta a las posibles dudas que se puedan presentar. Sabemos que los y las profesionales pueden sentir malestar en el momento de recibir una petición de eutanasia, por razones como la sobrecarga por exceso de trabajo o por razones más complejas como la falta de formación en el acompañamiento a la muerte. Sabemos que los equipos profesionales están más formados en el proceso de curar que en el de ayudar a morir, y eso les puede producir incomodidad para afrontar este acto clínico que debería ser uno de los más gratificantes que pueden llevar a cabo: ayudar a una persona que sufre.
Son muchos los casos que se resuelven de manera satisfactoria y que nos marcan cuáles son las pautas que ayudarán a normalizar el proceso de ayuda a morir.
Por lo tanto, preguntarnos cuáles son las prácticas que facilitan la prestación nos hará avanzar en la atención a las personas en el final de la vida. Son preguntas necesarias. Desde DMD, como no podía ser de otra manera, estamos abiertos a colaborar con el personal sanitario en todo lo que se considere necesario y os queremos agradecer el encargo de participar en vuestra revista y dar voz a la ciudadanía.
Quería acabar con una cita de Maruja Torres, de su último libro:
«[…] Cuando me pegue un hostión y quede inutilizada, entonces pido a los médicos, enfermeras y demás personal sanitario que me atienda en lo único que una persona mayor puede pedir cuando se encuentre en este estado postrero. Pido compasión. Humildemente. Compasión para salir dignamente...».
La eutanasia, la prestación de ayuda a morir, es un derecho civil incluido dentro de la cartera de prestaciones sanitarias desde el mes de marzo de 2021, un derecho sujeto a unos criterios médicos estrictos recogidos en la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia (LORE).
Un derecho que, desde 1984, DMD reclamaba.
Derecho a Morir Dignamente: derechoamorir.org.


Miguel 24-04-25
Entiendo las opiniones y posiciones de los Dres Franco Manuel, Orlando y Guillermo. En mi opinión, la revista AMF debe estar abierta a diversidad de criterios, mas aún en un proceso tan complejo y con tantos conflictos éticos como la prestación de Ayuda para Morir. No debe incomodarnos que Asociaciones de Pacientes, Grupos de Autoayuda o Asociaciones de ciudadanos tengan voz en revistas profesionales; ello no merma su rigor sino que nos abre a la interrelacion con la ciudadanía. También en medios de comunicación general (TV, radio, prensa escrita) son llamados líderes profesionales o Presidentes de Sociedades Científicas. Estamos de acuerdo en que la atención paliativa es una estrategia del Sistema Sanitario insuficientemente desarrollada. Hay que apostar por su generalización como actuación transversal de todos los niveles asistenciales. Pero la Ayuda para Morir no es una estrategia sino una situación personalisima; una decisión individual trágica, en un contexto de sufrimiento intolerable, sin respuesta curativa o modificadora de la enfermedad y en un momento dramático (a veces, demasiado prolongado) en la vida de un paciente. Puede ser replanteada, o no, con una atención paliativa de calidad. Ya tenemos experiencia de mas de tres años de aplicación de la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia (LORE) y sabemos que Eutanasia y Atención Paliativa de calidad son compatibles (no excluyentes), que el acceso a Atención Paliativa es exigido siempre como requisito en las solicitudes de eutanasia y que en Medicina "saber y querer parar" es un derecho ciudadano que los profesionales debemos asumir si queremos respetar el principio de Autonomía. Los conflictos éticos que plantea la eutanasia no se han resuelto con la aprobación de la LORE Las leyes nos dicen los que "no debemos hacer" y "lo que podemos hacer". Otra cuestión es plantearnos que es "lo correcto", "lo que debemos hacer". En el siglo XXI, respetar las preferencias de los pacientes ya no es una opción sino una obligación moral. Y seguiremos con muchas dudas; con pacientes preguntandose "¿soy una mala persona por querer adelantar mi muerte?" y profesionales cuestionandose "¿soy un mal profesional por querer ayudar a una persona que solicita la eutanasia!?". Buscar lugares de encuentro entre asociaciones ciudadanas y profesionales siempre es bueno. Sea en debates públicos o en revistas profesionales. Todos aprendemos, todos empatizamos y todos nos reconocemos.
Guillermo 23-04-25
Gran artículo, muy necesario. A la vista de los comentarios previos queda resaltado CUAN necesario es. Nos han repetido hasta la saciedad aquello de "el médico que sólo sabe medicina, ni medicina sabe" y aún así es necesario recordarlo una vez más. Enhorabuena por escribir desde la voz de las personas que han pasado por ese proceso, con ternura y empatía. Lo visto en lso comentarios con una mezcla de clasismo profesional y negación de las voluntades de los pacientes no representa a la especialidad.
Orlando 04-04-25
Seguimos lamentando el sesgo de opinión vertido a través de AMF. Totalmente de acuerdo con el compañero Franco Manuel. Y añado: ¿Para cuándo una Ley Nacional de Cuidados Paliativos, con el correspondiente presupuesto? ¿De verdad se cree que si las personas que sufren tanto se vieran realmente acompañadas por nosotros, por todo un equipo de paliativistas, con una sociedad volcada en el cuidado, siguiendo la estela de lo que nos enseñó Cicely Saunders, optarían por solicitar la eutanasia?
Franco Manuel 27-03-25
Como médico, estoy suscripto a AMF para leer formación médica. Esto no deja de ser una columna de opinión de una persona que según he investigado no es médica, y tiene el privilegio de tener nada menos que UNA EDITORIAL en un número de AMF. Para columnas de este tipo existen múltiples medios no especializados en los que podría expresar sus opiniones. Si la MFyC ya está de capa caída por el intrusismo, que SEMFYC lo consienta también ahora en sus páginas, no ayuda en nada a nuestra especialidad. Hacéroslo mirar por favor.