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No todo es clínica

Formar médicos de familia en Iberoamérica: del currículo al impacto en los sistemas de salud

DOI: 10.55783/AMF.CIMF220706

Otto Hamann Echeverri

Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y en Gerencia en Salud. Magíster en Dirección y Gestión de Instituciones Educativas. Decano de la Escuela de Medicina de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas. Presidente de la Sociedad Colombiana de Medicina Familiar (SOCMEF), 2019-2026. Colombia

Otto Hamann Echeverri

Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y en Gerencia en Salud. Magíster en Dirección y Gestión de Instituciones Educativas. Decano de la Escuela de Medicina de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas. Presidente de la Sociedad Colombiana de Medicina Familiar (SOCMEF), 2019-2026. Colombia

Puntos clave

  • La formación en Medicina Familiar y Comunitaria es un instrumento estratégico para fortalecer la Atención Primaria y no solo una oferta académica de posgrado.
  • La integración curricular en el pregrado es heterogénea: varía desde modelos longitudinales y comunitarios hasta experiencias tardías, optativas o fragmentadas.
  • El posgrado debe equilibrar resolutividad clínica, longitudinalidad, enfoque familiar y comunitario, investigación, docencia y gestión.
  • La presencia de departamentos, unidades académicas y tutores médicos familiares es clave para sostener identidad disciplinar y calidad formativa.
  • La evaluación debe pasar de medir rotaciones cumplidas a valorar competencias demostradas en escenarios reales de APS, familia y comunidad.

Introducción

Iberoamérica comparte vínculos históricos, culturales y familiares, pero también profundas desigualdades sociales, epidemiológicas y sanitarias. En ese contexto, la Medicina Familiar y Comunitaria no puede ser concebida solo como una especialidad asistencial, sino como una disciplina académica y social capaz de articular clínica, familia, comunidad, gestión e investigación en el primer nivel de atención. Las declaraciones y cartas iberoamericanas de Medicina Familiar han insistido, de manera sostenida, en la necesidad de fortalecer la Atención Primaria de salud, formar talento humano pertinente y reconocer la especialidad como eje de sistemas sanitarios más integrales y equitativos1-8.

El debate central ya no es si se requieren médicos y médicas de familia, sino qué tipo de formación permite responder a la complejidad contemporánea. La carga de enfermedad crónica, el envejecimiento poblacional, la multimorbilidad, la fragmentación de la atención, la inequidad territorial y la presión financiera sobre los sistemas sanitarios exigen especialistas con alta capacidad resolutiva, longitudinalidad asistencial y comprensión del contexto familiar y comunitario. Este énfasis ha sido reiterado por la Organización Panamericana de la Salud al destacar el valor de la Medicina Familiar y Comunitaria y la necesidad de fortalecer la formación y la práctica de esta fuerza de trabajo en las Américas9,10.

La agenda regional también se expresa en conferencias y congresos iberoamericanos recientes. Estos espacios no son solo eventos académicos; funcionan como escenarios de intercambio político, educativo y sanitario donde se actualizan prioridades regionales, se visibiliza la Medicina Familiar y se consolidan redes entre sociedades científicas, universidades y servicios de salud11-13.

Método de elaboración y criterio comparativo

Este texto corresponde a un artículo de revisión narrativa y reflexión académica, elaborado a partir de documentos institucionales, declaraciones iberoamericanas, normativas formativas y experiencias descritas para países de la región. Para ordenar el análisis se utilizó un criterio operativo propio de integración curricular de la Medicina Familiar en el pregrado, construido con cinco dimensiones: existencia de departamento o unidad académica, inclusión formal en el plan de estudios, obligatoriedad de asignatura o rotación, presencia en escenarios de Atención Primaria y grado de homogeneidad entre facultades.

Con base en esas dimensiones se propuso una clasificación ordinal: alta, media-alta, media, media-baja o baja. Esta clasificación no pretende establecer un ranking definitivo de países, sino ofrecer una herramienta comparativa y útil para la reflexión curricular. Los criterios se resumen en la tabla 1 y la aplicación por país se presenta en la tabla 2.

La Medicina Familiar en el pregrado: construir identidad

La formación en pregrado es decisiva porque es donde se construyen los imaginarios profesionales sobre qué es ser médico, donde se aprende la complejidad y qué escenarios son considerados legítimos para la excelencia clínica. Una medicina centrada casi exclusivamente en hospitales y subespecialidades puede invisibilizar la complejidad de la consulta ambulatoria, la incertidumbre, la longitudinalidad, la prevención, la familia y los determinantes sociales.

En los modelos de alta integración, la Medicina Familiar aparece de forma temprana, obligatoria y vinculada a escenarios comunitarios. Cuba representa un ejemplo de inserción temprana y longitudinal en el primer nivel, mientras Brasil articula fuertemente la formación con la Estrategia de Salud de la Familia y el Sistema Único de Salud. España muestra una presencia amplia de la Medicina Familiar y Comunitaria en facultades, aunque con variabilidad en créditos, denominación y peso académico. México y Panamá ilustran procesos de incorporación formal con diferente grado de homogeneidad institucional. En niveles intermedios se ubican países donde la disciplina existe en el currículo, pero depende de cada universidad, de rotaciones específicas o de equipos docentes no siempre institucionalizados. Argentina, Colombia, Bolivia, Ecuador, Paraguay y Portugal muestran avances relevantes, aunque con heterogeneidad. En niveles de menor integración aparecen experiencias tardías, optativas o poco consolidadas, como ocurre en parte de Chile, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Guatemala, Honduras y Nicaragua expresan escenarios donde la formación es incipiente, limitada o no plenamente activa. Esta comparación se apoya en experiencias y programas regionales descritos previamente para la formación en Medicina Familiar en América Latina14.

La recomendación práctica es clara: toda escuela de medicina debería garantizar contacto temprano con médicos de familia, consulta ambulatoria resolutiva, atención domiciliaria o comunitaria, trabajo interprofesional y análisis de familias y territorios. No basta con una rotación final; se requiere una presencia longitudinal a lo largo de todo el pregrado que ayude a las y los estudiantes a comprender que la Atención Primaria es un espacio de alta exigencia científica y humana.

Algunos ejemplos nacionales ayudan a contextualizar la heterogeneidad. En Chile, la discusión sobre becas de especialidad y universalización de la Atención Primaria muestra una tensión entre necesidades asistenciales, disponibilidad de cupos formativos y fortalecimiento territorial de la APS15,16. En Colombia, la existencia de programas universitarios de Medicina Familiar, como el de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas, ilustra procesos de consolidación académica que conviven con una integración curricular y territorial todavía no uniforme17. En México, los debates sobre políticas de formación de especialistas y sobre la organización de la formación médica de posgrado permiten ubicar la Medicina Familiar dentro de una agenda más amplia de planificación del talento humano18,19. La calidad y seguridad en salud, entendidas como resultados poblacionales y no solo como atributos institucionales, también deben vincularse a la formación del médico o médica familiar y a su capacidad para intervenir en poblaciones concretas20.

Formación en el posgrado: estructura, escenarios y competencias

El posgrado debe profundizar la resolutividad clínica sin perder los rasgos distintivos de la especialidad: atención centrada en la persona, longitudinalidad, integralidad, orientación familiar y comunitaria, prevención, coordinación de redes y gestión de la incertidumbre. La estructura académica regional es heterogénea. Algunos países cuentan con departamentos o unidades docentes consolidadas; otros dependen de cátedras, tutores, coordinadores o programas con aval universitario variable. La duración de las residencias oscila entre 2 y 4 años: Brasil tiene programas de 2 años; Costa Rica, España y Portugal cuentan con modelos de 4 años, y la mayoría de los países organiza la residencia en 3 años, con variaciones nacionales y locales. Esta diversidad debe interpretarse a la luz de estudios regionales, documentos de política de formación de especialistas y normativas nacionales de residencia o formación sanitaria especializada14,18,19,21-24.

El escenario central de formación ha de ser la Atención Primaria, pero no como un espacio periférico, sino como el lugar donde se integran consulta externa, longitudinalidad, domicilio, comunidad, salud pública, salud mental, promoción, prevención, multimorbilidad y coordinación con otros niveles. La experiencia hospitalaria mantiene valor cuando se subordina a las competencias del médico de familia y no desplaza el eje comunitario. Los ambientes descritos en la región incluyen centros de salud, unidades de salud familiar, consultorios de Medicina Familiar, hospitales docentes, comunidades, escuelas, ámbitos rurales y urbanos, entornos virtuales y simulados.

También se observa una transición hacia modelos pedagógicos basados en competencias, evaluación formativa, portafolios, rúbricas, aprendizaje basado en problemas, trabajo territorial, investigación-acción, simulación y uso de tecnologías digitales. Brasil ha incorporado el lenguaje de actividades profesionales confiables; España organiza la formación mediante unidades docentes y un programa competencial renovado; México articula el Plan Único de Especializaciones Médicas y procesos nacionales de acceso, y varios países latinoamericanos fortalecen modelos centrados en familia, comunidad e interculturalidad.

Coherencia argumental: del programa académico al valor real para el sistema de salud

Evaluar la formación en Medicina Familiar solo por duración, número de rotaciones o existencia de una asignatura resulta insuficiente. El valor real de un programa debe analizarse en cuatro niveles articulados. Primero, la estructura académica: departamentos, currículo, docentes, tutores, escenarios y reconocimiento universitario. Segundo, el proceso formativo: exposición suficiente a APS, longitudinalidad, competencias, evaluación auténtica, trabajo familiar y comunitario. Tercero, los resultados educativos: egresados, desempeño profesional, producción investigativa, liderazgo docente y permanencia en el primer nivel de atención. Cuarto, el impacto social y político: contribución a indicadores de salud, fortalecimiento de redes de APS, formulación de políticas públicas y transformación de la educación médica.

Estos niveles permiten evitar dos riesgos. El primero es formar médicas y médicos generales con algunas rotaciones hospitalarias bajo el nombre de Medicina Familiar. El segundo es reducir la especialidad a gestión de programas o puerta de entrada administrativa, sin que las y los egresados ejerzan como verdaderos especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria en centros de salud, consultas comunitarias y escenarios de Atención Primaria. La Medicina Familiar requiere identidad disciplinar, método clínico propio, enfoque sistémico, capacidad investigativa y liderazgo en equipos interprofesionales.

Pautas prácticas para fortalecer los programas

Las siguientes acciones pueden orientar a universidades, sociedades científicas, ministerios y unidades docentes:

  1. Institucionalizar departamentos o unidades académicas de Medicina Familiar con capacidad de decisión curricular, investigación y desarrollo profesoral.
  2. Garantizar que el pregrado tenga experiencias tempranas, obligatorias y longitudinales en escenarios de APS.
  3. Definir perfiles de egreso por competencias que integren clínica, familia, comunidad, salud pública, docencia, investigación, ética y gestión.
  4. Formar tutores médicos y tutoras médicas de familia para el posgrado, asegurando tiempos protegidos, reconocimiento académico y herramientas de retroalimentación.
  5. Asegurar que la residencia tenga un eje mayoritario en Atención Primaria, con rotaciones hospitalarias justificadas por competencias y no por tradición.
  6. Evaluar mediante instrumentos auténticos: observación directa, portafolios, estudios de familia, proyectos comunitarios, auditorías clínicas, evaluación 360 grados y análisis de casos complejos.
  7. Promover investigación pertinente sobre multimorbilidad, longitudinalidad, funcionalidad familiar, inequidad territorial, modelos de atención, salud planetaria, educación médica y tecnologías emergentes, incluida la inteligencia artificial.
  8. Vincular los programas a políticas de talento humano, financiamiento, certificación, recertificación y planificación territorial.

Discusión

La heterogeneidad iberoamericana no debe interpretarse únicamente como debilidad; también expresa diversidad institucional, social y sanitaria. Sin embargo, la diversidad se convierte en problema cuando impide garantizar mínimos de calidad, identidad disciplinar y exposición real a la Atención Primaria. Una agenda regional debería combinar criterios comunes de formación con adaptaciones nacionales y locales. Las sociedades científicas, la Confederación Iberoamericana de Medicina Familiar (CIMF), World Organization of Family Doctors (WONCA), Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), ministerios, universidades y servicios de salud pueden favorecer consensos sobre competencias esenciales, estándares de escenarios formativos y mecanismos de evaluación, así como procesos de certificación y recertificación profesional9,10,25.

El reto principal es superar el hospitalocentrismo educativo. Para ello se requiere prestigiar académicamente la APS, producir evidencia desde los territorios, formar tutores, financiar unidades docentes comunitarias y demostrar el aporte de las médicas y los médicos de familia a la calidad, longitudinalidad, satisfacción, eficiencia y equidad de los sistemas sanitarios. La pregunta de fondo no es cuántos programas existen, sino si esos programas forman especialistas capaces de transformar la atención real de las personas, familias y comunidades.

Propuestas de futuro y conclusiones

La formación de médicas y médicos de familia en Iberoamérica debe avanzar desde la presencia curricular declarativa hacia una integración académica y sanitaria efectiva. El pregrado ha de exponer de forma temprana a los estudiantes a la complejidad de la Atención Primaria, y el posgrado debe formar especialistas con resolutividad clínica, mirada familiar y comunitaria, capacidad docente, investigativa y de gestión.

Incluir los ejemplos por país, la tabla de integración curricular, la estructura de posgrados y los ambientes pedagógicos permite conservar el valor comparativo del artículo. Para cumplir los requisitos editoriales, esos elementos han de presentarse de manera sintética, en tablas separadas y con una narrativa breve orientada a la reflexión y a pautas de actuación (tablas 3 y 4).

Fortalecer la Medicina Familiar y Comunitaria es una decisión educativa, pero también una decisión política para construir sistemas de salud más justos, sostenibles y centrados en las personas. El paso siguiente no consiste solo en abrir más programas, sino en asegurar que los programas existentes tengan identidad disciplinar, escenarios longitudinales de APS, tutores formados, evaluación auténtica y capacidad de incidir en políticas públicas, resultados educativos y resultados de salud.

Resumen

La formación de médicas y médicos de familia en Iberoamérica debe entenderse como una estrategia académica y sanitaria para fortalecer la Atención Primaria de Salud (APS), mejorar la resolutividad del primer nivel y responder a las necesidades de personas, familias y comunidades. La región muestra una marcada heterogeneidad: existen países con integración temprana de la Medicina Familiar en el pregrado, programas de residencia consolidados y escenarios comunitarios robustos, junto a otros con presencia curricular limitada, dependencia de tutores aislados o modelos predominantemente hospitalarios. Este artículo revisa la integración curricular en pregrado, la estructura de los posgrados, los ambientes de formación y las tendencias pedagógicas, con una clasificación operativa de los niveles de integración. Se proponen pautas prácticas para fortalecer departamentos o unidades académicas, asegurar escenarios longitudinales de Atención Primaria, formar tutores, evaluar competencias auténticas, vincular investigación con problemas territoriales e insertar los programas en políticas de talento humano. La Medicina Familiar y Comunitaria debe formar especialistas capaces de atender, enseñar, investigar, gestionar y liderar transformaciones orientadas a sistemas de salud más equitativos, sostenibles y centrados en las comunidades.

Lecturas recomendadas

  •  

Se sugieren las siguientes lecturas porque combinan orientación regional, síntesis comparativa de programas y actualización normativa/competencial. En conjunto, permiten contrastar la agenda iberoamericana, la experiencia latinoamericana y un modelo consolidado de programa formativo.

  • Confederación Iberoamericana de Medicina Familiar, WONCA-Iberoamericana-CIMF. Medicina familiar y comunitaria: especialidad esencial para la salud en el siglo XXI. [Internet]. Guatemala: CIMF; 2022 [citado: 20 mayo 2026]. Disponible en: https://www.semfyc.es/images/CIMF%2016-05-25_1748352456.pdf

 

  • Armijos Ruilova G, Vaca Caspi L, Aguilera García L, Casado Vicente V, Sánchez del Hierro G, Alvear Durán S. Programas de formação em medicina da família na América. Rev Bras Med Fam Comunidade. 2016;11(Supl 1):47-60. doi:10.5712/rbmfc11(0)1278.

 

  • España. Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes. Orden PJC/798/2024, de 26 de julio, por la que se aprueba y publica el programa formativo de la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria. [Internet]. Madrid: Boletín Oficial del Estado; 2024 [citado: 20 mayo 2026]. Disponible en: https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2024-15685

 

 

Bibliografía

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  2. Confederación Iberoamericana de Medicina Familiar, WONCA-Iberoamericana-CIMF. Compromiso de Santiago de Chile: II Cumbre Iberoamericana de Medicina Familiar. [Internet]. Santiago de Chile: CIMF; 2005 [citado: 20 mayo 2026]. Disponible en: https://cimfwonca.org/wp-content/uploads/Carta-de-Santiago-II-Cumbre-Iberoamericana-de-Medicina-Familiar.pdf
  3. Confederación Iberoamericana de Medicina Familiar, WONCA-Iberoamericana-CIMF; Sociedade Brasileira de Medicina de Família e Comunidade. III Cumbre Iberoamericana de Medicina Familiar: Carta de Fortaleza. Rev Bras Med Fam Comunidade. [Internet]. 2011 [citado: 20 mayo 2026];6(Supl 1). Disponible en: https://rbmfc.org.br/rbmfc/article/download/432/356/1789
  4. Confederación Iberoamericana de Medicina Familiar, WONCA-Iberoamericana-CIMF. Carta de Asunción: IV Cumbre Iberoamericana de Medicina Familiar. [Internet]. Asunción: CIMF; 2011 [citado: 20 mayo 2026]. Disponible en: https://cimfwonca.org/wp-content/uploads/Carta-de-Asuncion.pdf
  5. Confederación Iberoamericana de Medicina Familiar, WONCA-Iberoamericana-CIMF. Carta de Quito: V Cumbre Iberoamericana de Medicina Familiar. [Internet]. Quito: CIMF; 2014 [citado: 20 mayo 2026]. Disponible en: https://www.medicinafamiliar.cl/mf/wordpress/wp-content/uploads/2020/02/carta_quito_cumbre_final_firmada.pdf
  6. Confederación Iberoamericana de Medicina Familiar, WONCA-Iberoamericana-CIMF. Carta de San José: VI Cumbre Iberoamericana de Medicina Familiar y Comunitaria. [Internet]. San José: CIMF; 2016 [citado: 20 mayo 2026]. Disponible en: https://www.medicinafamiliar.cl/mf/wordpress/wp-content/uploads/2020/02/Versio%CC%81n-Final-Carta-de-San-Jose%CC%81-con-Firmas-Espan%CC%83ol.pdf
  7. Confederación Iberoamericana de Medicina Familiar, WONCA-Iberoamericana-CIMF. Carta de Cali: VII Cumbre Iberoamericana de Medicina Familiar. [Internet]. Cali: CIMF; 2018 [citado: 20 mayo 2026]. Disponible en: https://cimfwonca.org/wp-content/uploads/Cali-carta-espanol-2018.pdf
  8. Confederación Iberoamericana de Medicina Familiar, WONCA-Iberoamericana-CIMF. Medicina familiar y comunitaria: especialidad esencial para la salud en el siglo XXI [Internet]. Guatemala: CIMF; 2022 [citado: 20 mayo 2026]. Disponible en: https://www.semfyc.es/images/CIMF%2016-05-25_1748352456.pdf
  9. Organización Panamericana de la Salud. OPS enfatiza el valor fundamental de la medicina familiar y comunitaria en la IX Cumbre Iberoamericana. [Internet]. Montevideo: OPS; 2025 [citado: 20 mayo 2026]. Disponible en: https://www.paho.org/es/noticias/22-5-2025-ops-enfatiza-valor-fundamental-medicina-familiar-comunitaria-ix-cumbre
  10. Organización Panamericana de la Salud. Formación y práctica de la fuerza de trabajo en medicina familiar y comunitaria en las Américas. [Internet]. Washington, DC: OPS; 2026 [citado: 20 mayo 2026]. Disponible en: https://www.paho.org/es/eventos/formacion-practica-fuerza-trabajo-medicina-familiar-comunitaria-americas
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Hamann Echeverri O. Formar médicos de familia en Iberoamérica: del currículo al impacto en los sistemas de salud. AMF:26-33. DOI: 10.55783/AMF.CIMF220706

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